La historia de los dos ratones, un cuento sobre la soberbia

Este cuento sobre la soberbia nos habla acerca del verdadero camino hacia la felicidad. Tener más, a veces solo sirve para atraer más problemas o simplemente para crear la ilusión de estar por encima de los demás, cuando no es así.

Este cuento sobre la soberbia nos habla de dos ratones que eran grandes amigos, pese a que tenían un carácter muy diferente. Uno de ellos era sereno, muy afable y divertido. El otro, en cambio, se mostraba bastante ambicioso y le gustaba lucirse ante los demás. A pesar de ello, los dos se querían y disfrutaban del tiempo que compartían.
Una mañana como cualquier otra, el ratón más presumido llegó a la casa de su amigo. Llevaba una pequeña bolsa con sus pertenencias y tenía una expresión diferente. Venía a despedirse. Estaba harto de ese lugar, en donde nadie progresaba. Él quería ir a la ciudad a buscar fortuna. No estaba hecho para una vida “tan miserable”.
Nos dice el cuento sobre la soberbia que el ratón humilde sintió gran tristeza al ver a su amigo que partía. Sin embargo, lo despidió deseándole muchos éxitos en la ciudad. También le dijo que no se olvidara de él y que esperaba tenerlo pronto de visita.
La naturaleza de los hombres soberbios y viles es mostrarse insolentes en la prosperidad y abyectos y humildes en la adversidad”. -Nicolás Maquiavelo-

Un encuentro feliz

Pasaron algunos meses y cada uno de los ratones siguió con su vida. Cuando menos lo esperaba, el ratón de la ciudad volvió. Lo primero que hizo fue ir a la casa de su amigo, pero no parecía tener una actitud amistosa, aunque lo disimulaba. Los dos se abrazaron, pero muy pronto el ratón soberbio comenzó a invadir toda la comunicación con sus quejas.

Decía que la casa del ratón humilde era demasiado estrecha. También apuntaba el escaso abanico de oportunidades que ofrecía el lugar. Según dijo, en la ciudad donde vivía ahora semejante pobreza no se veía. Todo lo contrario. Abundaban las comodidades y la comida no escaseaba. El ratón humilde lo miraba con la boca abierta. Le parecía extraordinario el paisaje que su amigo dibujaba.

Según este cuento sobre la soberbia, el ratón de ciudad iba ataviado con una bella capa. También se había puesto un monóculo en el ojo, pues sentía que eso refinaba a su apariencia. El ratón humilde se sentía un poco avergonzado de no tener algo mejor para ofrecerle a su amigo. Sin embargo, sentía que algo no andaba bien: ¿por qué, si ahora era tan feliz, se mostraba inconforme con todo?

Un viaje en el cuento sobre la soberbia

El cuento de la soberbia tomó un giro inesperado cuando el ratón humilde le pidió a su amigo que le permitiera visitarlo durante algunos días. Tenía mucha curiosidad por conocer esas grandes maravillas que el otro había depositado en su imaginación. Con un aire ciertamente despectivo, el ratón de ciudad aceptó. Le acogería unos días a la ciudad, para que viera lo que era bueno.

Los dos partieron muy temprano. Cuando llegaron a la casa en la que vivía el ratón de ciudad, su amigo no podía creerlo. Efectivamente era una mansión gigantesca, todo era elegante. Tenía maravillosas alfombras y unos muebles fantásticos. El ratón de ciudad le dijo que aún no había visto lo mejor: la cocina.
Al otro se le hizo agua la boca. Los dos llegaron a la cocina y de inmediato el ratón humilde sintió el oloroso aroma de un trozo de jamón. Sin pensarlo, se dirigió al sitio del cual emanaba el aroma, pero el otro le previno. “¡Alto!”, le dijo. “Cualquier ratón de ciudad sabe que un trozo de jamón en el piso solo significa una cosa: veneno. No vayas a comerlo”, agregó.

Un final para reflexionar

Dice el cuento sobre la soberbia que el ratón humilde le agradeció a su amigo por haberle salvado la vida. Poco después, vio que cerca de la nevera había un fabuloso pedazo de queso. Se aproximó para probarlo, pero nuevamente su amigo de ciudad le previno. Ese trozo de queso era el señuelo de una trampa. No debía ir por él.

Antojado y hambriento, el ratón humilde optó por quedarse quieto. El otro iba a decirle algo, pero en ese momento saltó un gato desde la ventana y los dos ratones no tuvieron más opción que echar a correr. La persecución duró un buen rato, hasta que encontraron un pequeño hueco en el que pudieron ocultarse. Ahí se quedaron toda la noche, casi sin respirar.
Al día siguiente salieron del escondite y el ratón de ciudad le dijo a su amigo que fueran nuevamente a la cocina. El ratón humilde se negó. Ahora entendía por qué su amigo no era feliz a pesar de vivir entre tanta abundancia. Comprendió que todo tiene un precio y el precio de tanto lujo era la intranquilidad y el peligro.

Así que decidió volver a su casa. Dice el cuento sobre la soberbia que el ratón humilde ratificó algo que ya sabía: la verdadera felicidad se manifiesta en una vida sencilla.

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Por Edith Sánchez
Fuente: Lamenteesmaravillosa.com

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