Afilar la sierra parte II


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La dimensión social / emocional

Las dimensiones social y emocional están ligadas entre sí porque nuestra vida emocional se desarrolla (primordial pero no exclusivamente) a partir de nuestras relaciones con los otros, y en ellas se manifiesta. 

Renovar nuestra dimensión social/emocional no lleva tiempo en el mismo sentido que renovar las otras dimensiones. Podemos hacerlo en nuestras interacciones cotidianas normales con las otras personas. Pero sin ninguna duda requiere ejercicio. Tal vez tengamos que esforzarnos, porque muchos no hemos alcanzado el nivel de victoria privada y las habilidades de la victoria pública necesarias para que los hábitos cuarto, quinto y sexto se desplieguen naturalmente en todas nuestras interacciones.

Supongamos que usted es una persona clave en mi vida. Podría ser mi jefe, mi subordinado, mi colaborador, mi amigo, mi vecino, mi cónyuge, mi hijo, un miembro de mi familia: alguien con quien yo quiero o necesito interactuar. Supongamos que tenemos que comunicarnos, trabajar juntos, discutir una cuestión esencial, lograr un propósito o resolver un problema. Pero vemos las cosas de distinto modo, a través de cristales diferentes. Usted ve a la joven, y yo a la mujer sensible. 

Me acerco a usted y le digo: «Advierto que estamos afrontando esta situación de modo diferente. ¿Por qué no acordamos comunicarnos hasta que podamos hallar una solución con la que los dos podamos sentirnos bien? ¿Estás dispuesto a hacerlo?». La mayor parte de las personas responderán que sí.

Entonces paso a la filosofía «Primero permíteme escucharte.» En lugar de escuchar con la intención de responder, escucho empáticamente, con la finalidad de comprender su paradigma profunda y completamente. Cuando yo pueda explicar su punto de vista tan bien como lo hace usted mismo, me concentraré en comunicarle mi propio punto de vista, de manera que usted también pueda comprenderme a mí. 

Sobre la base de nuestro compromiso de buscar una solución con la que ambos nos sintamos bien, y de una recíproca comprensión profunda, pasamos juntos a trabajar juntos para generar soluciones de tercera alternativa que remedien nuestras diferencias y que ambos reconozcamos como mejores que las que usted o yo propusimos inicialmente.

El éxito no es en lo esencial una cuestión de intelecto, sino de emoción. Está altamente relacionado con nuestro sentido de la seguridad personal. 

Si nuestra seguridad personal proviene de fuentes que están dentro de nosotros, tendremos la fuerza necesaria para poner en práctica lo necesario para afilar la sierra. Si somos emocionalmente inseguros, aunque estemos muy adelantados desde el punto de vista intelectual, ponerlo en práctica con personas que piensan de modo diferente sobre cuestiones fundamentales de la vida puede resultar terriblemente amenazador. 

¿De dónde nos puede llegar la seguridad intrínseca? No proviene de lo que las otras personas piensan de nosotros, ni de la manera en que nos tratan. No proviene de la programación de la que hemos sido objeto. No proviene de las circunstancias ni de nuestra posición.

Viene de adentro. Viene de los paradigmas precisos y los principios correctos profundamente arraigados en nuestra mente y nuestro corazón. Viene de una coherencia de adentro hacia afuera, de vivir una vida de integridad en la que nuestros hábitos diarios reflejan nuestros valores más profundos. 

Creo que una vida de integridad es la fuente fundamental de la valía personal. No estoy de acuerdo con la literatura popular sobre el éxito en cuanto a que la autoestima es primordialmente una cuestión de disposición mental, de actitud, como si uno pudiera lograr la paz mental mediante una preparación psicológica.

Tenemos paz mental cuando nuestra vida está en armonía con los principios y valores verdaderos, y de ningún otro modo. 

Está también la seguridad intrínseca que resulta de una vida interdependiente efectiva. Hay seguridad al saber que existen soluciones ganar/ganar, que la vida no es siempre «o esto o aquello», que casi siempre se cuenta con terceras alternativas mutuamente beneficiosas. Hay seguridad al saber que uno puede salir del propio marco de referencia sin renunciar a él, que podemos comprender real y profundamente a otro ser humano. Se logra seguridad cuando uno interactúa auténtica, creativa y cooperativamente con las otras personas y despliega estos hábitos de la interdependencia.

