Dime cómo saludas y sabré cómo te relacionas

¿Cuánta información sobre nosotros puede revelar un saludo? El doctor en psicología Marcelo Ceberio nos habla sobre ello.

Un detalle interesante y representativo es el tipo de saludo que se desarrolla en un encuentro entre personas según el contexto sociocultural al que pertenecen.

Aunque más allá de las particularidades de cada región, familia o grupo social, las características de cada ser humano y del vínculo que establece se ponen en juego en un acto tan simbólico como la forma en la que nos saludamos.

Estilos socioculturales

Tanto el saludo inicial del encuentro de dos personas que no se conocen como el saludo entre personas ligadas afectivamente muestran un estilo de expresión relacional.
  • Por ejemplo, cuando se reúnen individuos que ya se conocen y tienen cierta relación afectiva es común en Francia que se saluden con tres besos, indistinto entre hombres y mujeres.
  • Los españoles, entre hombres se dan la mano, a lo sumo un abrazo, mientras que entre mujeres u hombres y mujeres con mujeres se dan dos besos.
  • Los italianos pueden darse la mano tanto entre hombres y mujeres como entre hombres y si hace mucho tiempo que no tienen relación y se produce un encuentro se logra un abrazo.
  • En Chile, más formalmente, se saludan con la mano entre hombres y con un beso entre hombres y mujeres. Igualmente en Perú y Bolivia.
  • Mientras que en Argentina, se acostumbra el saludarse con un beso entre hombres y entre mujeres que se desconocen, ya desde el primer encuentro.
  • En Marruecos, las mujeres se cubren solamente dejándose mostrar los ojos y los tobillos y caminan distanciadas del hombre y, por supuesto, no se les ocurriría hacer una expresión afectiva en público.
  • Entre los orientales, principalmente los chinos, el hombre y la mujer caminan distanciados: el hombre uno o dos metros delante de la mujer y se saludan, tanto entre hombres o mujeres, con una típica reverencia sin contacto físico.
Es notable, el mayor grado de flexibilidad y de menor inhibición en el contacto físico que posee la mujer entre mujeres, comparándolo con la actitud del hombre entre hombres.

Pero la mujer -y más las mujeres hasta la generación de los 60- de la misma manera que mostró más acercamiento físico entre mujeres, colocó mayor distancia física con los hombres. Más allá de que a partir de la década de los 60, se desestructuraron una serie de estereotipos femeninos-masculinos que socavaron los pruritos victorianos que imperaban principalmente en la sexualidad y llevaron, entre otras cosas, a que la mujer tomara más iniciativa en los juegos seductores con el hombre.

Por ejemplo, las mujeres no solo se saludaron históricamente con un beso sino que, además, comenzaron a caminar por la calle de la mano o tomarse el brazo. Esta actitud se identificó tanto con una actitud típicamente femenina, que nunca se pensaría a dos hombres que caminasen de la mano o del brazo.

Como también, en la distinción de género, el hombre está identificado con la racionalidad y la distancia emocional, mientras que la mujer se la asocia con la sensibilidad y la expresión afectiva. No obstante, estamos viviendo un tiempo de revisionismo.

Todas estas discriminaciones conforman distinciones que acentúan o bloquean las manifestaciones afectivas en el contacto corporal. Quiere decir que ciertas reglas que impone el contexto hacen que se posibilite o no la plasticidad en el desenvolvimiento corporal. El contexto, en cierta medida, veta o estimula el contacto.

Estilos familiares

Los padres en la conformación de la familia reproducen las pautas del medio del cual son partícipes y las recrean fuertemente desde los primeros momentos de la interacción con sus hijos. Y así se conforman los códigos relacionales afectivos que competen a cada familia en particular, pero que reproducen en su seno tales estereotipos sociales.
  • Existen familias cuyos patrones de interacción emocional se remiten a expresar el afecto corporalmente de una forma limitada. Se resisten a abrazar, besar, acariciar o simplemente mirarse a los ojos y manifiestan sus afectos de manera material. Son esas familias en las que el te quiero se expresa materialmente mediante el regalo. En su equivalencia, aparecen viajes, ropa, dinero, flores, etc.
  • Otras lo expresan por medio de la palabra. No se regalan, pero se dicen cuánto se quieren aunque nunca se abrazan ni se besan y menos acarician.
  • Las hay cuyo código afectivo se encuentra representado por acciones. Los integrantes de la familia hacen cosas por los otros. Son ayudadores, realizan favores, detectan lo que el otro necesita, está pendientes del otro.
  • Mientras que existen familias que no tienen inhibición por el contacto físico y lograr expresarse emocionalmente acoplando el cuerpo en la manifestación.
Está claro que la máxima saludable en la manifestación afectiva estaría dada por la convergencia entre la multiplicidad de formas de expresión, además de que los integrantes de una familia pudiesen encontrar el canal más adecuado de acuerdo a la situación.

