El poder de no hacer nada


Todo lo que puede ir bien, irá bien... si lo permitimos.

Y si va de otra manera, lo permitimos igual, porque así es el flujo de la Vida.

Tantas veces hemos experimentado o escuchado “En realidad no hice nada" "¡Las cosas simplemente se pusieron en su lugar!" "¡Simplemente funcionó!" Y es que aunque no figure en ningún enunciado de leyes Universales, la sincronicidad (la aparición simultánea de eventos significativamente relacionados sin una causa directa o reconocible) es uno de los caminos del Universo.
A esta altura, ya no podemos creer en un Universo de meras coincidencias, sino de sincronicidades perfectas llevadas al campo de la manifestación por un Energía todopoderosa que lo enlaza y lo abraza todo, poniendo las piezas en su lugar. Así han funcionado siempre las cosas, solo que ahora, nos estamos dando cuenta de que podemos ser capaces de abrirnos a la forma en que el Universo lo hace todo…dejándonos poco control y poco para hacer.
No tenemos que hacer nada en el sentido de forzar, exigir, o insistir. Esas son las formas en que trabaja el ego. El mundo manifiesto es su campo de actuación y…de batalla. No tiene otra alternativa que luchar, vencer, ganar o perder.

Sin embargo, en éste campo también tenemos nuestro centro de aprendizaje más amplio, y al menos por ahora hay algo por hacer. Hay acciones que tomar. No es un proceso creativo pasivo. Pero es diferente a la forma antigua de hacer. El "hacer" requerido tiene más que ver con: Clarificar - Seguir la intuición -Intentar - Soltar-.
Primero clarificamos lo que es realmente necesario hacer, por medio casi siempre de seguir nuestra intuición más profunda. Lo intentamos, y logrado o no, soltamos todo intento de forzar demasiado…lo que no es rendirse de la forma en que el mundo usa esa palabra, sino dejando el resultado en manos de una fuerza mayor que es sutil, suave pero a la vez fuerte y poderosa. Yo suelo llamarla El Campo, otros la llaman, Dios, el Universo

El poder de no hacer nada no es otra cosa que dejar ese “hacer” a cargo de una versión magnificada de lo que somos. Es solo renunciar a manejar la Vida que fluye, desde nuestra personalidad encabezada por un yo material, y a veces poco reconectado con el plan del Alma, que es conocido, reconocido y avalado en esferas más sutiles de la existencia.

Cada vez que nos sintamos impulsados a una acción refleja, apresurada o motivada  por emociones y sentimientos controversiales, podemos recordar cuanto poder emana de  la actitud de soltar el control y aquietarnos, sabiendo diferenciar el poder de la fuerza. Wayne Dyer siempre hablaba no de necesitar motivación, sino inspiración, ya que ésta última llega desde Dios, no del exterior. El poder y la fuerza.

El poder proviene de esa veta interna que nos lleva a actuar en pos del bien mayor.
 Fuerza es una energía arrolladora que nos arrastra a conseguir lo que deseamos, como sea y a costa casi siempre de la paz.

Cuando no hacemos nada aparentemente, en realidad siempre se está haciendo lo necesario.

La confianza en que esto es así, mueve todo el poder en favor de la realización del alma, y del Espíritu en nuestra faceta humana

¡Y las bendiciones fluyen!

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Autor: Tahíta
Fuente: Interser.ning.com