Como Dominar las Ilusiones Parte 2


"Solemos decir 'ver para creer', pero realmente, se nos da mucho mejor creer que ver. De hecho, todo el tiempo estamos viendo lo que creemos Y sólo ocasionalmente vemos lo que no podemos creer. " 
-Robert Antón Wilson
Continuación del Capítulo 229

La quinta ilusión, la del requisito, se utiliza para descubrir que no es necesario hacer nada para saber y experimentar Quién Eres Realmente.

Realizando las cosas que imaginas como requisitos para mantener la vida puedes darte cuenta de que ninguno de ellos es necesario.

Pregunta a los ancianos. Pregunta a quienes han seguido los cánones establecidos y obedecidos las reglas. Te responderán con tres palabras. "Desobedece las reglas".

No dudarán. Su consejo será rápido y claro.

"No respetes los límites".

"No tengas miedo".

"Escucha a tu corazón".

"No permitas que nadie te diga qué hacer".

Al final de tu vida sabrás que nada de lo que has hecho tiene importancia, sólo importará quién fuiste al hacerla.

¿Hás sido feliz? ¿Hás sido bondadoso? ¿Has sido amable? ¿Has sido atento, compasivo y considerado con los demás? ¿Has sido generoso, compartido y, sobre todo, amoroso?

Descubrirás que a tu alma le interesa quién has sido y no qué has hecho. Y descubrirás que después de todo, que tu alma es Quien Eres.

Sin embargo, la ilusión de requisito, la idea de que hay cosas que debes hacer, puede servirte para motivar tu mente mientras tienes cuerpo. Es útil siempre y cuando comprendas hasta cierto punto que se trata de una ilusión y que nadie tiene que hacer nada que no desee.

Para la mayoría de la gente, esta verdad es al mismo tiempo asombrosamente liberadora y atemorizante. El temor radica en que, si a ustedes en realidad se les permitiera hacer todo lo que desearan, no harían nada de lo que en realidad deben hacer.

¿Quién sacaría la basura? Es en serio.

¿Quién se ocuparía de lo que nadie desea hacer?

Ésa es la pregunta y ése es el temor. Piensan que si se les dejara solos, nadie haría lo que hay que hacer para que la vida siguiera su curso.

Este temor es infundado. Descubrirán que ustedes son seres más bien admirables. E incluso en comunidades donde no hubiera reglas, reglamentos ni requisitos, seguiría habiendo mucha gente que hiciera lo necesario. De hecho, serían pocos que no lo hicieran, pues se sentirían incómodos al destacar por su falta de contribución.

Y eso sería lo que cambiaría si no hubiera reglas, reglamentos ni requisitos. No cambiaría lo que se hace, sino por qué se hace.

Cambiaría el "porqué" de lo que se hace.

En lugar de hacer las cosas porque se les dice que deben hacerlas, las harán porque así lo decidirán, como expresión de Quiénes Son.

Ésta es la única razón verdadera para hacer cualquier cosa, pero invierte todo el paradigma de hacer y ser. Los seres humanos han construido este paradigma así: uno hace algo, luego uno es algo. Con el nuevo paradigma: uno es algo, luego hace algo.

Uno no es feliz, luego hace lo que hace una persona feliz. Uno es responsable, luego hace lo que hace una persona responsable. Uno es bondadoso" luego hace lo que hace una persona bondadosa.

Uno no actúa con responsabilidad para ser responsable. Uno no actúa con bondad para ser bondadoso. Esto sólo conduce al resentimiento ("¡Después de todo lo que he hecho!"), pues uno supone que todos sus actos serán recompensados.

Y han deducido que el propósito del Cielo es éste justamente.

El Cielo estaba reservado como recompensa eterna por las cosas que hubieran hecho en la Tierra, y por no hacer las cosas que se suponía que no "debían hacer". De modo que decidieron que también debía haber un lugar para la gente que no hiciera cosas buenas, o que hiciera lo que no debía, y a este lugar lo llamaron Infierno.

Ahora he venido a decirte esto: el Infierno no existe. El infierno es un estado. Es la experiencia de la separación de Dios y la idea de que están separados de su propio ser y de que nunca pueden volver a unirse. El infierno es tratar de encontrarse a uno mismo, toda la eternidad.

