Decepcionar habla bien de ti y de tu autoestima

Cuando alguien nos dice que le hemos decepcionado, nos sentimos mal y comenzamos a cuestionarnos. Sin embargo, ¿sabes que decepcionar no siempre habla mal de ti?

El verbo “decepcionar” nos suena mal, ya que normalmente conlleva una connotación negativa. ¡Cómo duele que alguien nos diga: “me has decepcionado”!

En ese momento, empezamos a cuestionarnos a nosotros mismos: «¿qué he hecho mal?«, «¿soy mala persona?«, «¿mal hijo?«, «¿mala pareja?«. Lo tomamos como una verdad absoluta: “si le he decepcionado, habré hecho algo horrible y tendrá razón”. Y ahí es donde aparece una emoción que genera mucho malestar: la culpa.
Así es que hoy me gustaría darle un giro al concepto “decepción”, para que podáis verlo desde otro punto de vista. Profundicemos.

El deseo de complacer a los demás

Vivimos en una sociedad que nos transmite a menudo la idea irracional de que debemos quedar siempre bien con los demás. Nos aterra decepcionar. Sin embargo, nos hacemos mucho daño con este pensamiento porque consigue que nuestro foco principal sean las necesidades de los demás, quedando en último lugar las nuestras y eso afecta directamente a nuestra autoestima. Ahora bien, ¿cómo nos influye?

Intentar cumplir las expectativas de todo el mundo para no decepcionarles significa que nos estamos dejando de lado, que no nos escuchamos y que no nos hacemos caso. Quiere decir que intentamos complacer al exterior, en lugar de a nuestro interior. Además, esta situación genera un gran desgaste de energía, ya que es prácticamente imposible que todo el mundo esté de acuerdo con nosotros, por lo que la frustración está asegurada.
Detrás de esta frustración continua de no llegar al objetivo de gustar a todos, se va generando un vacío emocional en nosotros y, poco a poco, nos dejamos de querer y nos abandonamos. Esto no podemos permitirlo.

Eres tú prioridad

Querernos es cumplir nuestras expectativas y necesidades, independientemente de si coinciden con las de los demás. Es cuestión de prioridades y la prioridad eres tú.

«Primero yo y luego el resto del mundo» grábate a fuego ese mensaje en tu mente. Así, podrás romper con esa idea irracional que comentábamos al inicio. La creación de un pensamiento mucho más sano afectará positivamente a tu seguridad personal. Por ejemplo, otra creencia que puede ayudarte es: «no debo decepcionarme«.

Si piensas, sientes y actúas en coherencia, sin que te influya el posible cuestionamiento de los demás, serás más feliz porque estarás haciendo lo que realmente necesitas, además de ser sincero contigo mismo. Si, en cambio, piensas y sientes de una forma y actúas en base a lo que otra persona te pide por no decepcionarla, te contradices.

Un ejemplo sencillo del día a día puede ayudarte a comprenderlo:

  • Imagínate que un amigo te propone ir al cine a ver una película de terror. Tu pensamiento te dice «ese tipo de película no me gusta» y a nivel emocional sientes miedo y angustia con ese tipo de películas, sin embargo finalmente decides ir a ver la película con él. ¿Qué ocurre?
Si decides ir, no estás actuando en coherencia con lo que piensas y sientes por cumplir las necesidades de tu amigo y además te expones a una situación de malestar mientras te traicionas a ti mismo.

Esto nos pasa también con otras situaciones de la vida diaria. Lo que ocurre es que si funcionamos con esta tónica general, acabamos por no gestionar nuestra propia vida, permitiendo que los demás tomen las decisiones por nosotros. Entonces, ¿cómo actuarías en la anterior situación si fueses coherente contigo mismo?
Muy sencillo. Cuando tu amigo te hiciera la propuesta de ir al cine para ver la película de terror, pensarías y sentirías lo mismo, pero cambiarías tu forma de actuar. Por ejemplo, le dirías que no quieres ir a ver la película de terror, pero le propondrías ver otra, ya que puede ir con otra persona que no lo pase mal a ver ese tipo de películas.

Un aspecto importante que no podemos olvidar es que lo que piensen los demás no lo podemos controlar, al igual que sus expectativas, ya que estas dependen de la historia de cada uno. Por lo tanto, es muy fácil decepcionar, ya que hemos vivido experiencias diferentes y tenemos una forma de ver el mundo distinta.

No es justo que cedamos a las peticiones de los demás y dejemos de lado las nuestras por un posible miedo al rechazo. Piénsalo.

Lo verdaderamente importante es que no te decepciones a ti mismo. Así, decepcionar a los demás habla bien de ti y de tu autoestima porque estás apostado por tus deseos y necesidades. Porque no te olvidas de ti, sino que estás el número uno en tu lista de prioridades.

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Por Miriam Recio Ventosa -Llicenciada en Psicología
Lamenteesmaravillosa.com