Hay una seguridad intrínseca que surge del servicio, del hecho de ayudar a otros de modo significativo. Una fuente importante es el trabajo cuando uno se ve a sí mismo realizando contribuciones y creando, incidiendo realmente en los resultados. Otra fuente es el servicio anónimo, que nadie conoce y que nadie conocerá nunca. Y eso no importa. Lo que importa es hacer felices las vidas de otras personas. El motivo es la influencia, y no el reconocimiento. 

Victor Frankl se centró en la necesidad de que la vida tenga propósito y sentido, algo que la trascienda y saque a la luz nuestras mejores energías. El desaparecido doctor Hans Selye, en su monumental investigación sobre el estrés, dijo básicamente que una vida larga, sana y feliz es el resultado de realizar aportaciones, de tener proyectos significativos que sean personalmente estimulantes y mejoren y hagan feliz las vidas de los otros. Su ética era: «Gánate el amor de tu prójimo». 

En palabras de George Bernard Shaw:
Éste es el verdadero goce de la vida, ese ser utilizado con un propósito que uno mismo reconoce como importante. Ese ser una fuerza de la naturaleza, y no un montoncito febril y egoísta de malestares y molestias que se queja de que el mundo no se consagra a hacerlo feliz. Soy de la opinión de que mi vida pertenece a toda la comunidad, y de que mientras viva es mi privilegio hacer por ésta todo lo que pueda. Cuando muera, quiero estar completamente agotado. Pues cuanto más duramente trabajo, más vivo. Gozo de la vida por la vida misma. Para mí la vida no es una pequeña vela. Es una especie de antorcha espléndida que por el momento sostengo, con fuerza, y quiero que arda con el mayor brillo posible antes de entregarla a las futuras generaciones.

El equilibrio en la renovación

El proceso de la autorenovación debe incluir la renovación equilibrada en las cuatro dimensiones de nuestra naturaleza: la física, la espiritual, la mental y la social/emocional.
Aunque la renovación en cada una de las dimensiones es importante, sólo alcanza efectividad óptima cuando las abordamos conjuntamente, de un modo sensato y equilibrado. El descuido de cualquier área afecta negativamente a las restantes.

He descubierto que esto es tan cierto respecto de las organizaciones como de las vidas individuales. En una organización, la dimensión física se expresa en términos económicos. La dimensión mental o psicológica tiene que ver con el reconocimiento, el desarrollo y el empleo del talento. La dimensión social/emocional es la de las relaciones humanas y el modo en que se trata a la gente. Y la dimensión espiritual se refiere a la búsqueda de un sentido en el propósito o aportación y en la integridad de la organización. 

Cuando una organización descuida una o más de estas áreas, el todo resulta negativamente afectado. La energía creadora que podría generar una enorme sinergia positiva se utiliza en cambio para luchar contra la organización, y se convierte en fuerzas restrictivas que obstaculizan el crecimiento y la productividad.

He encontrado organizaciones cuyo único impulso es el económico: ganar dinero. Por lo general no dan publicidad a ese propósito. A veces incluso dan publicidad a algún otro. Pero, en sus corazones, lo único que desean es ganar dinero. 

En estos casos encuentro también una gran sinergia negativa en la cultura, que genera, por ejemplo, rivalidades entre los departamentos o una comunicación defensiva o autoprotectora, politiqueo o intentos de lograr poder a expensas de los otros. Sin ganar dinero es imposible prosperar, pero ésa no es una razón suficiente para la existencia de la organización. No podemos vivir sin respirar, pero no vivimos para respirar. 

En el otro extremo del espectro, he visto organizaciones que se centran casi exclusivamente en la dimensión social/emocional. En cierto sentido constituyen una especie de experimento social y su sistema de valores no incluye ningún criterio económico. No miden ni calibran su efectividad, y como consecuencia pierden toda eficiencia y finalmente se vuelven inviables en el mercado.