Lo que llaman Cielo también es un estado del ser. Es la experiencia de Unión, el éxtasis de la reunificación con Todo lo que Es. Es el conocimiento del verdadero Yo.

No hay requisitos para alcanzar el Cielo, porque el Cielo no es un lugar al que se llega, sino el lugar en el que uno se encuentra siempre. Sin embargo, pueden estar en el Cielo (Unidad con el todo) y no saberlo. De hecho, la mayoría de ustedes está ahí.

Esto no puede cambiar por algo que hagas. Sólo puede cambiar por algo que seas.

A esto me refiero cuando digo: "No necesitas hacer nada". No debes hacer nada, sólo ser.
Y no deben ser nada más que Uno.

Lo asombroso es que cuando eres Uno con todo, terminas haciendo todas las cosas que pensabas que "debías hacer" a fin de recibir la recompensa que creías que debías ganarte con mucho esfuerzo. Se convierte en tu voluntad natural hacer por otros y para otros sólo las cosas que harías por y para ti. Y no harías a otros lo que no querrías que te hicieran a ti. Cuando eres Uno, realizas esto, o más bien, haces realidad la idea de que no existe ningún "otro".

No obstante, ni siquiera el ser "Uno" es un "requisito". No se te puede exigir que seas lo que ya eres. Si tienes los ojos azules, nadie te puede obligar a tenerlos. Si mides 1.80, nadie te puede obligar a medirlo. Y si eres Uno con el todo, no se te puede exigir que lo seas.

Por tanto, no hay requisitos.

No existe el requisito.

¿Quién establecería los requisitos? ¿Ya quién se le exigirían? Sólo existe Dios.

Soy el que Soy y no hay nada más.

Utiliza la ilusión del requisito para darte cuenta de que no puede haber nada que se requiera en realidad. No puedes conocer y experimentar la carencia de requisitos si no hay nada más que carencia de requisitos.

Por consiguiente, tratarás de imaginar que necesitas cumplir con ciertos requisitos.

Ustedes lo han hecho muy bien. Han creado un Dios que les exige la perfección y que les ordena que sólo se aproximen a Él de cierta manera, por medio de rituales determinados, explicados con gran detalle. Deben decir las palabras exactas y perfectas, y hacer las cosas exactas y perfectas. Deben vivir de determinada manera.

Puesto que han creado la ilusión de que existen estos requisitos para conseguir Mi amor, ahora comienzan a experimentar el regocijo indescriptible de saber que nada de esto es necesario.

Lo confirmarán cuando noten que estas "recompensas" a menudo le son otorgadas a la gente sin importar "si hacen lo que deben" o no. Lo mismo se aplica a lo que imaginan que son sus "recompensas" en el más allá. Sin embargo, su experiencia en el más allá no es un premio, es un resultado. Es el resultado natural de un proceso natural llamado vida.

Cuando esto te quede claro, comprenderás por fin el libre albedrío. Entonces sabrás que tu naturaleza es la libertad. Nunca más confundirás el amor con el requisito, pues el amor verdadero no requiere de nada. 

Recuérdalo. El amor verdadero no requiere de nada.

La sexta ilusión, la del juicio, puede servir para experimentar la maravilla de que nadie, ni tú ni Dios emite juicios.

Has elegido crear la experiencia del juicio para poder gozar de la maravilla de un Dios que no emite juicios y para comprender que los juicios son completamente imposibles en el mundo de Dios. Sólo experimentando tú mismo la tristeza y la destrucción del juicio podrás descubrir de verdad que se trata de algo que el amor nunca podría generar.

Esto lo percibes mejor cuando otras personas te juzgan, pues nada es más doloroso que el juicio.

El juicio hiere profundamente cuando los que te juzgan están equivocados, pero hiere aún más cuando están en lo cierto. En ese momento, el juicio de los demás nos hace pedazos, rasgando las fibras del alma.

Basta con experimentado una vez para saber que el juicio nunca es producto del amor.
Al crear su mundo ilusorio, tu especie ha producido sociedades en las que el juicio no sólo es aceptado sino también esperado. Incluso han creado todo un sistema que llaman "justicia" a partir de esta idea de que alguien puede considerados "culpables" o "inocentes".
Esto te digo: A los ojos de Dios, nadie es culpable nunca y todos son inocentes siempre. Esto se debe a que Mis ojos ven más que los tuyos. Mis ojos ven por qué piensan ustedes las cosas y por qué las hacen. Mi corazón sabe que tan sólo han interpretado mallas cosas.
He inspirado a que sea dicho: "Nadie hace nada incorrecto, si se toma en cuenta su modelo del mundo". Ésta es una gran verdad. He inspirado a que sea dicho: "La culpa y el temor son los únicos enemigos del hombre". Es una gran verdad.

