El gato protege de la negatividad


Si a cualquiera de nosotros se nos preguntara cuales son los animales domésticos más comunes, sin duda, responderíamos que el perro y el gato. Sobre el perro es evidente los motivos que le han acercado a la vida del hombre: es guardián de los rebaños, protege el hogar, ayuda en la caza, es absolutamente fiel... y así no habría papel en el mundo para escribir los inmensos beneficios que los canes han dado a los hombres.
Pero ... ¿y el gato? ¿Como es que ha llegado a ser un animal de compañía tan habitual? Podríamos pensar que la razón está en su habilidad para cazar ratones, pero bueno si lo miramos desde un punto de vista estadístico la gineta, el águila ratonera, la lechuza y muchos otros animales podrían competir con nuestro familiar gato a la hora de capturar ratones y sin embargo nunca se ha visto que esos animales estén en las casas junto al hombre. De manera que debemos descartar la idea que la posición como animal de compañía del gato sea debida a una cuestión práctica, o mejor dicho, a la cuestión práctica de cazar razones, pues todo cuanto existe en el universo tiene una razón práctica. 

Vamos pues a buscar donde está la utilidad de un animal cuya misión al lado del hombre parece ser la de ser querido y cuidado por su dueño.

Hemos de ir a buscar el origen de la amistad entre el hombre y el gato en esas tierras, cuna de toda magia y espiritualidad, que constituyan el antiguo Egipto. Allí el gato estaba divinizado en la figura de la diosa Bastet, protectora del hogar. Porque eso, precisamente eso es lo que hacen los gatos: protegen. Pero mientras que los perros nos protegen a un nivel físico, terrenal, concreto podríamos decir, los gatos lo hacen a un nivel más sutil, mas etérico, más interno si prefiere verlo así. O dicho de otra manera los gatos son capaces de defendernos de las influencias no físicas que a nuestro alrededor podrían herirnos; nos defienden de la negatividad.

La razón por la que los gatos se asocian con la magia, la brujería y conocimientos similares es por que el mago maneja unas energías sutiles que de no estar convenientemente protegido podrían dañarle a él, por eso precisa de un gato que “recicle” las malas energías con las que el mago trabaja (toda magia es negra pues pretende alterar el curso de las cosas, pero hablar de eso no es el tema de ahora). No se trata que el animal las absorbe como científicamente podría pensarse, sino que la presencia del felino impide que esa negatividad haga daño, es como si la diluyera.

Tal como están los tiempos actuales, el odio, la envidia, el rencor, la critica, que hay en nuestro entorno cercano, a todo el mundo le puede ir bien tener un gato, (personalmente mi gato Rummy me permitió no volverme loco en mi juventud), pero si hay alguien para quien debería ser absolutamente indispensable tener un gato es a los sanadores, exorcistas y videntes en general. Ello es debido a que quienes van a esas consultas, en su mayoría no lo hacen por curiosidad o conocimiento sino porque tienen un problema, una preocupación, una inquietud de la que quieren librarse y por su propia voluntad no son capaces de hacerlo; es decir que llevan una carga negativa que procede de su entorno. Cuando el sanador es capaz de liberar la negatividad de la persona, la misma permanece y hay que “reciclarla” de alguna manera, sino es posible que sea el propio sanador quien la reciba. Quizá haya oído hablar de masajistas terapéuticos que tras dar un masaje se han sentido mal, eso sería el caso típico de liberar de negatividad a un paciente y que esta sea absorbida por quien se la ha quitado.

En resumen: el gato protege de la negatividad.
Veamos más cosillas del gato. Mientras que el perro es un Ser Yang, el gato es un Ser Yin, por la tanto es el principio femenino por excelencia. El gato permite la entrada al mundo desconocido, a la espiritualidad, a todo lo oculto y su curiosidad innata refleja la curiosidad innata de todos los hombres por esos temas, aun cuando formalmente se niegue. Aquellas personas a las que no les gustan los gatos en realidad tienen un profundo temor a todo el mundo sutil que se esconde tras la materia y que sabemos que existe (porque todos sabemos que vamos a morir ¿no?)

Si el perro enseña al hombre por activa (Yang) , enseña el “te quiero”, el gato lo enseña por pasiva (Yin), enseña el “quiéreme”. De manera que el reflejo y ejemplo de Amor que nos dan los animales domésticos queda completo, pues no puede quererse sin ser querido ni viceversa.

Por último, para acabar, dos curiosidades “espiritualoides” sobre el gato. Se cuenta, en la India, que el gato, como la serpiente, no se conmovió por la muerte de Buda. Eso es reflejo de su posición superior pues ... ¿por que conmoverse por algo como la muerte que es tan natural como la acción de llover?

Otra bonita historia nos viene de Arabia. Se dice que Mahoma tenía una gata y esta se le quedó dormida sobre el brazo del profeta, encima de esas anchas mangas que se llevaban entonces. Mahoma para no despertar a la gatita decidió cortar la manga de la camisa y dijo a su gata mientras le acariciaba“ tú estarás conmigo en el paraíso”. Y es que es tan tierno el ver un gato dormir que prefirió quedarse sin blusa antes que molestar a la minina.

Aparte de las cuestiones protectoras, cualquiera que tenga o haya tenido un gato sabe que la ternura de oir sus ronroneos, mientras se le acaricia su pelaje, trae una paz y una tranquilidad que ningún acto humano es capaz de dar.

Que la Fuerza le acompañe,

Juan Pedro