Elige las imágenes más positivas de ti


Es posible hacer el mismo tipo de elecciones con todas las imágenes que tienes de ti mismo. Puedes elegir considerarte una persona inteligente aplicándote a ti mismo tus propias normas. En efecto, mientras más feliz te haces a ti mismo, más inteligente eres.

Si hay áreas en las que fallas o funcionas deficientemente como en álgebra, ortografía o redacción, éste es simplemente el resultado natural de las elecciones que has estado haciendo hasta ahora. Si te decidieras a dedicar más tiempo a la práctica de cualquiera de estas tareas, no hay duda que llegarías a hacerlas mejor. Si la imagen de ti mismo es la de una persona no demasiado inteligente, acuérdate de lo que dijimos respecto a la inteligencia en el Capítulo 1.
Si te subestimas, es porque has adquirido esa noción y te comparas con otros en cierto tipo de variables relacionadas con categorías académicas o escolares.

Sin duda esto te sorprenderá, pero puedes escoger ser tan inteligente como quieras. La capacidad es realmente una cuestión de tiempo, más que una cualidad innata. Un hecho que apoya esta declaración es el de las normas para clasificar los tests de aptitud escolar. Estas normas demuestran que las puntuaciones logradas por los mejores alumnos de un nivel dado, son alcanzadas por la mayoría de los alumnos de los niveles posteriores. Otros estudios demuestran que aunque la mayoría de los alumnos logran dominar ciertas tareas aprendidas, algunos lo hacen más pronto que los otros. Sin embargo la etiqueta "deficiente" e incluso "retardado" se aplica a menudo a los que avanzan más lentamente hacia el logro de un completo dominio en cualquier campo que sea.

La lógica de poder escoger tus autorretratos es aplicable a todas las fotografías de ti mismo que almacenas en tu mente. Tu comportamiento social es tan apropiado como tú eliges que sea. Si no te gusta como te comportas socialmente, puedes tratar de cambiar sin confundir tu comportamiento con tu propia autovalorización. Al mismo tiempo, tu talento, ya sea artístico, mecánico, atlético, musical, etcétera, es en gran parte el resultado de elecciones que ya has hecho y no se debe confundir con lo que es tu valor personal. Con el mismo enfoque, el capítulo precedente trató de demostrar que tu vida emocional era el resultado de lo que tú habías elegido. El aceptarte a ti mismo en base a lo que tú consideras que es lo apropiado para ti es algo que puedes decidir hacer ahora mismo. El reparar o modificar aquellas cosas que no están a la altura de lo que quieres, puede llegar a ser una ocupación encantadora, y no hay motivo para que elijas sentirte inapropiado o indigno, simplemente porque hay cosas en ti mismo que has decidido mejorar.

El disgusto con uno mismo puede tomar muchas formas y quizá tú mantienes un comportamiento de subestima de ti mismo. He aquí una breve lista de comportamientos típicos de autosubestimación que entran en la categoría del autoveto:

- Rechazar los cumplidos que recibes ("Oh, no es nada... En realidad no soy inteligente; simplemente tengo buena suerte,...).

- Inventar excusas para explicar por qué te ves bien ("Gracias a mi peluquera, ella es capaz de hacer que una rana parezca una belleza"... "Créeme, es gracias a mi guardarropa"... "El verde es mi color").

Darle el crédito a los demás cuando en realidad tú te lo mereces ("Gracias a Miguel, sin él yo no sería nada"... "Marie hizo todo el trabajo; yo sólo la supervisé").

Usando referencias a otras personas cuando hablas ("Mi marido dice"... "A mamá le parece"... "Jorge me dice siempre que"...).

Apoyar tus opiniones en los demás ("No es cierto que así es esto, querido?",... "Eso fue lo que dije, no es cierto, Marta?"... "Pregúntenle a mi marido, él se lo dirá"...).

Negarte a pedir algo que te gusta, no porque pienses que no te lo puedes permitir (aunque éste puede ser el motivo que alegues para no hacerlo), sino porque piensas que no te lo mereces.

No tener orgasmos.

No comprarte algo porque piensas que lo tienes que comprar para otra persona, aunque no sea necesario este sacrificio, o no comprarte las cosas que te gustaría tener porque piensas que no las mereces.

Evitar darte gustos como por ejemplo flores, vino o lo que sea, que te encantan porque consideras que es un despilfarro.

- En una habitación llena de gente cuando alguien llama en voz alta diciendo "Oye, tontuelo, miras a la persona dándote por aludido".

El usar motes con implicaciones peyorativas para referirte a ti mismo (y hacer que los demás también los usen).

Un amigo o un amante te regala una joya. Inmediatamente te pasa por la cabeza un pensamiento de este tipo... "Debes tener un cajón lleno de joyas en tu casa para regalar a las otras chicas".

- Alguien te dice que te ves muy bien. La frase que se forma en la cabeza es: "Eres completamente ciego, o estás tratando de hacerme sentir bien".

- Alguien te lleva a un restaurante o un teatro. Tú piensas: "Así es siempre al principio, pero ¿cuánto durará cuando descubra qué tipo de persona soy realmente?".
- Una chica acepta una invitación para salir contigo y tú piensas que lo hace por un sentimiento caritativo.
                              
Una vez trabajé con una mujer joven bastante atractiva que tenía mucho éxito con los hombres. Su nombre era Shirley y siempre decía que todas sus relaciones acababan mal, y que aunque deseaba casarse desesperadamente, nunca había tenido la oportunidad de hacerlo. Durante su tratamiento llegamos a la conclusión de que era ella misma la que estropeaba sus relaciones sin darse cuenta. Si algún joven le decía que la quería, el pensamiento de Shirley inmediatamente lo contradecía, "él dice eso sólo porque sabe que es lo que yo quiero oír". Shirley estaba a la pesca de la frase que la subestimaría.

No sentía amor por sí misma y rechazaba los esfuerzos que hacían los demás por quererla. Creía que nadie la podía encontrar atractiva. ¿Por qué? En primer lugar porque no creía que merecía ser amada. Y así un interminable ciclo de renunciaciones era su manera de reforzar la pobre idea que tenía de sí misma.

Aunque muchos de los conceptos que aparecen en la lista pueden parecer mezquinos o pequeños, son sin embargo como pequeños síntomas de autodesprecio. Si te sacrificas por los demás o rehúsas mimarte a ti mismo, tal como podría ser en el caso que escojas una hamburguesa en vez del buen solomillo que te apetece, puede que lo hagas porque piensas que no mereces el mejor trozo de carne. Quizá te han enseñado que la buena educación requiere que rechaces los cumplidos o simplemente que no eres atractiva.

Éstas son las lecciones que has aprendido y el sacrificarte por los demás, el anularte, se han convertido para ti en una segunda naturaleza. Hay muchos ejemplos de comportamiento autofrustrante que salen a la superficie en las conversaciones y en la conducta diarias. Y cada vez que te rebajas a ti mismo, de cualquier manera que sea, refuerzas los motes peyorativos que los demás te han colocado y disminuyes tus propias oportunidades de amar, ya sea amarte a ti mismo o a los demás. Ciertamente vales demasiado como para pasarte la vida disminuyéndote a ti mismo, humillándote.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 319 Volumén 7: Autoaceptación