En las sociedades sumamente evolucionadas, ninguno de sus miembros es juzgado o encontrado culpable de nada. Tan sólo se observa lo que hicieron y se les hace ver el resultado y e! impacto de sus acciones. Se les permite que decidan qué hacer al respecto, si es que desean hacer algo. Los demás no les hacen nada. No le hacen nada a nadie. La idea de! castigo es algo que simplemente no se les ocurre pues e! mismo concepto les resulta incomprensible. ¿Por qué querría lastimarse e! Ser Único? Si hubiera hecho algo dañino, ¿porqué querría dañarse otra vez? ¿Cómo se corregiría un primer daño ocasionando otro? Es como si uno se lastimara e! dedo de! pie y luego volviera a golpearse como represalia.

Por supuesto que en una sociedad que no se ve a sí misma como una sola cosa y no se considera una con Dios, esta analogía no es lógica. En dicha sociedad, e! juicio es lo más lógico.

El juicio no es lo mismo que la observación. Una observación es tan sólo mirar, sólo ver qué sucede. Por otra parte, el juicio consiste en decidir que debe suceder algo más, según lo observado.

Observar es atestiguar. Juzgar es llegar a una conclusión. Es agregar un "por consiguiente" a la oración. De hecho, se convierte en una sentencia, a menudo pronunciada sin misericordia.

El juicio endurece el alma, pues marca al espíritu con una ilusión de quién eres, ignorando la realidad más profunda.

Yo nunca te juzgaré; jamás. Pues, incluso si cometieras cierto acto, Mi actitud sería la de ver sencillamente lo que sucede. No sacaría conclusiones acerca de Quién Eres. De hecho, es imposible sacar conclusiones acerca de Quién Eres, pues el proceso de crearte tú mismo nunca concluye. Eres una obra que se está efectuando. No has terminado de crearte y nunca terminarás.

Nunca eres quien eras hace un instante. Y Yo nunca te veo de esa manera, sino más bien como quien eliges ser en este momento.

He inspirado a otros a que lo describan así: Estás creándote continuamente a partir de infinitas posibilidades. Te estás re-creando constantemente como la mejor versión de la visión más grande que jamás hayas tenido sobre Quién Eres. A cada momento vuelves a nacer. Y lo mismo sucede con los demás.

En el momento en que lo comprendas verás que juzgarte tú mismo o juzgar a otro no tiene caso, pues aquello que juzgas ha dejado de ser en el mismo momento en el que lo estás juzgando. Ha concluido incluso en el momento en el que llegas a tus propias conclusiones.
En ese momento renunciarás por siempre a tu idea de un Dios que juzga, pues sabrás que el amor nunca puede juzgar. Conforme se incremente tu conciencia, comprenderás todo el impacto de esta verdad: la autocreación nunca termina.

Recuérdalo. La autocreación nunca termina.

Puedes utilizar la séptima ilusión, la de condenación, para experimentar el hecho de que no mereces más que alabanzas. Esto es algo que no puedes descifrar, pues vives muy adentro de tu ilusión de condenación. Sin embargo, si vivieras en el corazón de la alabanza en cada instante, no la experimentarías. Los elogios no tendrían significado para ti. No sabrías lo que son.

La gloria de la alabanza se pierde cuando todo lo que hay son alabanzas. Sin embargo, has exagerado este concepto, llevando la ilusión de la imperfección y la condenación a nuevos niveles en los que consideras que la alabanza está mal, sobre todo la autoalabanza. No debes alabarte a ti mismo, ni darte cuenta (mucho menos anunciar) la gloria de Quién Eres. Y debes ser moderado al elogiar a los demás. Tu especie ha llegado a la conclusión de que la alabanza no es buena.

La ilusión de condenación también es la manera en que tu especie anuncia que ustedes y Dios pueden ser dañados. Claro está, la verdad es todo lo contrario, pero ustedes no podrían entenderlo, ni experimentarlo si no hubiera cualquier otra realidad. De modo que han creado otra realidad en la que el daño sí es posible y la condenación es la prueba de ello.