He hallado organizaciones que llegan a desarrollar tres de las cuatro dimensiones: pueden tener buenos criterios en cuanto a servicio, economía y relaciones humanas, pero no están realmente comprometidas en identificar, desarrollar, utilizar y reconocer el talento de las personas. Y si estas fuerzas psicológicas son ignoradas, el estilo resultante será una autocracia benévola; la cultura reflejará diferentes formas de resistencia colectiva, tendencia a los enfrentamientos, excesivo cambio de personal, y otros problemas culturales profundos y crónicos. 

La efectividad organizacional así como también la individual requieren el desarrollo y la renovación de las cuatro dimensiones de un modo sensato y equilibrado. El descuido de cualquier dimensión origina la resistencia de un campo de fuerzas negativo contrario a la efectividad y el crecimiento. Las organizaciones y los individuos que reconocen las cuatro dimensiones en su enunciado de la misión crean un marco poderoso para la renovación equilibrada. 

Este proceso de perfeccionamiento continuo es el sello del «movimiento de la calidad total» y la clave del poder económico del Japón.

La sinergia en la renovación

La renovación equilibrada es sinérgica en grado óptimo. Lo que uno hace para afilar la sierra en cualquiera de las dimensiones tiene un efecto positivo en las otras, porque todas están altamente interrelacionadas. La salud física afecta a la salud mental: la fuerza espiritual afecta a la fuerza social/emocional. Al progresar en una dimensión, acrecentamos nuestras aptitudes en las otras. 

Los siete hábitos de las personas altamente efectivas producen una sinergia óptima entre esas dimensiones. La renovación en cualquier dimensión aumenta la capacidad para vivir mejor.

Al renovar la dimensión física, reforzamos nuestra visión personal, el paradigma de la propia autoconciencia y la voluntad libre, de la proactividad, del conocimiento de que somos libres para actuar y no ser actuados, para elegir nuestra respuesta a cualquier estímulo. Éste es probablemente el mayor beneficio del ejercicio físico. Cada victoria sobre nosotros mismos efectúa un depósito en la cuenta de la seguridad intrínseca personal. 

Al renovar nuestra dimensión espiritual, reforzamos el liderazgo personal. Aumentamos nuestra capacidad para vivir sobre la base de la imaginación y la conciencia moral, y no sólo de la memoria; para comprender profundamente nuestros valores y paradigmas más íntimos, para crear dentro de nosotros un centro de principios correctos, para definir nuestra misión singular en la vida, para reformular nuestros guiones y vivir en armonía con los principios correctos y beber en las fuentes personales de la fuerza. La rica vida privada que creamos con la renovación espiritual efectúa depósitos enormes en la cuenta personal de seguridad.

Al renovar la dimensión mental, reforzamos nuestra administración personal (tercer hábito). Al planificar, nos obligamos a reconocer las actividades altamente potenciadoras para optimizar el uso del tiempo y la energía, y organizar y ejecutar las actividades centrándonos en esas prioridades. Al emprender un proceso de educación continua, ampliamos nuestra base de conocimientos y nuestras opciones. La seguridad económica no reside en el empleo que tenemos; reside en nuestra capacidad para producir: pensar, aprender, crear, adaptarnos. Esa es la verdadera independencia económica. No consiste en tener riquezas, sino en el poder para producirlas. Es intrínseca. 

La victoria privada personal —un mínimo de una hora al día dedicada a la renovación de las dimensiones física, mental y emocional— es la clave para el desarrollo personal y está totalmente en nuestro círculo de influencia. Es lo necesario para integrar esos hábitos en la vida, para convertirse en una persona centrada en principios.

Es también el fundamento del éxito en la relación con los demás, la fuente de seguridad intrínseca necesaria para afilar la sierra en la dimensión social/emocional. Nos procura fuerza personal para centrarnos en nuestro círculo de influencia en las situaciones interdependientes, para ver a los otros a través del paradigma de la mentalidad de la abundancia, para valorar auténticamente sus diferencias y sentirnos felices con sus éxitos. Nos proporciona los cimientos para trabajar por una comprensión genuina y por soluciones sinérgicas del tipo ganar/ganar en una realidad interdependiente.

