Descubre el karma que produce el enojo


Karma negativo:

Si reaccionamos ante una situación con una emoción negativa, la huella que queda en la mente terminará por madurar e influir negativamente en alguna situación de nuestra vida. 

Por ejemplo: si alguien está enojado con nosotros y también nosotros reaccionamos con enojo, dejamos una huella que hace más posible que éste vuelva a surgir y que encontremos la condición secundaria que suscitará nuestro enojo habitual. Esto es fácil de ver si tenemos una gran cantidad de enojo en nuestra vida o si conocemos a alguien así; la personas irritables se ven continuamente en situaciones que justifican su ira, mientras que aquellas menos enojadas, no. Las situaciones externas pueden ser similares, pero las distintas inclinaciones kármicas crean mundos subjetivos diferentes.

Si una emoción se expresa de manera impulsiva, puede generar fuertes resultados y reacciones. El enojo lleva a pleitos o a cualquier otra situación destructiva. Las personas pueden resultar física o emocionalmente dañadas. Esto no sólo sucede con el enojo: cuando una persona presa del miedo, actúa dejándose llevar por él, puede generarle muchísima tensión; la persona se aleja de los demás y así sucesivamente. No es difícil ver cómo esto produce causas nocivas que influyen negativamente en el futuro.

Aun si suprimimos la emoción, queda un rastro negativo. Suprimir es una manifestación de la aversión, ocurre cuando tensamos algo dentro de nosotros mismos, cuando ponemos alguna cosa detrás de la puerta y le echamos llave, forzando así a una parte de nuestra experiencia a permanecer en la oscuridad, donde espera, aparentemente hostil, hasta que la causa secundaria apropiada la llame. Esto puede manifestarse de muchas maneras; por ejemplo: si suprimimos nuestra envidia respecto a otros, ésta podrá manifestarse más adelante como una explosión emocional o podrá presentarse en un juicio muy severo acerca de aquellos a quienes secretamente envidiamos, aun cuando neguemos esta envidia ante nosotros mismos. Un juicio mental también es una acción también basada en la aversión y , por tanto, crea también semillas kármicas negativas.

Karma positivo:

En lugar de manifestar cualquiera de estas reacciones negativas (dejar que nuestra conducta sea regida por las tendencias kármicas o suprimirlas), podemos hacer una pausa, comunicarnos con nosotros mismos y manifestar el antídoto para esta emoción negativa. Si alguien está enojado con nosotros y nuestro propio enojo surge, el antídoto es la compasión. Evocarla puede parecer forzado y poco auténtico al principio, pero si reconocemos que la persona que nos irrita está siendo manejada por su propio condicionamiento y está sufriendo una constricción en su conciencia, ya que está atrapada en su propio karma negativo, podemos sentir algo de compasión y dejar ir nuestras reacciones negativas. Al hacer esto, comenzamos a moldear nuestro futuro en forma positiva.

Esta nueva respuesta, basada todavía en el deseo– de virtud, paz o desarrollo espiritual en este caso -, produce una huella kármica positiva que planta la semilla de la compasión. La próxima vez que nos topemos con el enojo, habrá un poco más de probabilidades de que respondamos con compasión, lo cual es mucho más cómodo y brinda más espacio que la estrechez del enojo con el que pretendemos protegernos. De esa manera, la práctica acumulativa de la virtud reeduca nuestra manera de responder al mundo, y sucede, por ejemplo, que encontramos cada vez menos enojo, tanto dentro como fuera de nosotros. Si continuamos está práctica, la compasión terminará por aparecer en forma espontánea y sin esfuerzo. Al utilizar la comprensión del kárma, podemos reeducar nuestra mente para que use toda experiencia, incluso todas las fantasías más privadas y efímeras para apoyar nuestra práctica espiritual.


Autor: Rimpoché