Repito que la idea de que ustedes, o Dios, pueden ser dañados es una ilusión. Si Dios es el Todo en el Todo (y lo Soy) y si Dios es el Más Poderoso (y lo Soy) y si Dios es el Ser Supremo (es verdad), entonces no es posible que Dios sea lastimado o dañado. Y si ustedes fueron creados a Mi imagen y semejanza (y así es), entonces tampoco pueden ser lastimados o dañados.

La condenación es un artificio que han creado para ayudarse a experimentar esta maravilla produciendo un contexto en el cual pueda adquirir significado esta verdad. Es una de tantas ilusiones menores que surgen cada día a partir de las diez ilusiones. La primera ilusión (que afirma que Dios y ustedes necesitan algo) es la que provoca esta ilusión, específicamente que si no obtienen lo que necesitan, Dios y ustedes serán lesionados, heridos o dañados.

Esto establece el marco perfecto para la retribución. Y ésta no es una ilusi6n pequeña, sino muy grande.

Nada ha captado tan plenamente la imaginación de tu especie como la idea de que existe el Infierno, de que existe un lugar en el Universo al que Dios condena a los que no obedecen sus leyes.

Retratos espeluznantes y horripilantes de este espantoso lugar aparecen en los frescos plasmados en los techos y los muros de las iglesias de todo el mundo. Imágenes igualmente perturbadoras adornan las páginas de los textos de catecismo distribuidos entre los niños, para atemorizados mejor.

Y mientras que gente buena, practicante, ha creído durante siglos en los mensajes que transmiten estas imágenes, sucede que el mensaje es falso. Por esto inspiré al papa Juan Pablo II a que manifestara durante una Audiencia Papal en el Vaticano (el 28 de julio de 1999) que el uso "incorrecto de imágenes bíblicas no debe crear psicosis o ansiedad": las descripciones bíblicas del Infierno son simbólicas y metafóricas.

Inspiré al Papa a que explicara que "el fuego inextinguible" y "el horno abrasador" de los que habla la Biblia "indican la total frustración y vacuidad de una vida sin Dios". Y también que el infierno es el estado de separación de Dios, un estado causado no por un Dios castigador sino más bien autoinducido.

La función de Dios no es la de retribuir o castigar a nadie y el Papa lo aclaró durante su Audiencia.

Aún así, la idea de un Dios que condena ha sido una ilusión útil. Ha creado un contexto dentro del cual se pueden experimentar todas las cosas y muchos aspectos del ser.

El temor, por ejemplo. Y el perdón, la compasión y la misericordia.

Un hombre condenado comprende, en su nivel más profundo, la expresión de la misericordia. Lo mismo sucede con la persona que condena o que concede el perdón.

El perdón es otro matiz de la expresión del amor que a tu especie le ha beneficiado experimentar. El perdón sólo lo experimentan las culturas jóvenes y primitivas (las culturas avanzadas no lo necesitan, pues comprenden que, como no puede haber ningún daño, el perdón no es necesario), pero tiene un gran valor dentro del contexto de la evolución, el proceso a través del cual las culturas maduran y crecen.

El perdón les permite sanar casi toda herida psicológica, emocional, espiritual y hasta física, que ustedes imaginan que les han ocasionado. El perdón es una gran cura. Literalmente, pueden perdonar hasta alcanzar la salud. Pueden perdonar hasta alcanzar la felicidad.

Su uso de la ilusión de la condenación ha sido muy creativo, produciendo muchos momentos en su vida y, en la historia de la humanidad, en los que pueden expresar perdón. Lo han experimentado como un aspecto del amor divino, acercándolos cada vez más a la verdad, tanto del amor como de la propia Divinidad.

Una de las historias más famosas de perdón que ha logrado lo anterior es la de Jesús que perdona al hombre que está crucificado junto a Él, revelando así la verdad eterna de que todo aquél que busca a Dios jamás será condenado. Esto significa que nadie es condenado jamás pues al final todos buscan a Dios, aunque no lo llamen así.

El infierno es la experiencia de separación de Dios. Sin embargo, cualquiera que no desee experimentar la separación eterna no necesita experimentarla. Sólo tiene que desear la reunión con Dios para que se produzca.

