Cansancio espiritual del alma de la mujer. Parte I

¿Qué es el cansancio espiritual del alma de la mujer  y cómo identificarlo?

El cansancio espiritual del alma de la mujer,  es un llamado del alma femenina...
Que nos dice que es hora de encontrar nuestro equilibrio y de volver a nuestro centro; aparece hacia la mediana edad (entre los 30 y los 40 años) y nos viene a contar la historia de una vida que nos espera desde hace tiempo al otro lado del miedo, las creencias, los roles autoimpuestos, la lucha y el dolor de ser, el tener que hacer y la necesidad de tener.

¿De dónde viene y cómo se va gestando este cansancio espiritual del alma femenina?

La psique femenina, está formada por 3 “versiones del yo” que se van desarrollando a lo largo de la vida de una mujer, pero que siempre están presentes y trabajando juntas para mantenernos en equilibrio, se trata de “la mujer niña, de la mujer adulta y de la mujer sabia” y cada una de ellas, juega un papel adaptativo fundamental para nuestro desarrollo y tiene unas herramientas y unos recursos específicos para ayudarnos a relacionar con nuestro entorno.
El equilibrio de estas 3 “mujeres” en nuestro interior se va logrando conforme vamos habitando mayoritariamente a cada una de ellas en cada etapa respectiva de la vida, mientras que las otras dos cumplen la función de apoyar y equilibrar a la que en su momento tenga el protagonismo; sin embargo, y por el modelo social patriarcal en el que vivimos, desde niñas aprendemos (por inducción, por modelamiento o por imitación) a habitar muy fuertemente a nuestra “mujer adulta” quien es aquella que más características del arquetipo o rol masculino adapta, pues queremos tener presencia en la sociedad, ser valoradas y tener voz en un mundo que se mueve desde el arquetipo masculino.

En este escenario, tomamos tanto como podemos de aquello que vemos en papá o en los modelos masculinos que tenemos a mano: la necesidad de salir a la lucha, la competitividad, el instinto de logro, la ambición por el poder, la fuerza, el control, la confrontación, entre otros y nos vamos alejando de lo instintivo femenino, habitando a una “mujer adulta” en pie de lucha permanente. Esto por supuesto, genera en nosotras unos vacíos existenciales importantes, porque nos desconectamos de un tajo, del lenguaje de nuestro cuerpo, de nuestro potencial creativo, de nuestra red femenina de apoyo, de nuestros ciclos, de nuestros procesos de nutrición del alma, de nuestra “mujer niña” y cedemos nuestros espacios del SER; es entonces, cuando en un intento por suplir esos vacíos, salimos al mundo a llenarnos de roles (madre, esposa, hija, ejecutiva, hermana, amiga…etc), de cargas y de responsabilidades y vamos asumiendo una vida cada vez más alejada de nosotras mismas, de nuestro centro y de nuestra esencia.
Por lo tanto, bajo esta lógica la psique femenina (aunque no necesariamente por regla general) empieza a comportarse de la siguiente manera:

Durante los 20`s estamos en el proceso de crecer, apegadas a este modelo de “mujer adulta” adaptada en el masculino, entonces empezamos a conseguir y forjar una carrera, establecer una relación seria que conduzca al matrimonio y a construir los pilares de lo que creemos, será nuestra vida.

En los 30´s escalamos posiciones, compramos cosas (la casa, el carro…etc) empezamos a pensar en hijos (si es que no los tuvimos ya) o en su defecto en proyectos, pero al mismo tiempo empezamos a sentir que algo nos falta.

En los 40´s en consecuencia, sentimos un vacío de la vida, un cansancio profundo de ser todo poderosas, de cargar con todo y con todos y nos dan de repente unas tremendas ansias por salir corriendo con la certeza profunda de que hay algo distinto esperando por nosotras.

¿Cómo identificar si lo que siento es el cansancio espiritual del alma femenina?

 Como he dicho antes hay una fuerte desconexión de los básicos de la energía femenina, lo cual se traduce en:

Sensación de no pertenecer a esa vida (trabajo, matrimonio, grupo de amigos, carrera, relación, sistema familiar, entre otros)

Sensación de cansancio profundo y de no satisfacción con la vida que vivimos en cualquiera de las dimensiones que he mencionado.

Esperanza de que hay algo diferente esperando por nosotras e incluso sueños y deseos que fortalecen esa visión.

Necesidad profunda de un cambio o una transformación en uno o todos los aspectos de la vida.

No hay consciencia de nuestros ciclos fundamentales ni de nuestros ritmos.

No hay conexión con un propósito superior.

No hay conexión con el lenguaje del cuerpo ni con el potencial creativo.

La “mujer niña” está en desequilibrio o en desconexión permanente.

Hemos perdido, o no tenemos amistades femeninas que nos den soporte emocional.

En cualquier caso, cuando nos encontramos en ese lugar de desasosiego, nuestra  alma se encarga de hacérnoslo saber, porque da gritos ahogados pidiendo ser reconectada con lo esencial y verdadero. Estar en ese punto, supone entonces, hacernos responsables por nosotras mismas y ponernos en primer lugar, con las renuncias y las ganancias (que serán inmensas) que esto implica, haciendo acopio de nuestros recursos internos para emprender el viaje de la “heroína alquímica”, hacerle frente a nuestros detractores internos y abrir el camino para realizar o materializar esa visión de vida que bien sabemos que nos espera.

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Recuerda: ¡Sonríe, agradece y abraza la vida!

Autor: Natalia Ospina Saldarriaga