Ley de atracción para tus relaciones. parte 3/7


 Hay que escoger

Si eres alguien que sufre en silencio, como lo era yo, ¡buena suerte! Sin importar cuál sea la razón por la que estás sufriendo, ésta crecerá como una mala hierba bien alimentada. Lo mismo ocurrirá si eres una persona controladora, regañona, preocupona o alguien que disfruta complaciendo a la gente. Tienes que desconectar tu enfoque destructor de la relación, sea lo que sea que esté cerrando tu válvula, y conectarlo a lo que deseas en la vida. 

En otras palabras, desvía la atención de tus "no quiero", ponla en tus "quiero" y mantente ahí.

Si tienes un borracho a tu lado, abre tu válvula y escribe tu nuevo libreto.

Si tienes una pareja desempleada a tu lado, abre tu válvula y escribe una nueva historia.

Si tu pareja y tú pelean por dinero, abre tu válvula y escribe una nueva historia.

Empieza hablando con tu pareja sobre lo que quieres y por qué, no de lo que no quieres y por qué. Ya sé, estoy sonando muy condescendiente al respecto, como si fuera cualquier cosa este asunto de ignorar las acciones de un necio, el cual tú estás convencida de que es el responsable de tu vida miserable. La culpabilidad es nuestro juego, y señalar con dedo acusador a alguien, o a nosotros mismos, siempre ha resultado inútil.

Cuando iba a la mitad de la redacción de este capítulo, decidí tomarme un descanso para hacer algunas compras de comestibles y tal vez ir al sauna para aclarar mis ideas. Quería olvidarme del tema durante un tiempo para asegurarme de que estaba hablando de lo más esencial ¿Olvidarlo? ¡Sí, claro!. Mientras me dirigía en mi automóvil hacia la tienda, empecé un monólogo interior muy desagradable con la gente a la que rentaba la casita que había dentro de mi propiedad. No habían podido pagarme la renta en los últimos dos meses, y mi atención estaba centrada en esa falta de pago. Era un pensamiento recurrente que en el mejor de los casos se estaba volviendo abrumador. De cualquier modo, el automóvil era un lugar ideal para enfurecerme, así que eso estaba haciendo con todos los falsos tonos de compasión y comprensión acostumbrados. Con franqueza, hervía de coraje, olvidando por completo lo que estaba provocando con mis vibraciones, y que estaba escribiendo precisamente sobre eso, ¡por amor a Dios!

Afortunadamente, fue mi mal estado de ánimo, ya en el supermercado, lo que me hizo reaccionar. Mientras trataba de alcanzar la comida de mi perra, me percate de lo molesta que me sentía. Me pregunté a mí misma: "¿Qué es lo que me está molestando?" y me di cuenta, en forma instantánea, que me estaba enfocando en las circunstancias desfavorables de mis inquilinos.

Al principio me sentí molesta conmigo misma, entonces me enojé todavía más porque no lograba salir de mi mal estado de ánimo. Terminé mis compras y me dirigí hacia el baño de vapor con la esperanza de que eso mejorara mi estado de ánimo. Mientras seguía conduciendo mi auto, me sentí lista para escribir un nuevo guión.

Lo primero que hice fue sentir un poco de aprecio por ellos: "Son buenos muchachos y es agradable tenerlos, cerca". No era exactamente un ¡hurra!, pero eso era mejor que nada. Podía sentir cómo mi resistencia se iba reduciendo... un poco.

"Gracias a Dios, estaban ahí para cuidar de los perros, mientras yo me ausentaba. Ninguno de mis otros inquilinos había hecho eso nunca. Y ninguno de 'mis otros inquilinos me había ofrecido ayuda para darle la retocada anual a la pintura de mi casa, como ellos lo habían hecho." Eso se sentía mejor.

"Y realmente adoran su hogar, y yo lo he arreglado lo mejor posible." Para entonces, mi válvula estaba lo bastante abierta como para iniciar el nuevo guión, así que me dirigí a la alberca vacía, donde podía hablar en voz alta, tranquilamente, sin que nadie me sorprendiera.  "¿Ambos consiguieron nuevos empleos? iGuau! ¡Eso es fantástico! Me siento realmente feliz por ustedes. Yo sé que han deseado comprar algunos muebles, así que ahora podrán hacerlo”.

Continué así, visualizando la imagen que quería, apoyando mi idea tan lejos como pude y hasta donde me sentí cómoda. Presionaba y avanzaba conforme me iba sintiendo bien. No habían pasado más de diez minutos de haber llegado a casa cuando los muchachos se  acercaron a mí, sonriendo de oreja a oreja. No tenían todavía un nuevo empleo permanente, pero habían encontrado una forma de pagarme e iban a empezar a hacerlo inmediatamente. ¡Acción rápida, por decir lo menos!

Aun cuando estaban conscientes de su incapacidad para pagarme, su enfoque principal estaba centrado en lo mucho que les gustaba el lugar, y todo lo que intentaban hacer para arreglarlo, no en su falta de dinero, así que habíamos coincidido en nuestras vibraciones. Si se hubieran enfocado en su temor, ni todo el aprecio del mundo habría logrado el menor cambio.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 100 Volumén 2