No obstante, siempre predomina un estilo. Este estilo es el que se tiende a reproducir por opuesto o similar al patrón referencial de contacto con la familia de origen. Quiere decir, entonces, que los humanos tienden a identificarse apropiándose y reproduciendo en otras relaciones (principalmente, en la familia creada) tales estereotipos.

Tipos de saludos

Si uno presta atención, el tipo de saludo marca una pauta sobre cómo funcionan las personas en términos de las emociones y afectos: el grado de plasticidad, soltura o rigidez en las expresiones corporales con respecto a los sentimientos. Como soy terapeuta, aprovecho para mostrarles algunas particularidades.

Hay personas que no abrazan, sino que saludan formalmente con la mano: si son hombres, por ejemplo, muestran su formalismo y estructuración social, más aún si acompañan el saludo con la sonrisa social y el correspondiente ¡Mucho gusto!, más allá de una vestimenta clásica de ese tipo de ropa que nunca pasa de moda.

En grado extremo, en esta misma dirección, hay personas que saludan con la mano firme y balanceando el brazo de una manera militarista. Los hay que saludan con un apretón de manos al hombre y con un beso a mujer.

La intensidad en el apretón de manos es un detalle interesante. Existe una intensidad media que hace que el saludo manual no tenga mucha relevancia.

En los hombres, los más formalistas, aprietan la mano muchas veces desmesuradamente y retuercen las falanges de sus interlocutores. Son saludos que se recuerdan por el dolor que ejercen.

Muchas personas expresan sus afectos mediante la fuerza o la brusquedad de sus movimientos. Son, más bien, toscos y no logran manifestar las emociones sino a través de la rudeza. Un saludo con firmeza, mirando a los ojos del interlocutor, expresa seguridad relacional y personal.

A veces, las personas saludan con la mano flácida y resbaladiza. Tímidos, principalmente, aquellos que les cuesta el contacto social y no se atreven a establecer relaciones profundas y permanecen en la superficialidad relacional. Este tipo de saludo refuerza esta hipótesis, cuando la persona mira hacia otro lado y no a la cara de su interlocutor mientras da la mano, o simplemente observa de reojo y cabizbajo.

El grado extremo de fobia al contacto se observa en personas que dan esta clase de saludo, quienes solamente toman y ofrecen la punta de sus dedos, casi no miran a la cara del terapeuta y dirigiendo su rostro al piso continúan su trayecto hacia su asiento.

Algunos toman toda la mano del interlocutor y hasta colocan su mano izquierda sobre la derecha del que saludan. Esta clase de saludo es una vía intermedia entre el apretón de manos y el abrazo. Son personas que se muestran más afectuosos en el contacto, aunque, en algunos de este tipo, su historia y sesgos de personalidad describen a una persona un tanto invasiva y controladora.

A veces, encontramos manos sudorosas en el saludo, como un indicador de nerviosismo y tensión en el primer encuentro.
Hay personas que hacen durar mucho el saludo y mueven repetidamente su mano de arriba hacia abajo. Son saludos interminables, en los que parece que nuestra mano haya quedado adherida a la de nuestro interlocutor. Más allá de que pueda ser su estilo, o ser fruto de la ansiedad, el saludo puede reproducir una forma de relación social, dependiente, pegajosa, demandante.

Todos estos datos que ofrece el inicio de un encuentro muestran las complementariedades relacionales. Juegos y dinámicas que uno podrá interpretar, para después corroborar en las posteriores interacciones que se desarrollen si la relación continúa.

Por supuesto que son generalizaciones y en los juegos relacionales no existen patrones generales, pero estas muestras son hipótesis ejemplificadoras de cómo deben leerse ciertos rasgos de los estilos interaccionales. ¡Es capitalizar al máximo lo que nos puede ofrecer la experiencia sensible!
Y tú, ¿cómo saludas?

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Por Marcelo Rodríguez Ceberio - Licenciado en Psicología por la Universidad
Fuente: Lamenteesmaravillosa.com