La espiral ascendente

La renovación es el principio —y el proceso— que nos permite ascender en una espiral de crecimiento y cambio, de perfeccionamiento continuo. 

Para realizar un progreso significativo y sistemático a lo largo de esa espiral, tenemos que considerar otro aspecto de la renovación cuando éste se aplica al privilegio humano específico que dirige este movimiento ascendente: nuestra conciencia moral.

La conciencia moral percibe nuestra congruencia o discrepancia con los principios correctos y nos eleva hacia ellos... cuando está en buena forma. 

Así como la educación de los nervios y músculos es vital para el atleta, y la educación de la mente es vital para el estudioso, la educación de la conciencia moral lo es para la persona verdaderamente proactiva y altamente efectiva. Pero el adiestramiento y la educación de la conciencia moral exigen una concentración aún mayor, una disciplina más equilibrada, una vida más coherentemente recta. Requiere disfrutar con regularidad de literatura inspiradora, albergar pensamientos nobles y, sobre todo, vivir en armonía con su débil voz.

Así como el exceso de comida y la falta de ejercicio pueden minar el estado de un atleta, las cosas obscenas, groseras o pornográficas pueden nutrir una oscuridad interior que embote nuestra sensibilidad superior y reemplace la conciencia natural o divina de «¿Qué es lo correcto y lo incorrecto?» por la conciencia moral social del «¿Me descubrirán?». 

Cuando ya tenemos autoconciencia, debemos elegir los propósitos y principios que pondremos en práctica en la vida; de otro modo alguna otra cosa llenará el vacío, y perderemos nuestra autoconciencia para ser como animales rastreros, cuya finalidad primordial es la supervivencia y la reproducción. Las personas que viven en ese nivel no están viviendo, están siendo vividas. Están reaccionando, no toman conciencia de los dones singulares que dormitan sin desarrollarse en su interior.

Y para desarrollarlos no hay atajos. Rige la ley de la cosecha: siempre recogemos lo que sembramos, ni más ni menos. La ley de la justicia es inmutable, y cuanto más coherentes seamos con los principios correctos, mejor será nuestro juicio sobre cómo funciona el mundo, y más precisos nuestros paradigmas, nuestros mapas del territorio. 


 La espiral ascendente

Creo que, al crecer y desarrollarnos a lo largo de esa espiral ascendente, debemos mostrar diligencia en el proceso de la renovación, educando y obedeciendo a nuestra conciencia moral. Una conciencia moral cada vez más educada nos impulsará en la senda de la libertad, la seguridad, la sabiduría y el poder personales. 

Para moverse a lo largo de la espiral ascendente es necesario aprender, comprometerse actuar en planos cada vez más altos. Nos engañamos al pensar que uno solo de esos factores es suficiente. Para no dejar de progresar, debemos aprender, comprometernos y actuar... aprender, comprometernos y actuar... y aprender, comprometernos y de nuevo actuar.

Sugerencias prácticas

  1. Haga una lista de las actividades que lo ayudarían a mantenerse en un buen estado físico, adecuadas a su estilo de vida y con las que usted disfrutaría después de las horas de trabajo.
  2. Elija una de esas actividades e inclúyala como meta en su área del rol personal para la próxima semana. Al final de la semana evalúe su rendimiento. En el caso de que no haya alcanzado esa meta, ¿fue porque la subordinó a un valor auténticamente superior? ¿O no logró usted actuar con integridad respecto de sus valores?
  3. Haga una lista análoga de actividades renovadoras de las dimensiones espiritual y mental. En el área social/emocional, enumere relaciones que le gustaría mejorar, o circunstancias específicas en las que la victoria pública le procuraría una mayor efectividad. Elija un ítem de cada área para planteárselo como meta de la semana. Llévelo a cabo y evalúe.
  4. Comprométase a poner por escrito actividades específicas para «afilar la sierra» en las cuatro dimensiones todas las semanas, a realizarlas y a evaluar su rendimiento y los resultados.
"El futuro no pertenece a quienes saben esperar, sino a quienes saben prepararse." 
Manero


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Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 179 Volumén 2:Afile La Sierra