Esta es una afirmación extraordinaria y la voy a repetir.

Sólo es necesario desear la reunión con Dios para que ésta se produzca.

El perdón nunca es necesario, puesto que nunca se puede cometer ninguna ofensa contra la Divinidad, ni la Divinidad puede ofender, ya que es Todo lo que Es. Esto es algo que comprenden las culturas avanzadas. ¿Quién perdonaría a quién? ¿y por qué razón?

¿Acaso la mano perdona al dedo del pie por tropezarse? ¿El ojo perdona a la oreja?

Desde luego que la mano puede consolar al dedo. Puede sobado, ayudado y sanado. Pero, tiene que perdonado? ¿O tal vez la palabra perdón    es sólo un sinónimo de la palabra consolar en el lenguaje del alma?

He inspirado la frase: amor significa no tener que pedir perdón.

Cuando su cultura también lo comprenda, nunca más se condenará a sí misma ni a otros por aquellos momentos en los que el alma "se tropieza con algo". Nunca más abrazarán un Dios vengativo, iracundo, censor, que los condene a torturas eternas por algo que, para Dios sería menos que un tropezón del dedo del pie.

En aquél momento renunciarán para siempre a su idea de un Dios condenador, pues sabrán que el amor nunca condena. Entonces no condenarán a nadie y a nada, obedeciendo así Mi mandato: No juzguen ni condenen.

Recuérdalo. No juzgues, ni condenes.

Puedes utilizar la octava ilusión, la ilusión de condicionalidad para experimentar un aspecto tuyo que existe sin condiciones, y que por esa misma razón, puede amar sin condiciones.

Tú eres un ser incondicional, pero no puedes saberlo porque no existe ninguna condición en la que no seas incondicional. Por tanto, no estás en ninguna condición.

Esto es la verdad literal. No te encuentras en condiciones de hacer nada. Sólo puedes ser. Sin embargo, sólo ser no te satisface. Por este motivo has creado la ilusión de condicionalidad. Es el concepto que expresa que una parte de ti, una parte de la vida, una parte de Dios, depende de otra para ser.

Ésta es una ramificación o una expansión de la ilusión de separación, la cual a su vez surge de la ilusión de necesidad, que es la primera ilusión. En realidad sólo hay Una ilusión y todas las demás ilusiones son una expansión de ella, como un globo que se infla.

A partir de la ilusión de condicionalidad se creó lo que denominan relatividad. El calor y el frío, por ejemplo, en realidad no son opuestos, sino exactamente lo mismo, en condiciones diferentes.

Todo es lo mismo. Sólo hay una energía y es la energía llamada Vida, que aquí es sinónimo de la palabra "Dios". A la vibración propia y específica de esta energía la llaman condición. En ciertas condiciones ocurren ciertas cosas que parecen ser lo que ustedes llaman verdad.
Por ejemplo, arriba es abajo y abajo es arriba, en determinadas condiciones. Los astronautas aprendieron que, en el espacio interplanetario, las definiciones de "arriba" y "abajo" desaparecían. La verdad cambiaba debido a que las condiciones cambiaban.

Las condiciones cambiantes creaban la realidad cambiante.

La verdad no es más que una palabra que significa "lo que es así en este momento". Sin embargo, lo que es "así" siempre está cambiando.Por lo tanto, la verdad siempre está cambiando.

Su mundo lo ha demostrado así. Su vida se lo ha demostrado.

El proceso de la Vida es de hecho el cambio. Reducida a una sola palabra, la vida es cambio.

Dios es Vida. Por tanto, Dios es Cambio.

En una palabra, Dios es Cambio.

Dios es un proceso: no un ser, sino un proceso.

Y a ese proceso se le llama cambio.

Quizá algunos prefieran la palabra evolución.
Dios es energía en evolución, o Lo que se Convierte.


Lo que se Convierte no requiere de condiciones especiales para convertirse. La vida simplemente se convierte en lo que se convierte, y ustedes, con el fin de definirla, describirla, cuantificarla, medirla e intentar controlarla, le adjudican ciertas condiciones.
Sin embargo, la Vida no tiene condiciones, simplemente es. La Vida es lo que es.


Continuará...

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Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 230 Volumén 2: Como Dominar las Ilusiones (Parte 2)