Una actitud positiva: la clave para conseguir todos tus retos

Una actitud positiva: la clave para conseguir todos tus retos

Nunca he sido una persona especialmente positiva ni negativa. De hecho, hasta hace poco, solía pensar que, en este caso, como en muchos otros, la virtud se encuentra en el punto medio. Que ser realista en la vida era la mejor forma de garantizarse estabilidad y bienestar.

Pero si hay algo que he aprendido en los últimos años, es que ser demasiado realista pone barreras a tu potencial, porque hace que equipares los retos que otras personas han alcanzado con los que puedes alcanzar tú. Y comparar tus posibilidades con las de la mayoría te convierte, por definición, en una persona mediocre.

Si analizas la mentalidad de las personas que han triunfado en la vida, te darás cuenta de que la gran mayoría tienen unas cualidades que les distinguen de las demás, que les impulsan a perseverar y sacar lo mejor de sí mismos donde otros se dejan llevar por el desánimo y tiran la toalla. Es esta actitud positiva, idealista y soñadora la que les ayuda durante toda su vida a conseguir todo lo que se propongan.

Una actitud positiva: la clave para conseguir todos tus retos

¿Quieres saber por qué?


1. Tener una actitud positiva te permite alcanzar metas más ambiciosas

Una de las características más comunes de las personas que se enfrentan a la vida con una actitud positiva, es que tienden a idealizar situaciones cotidianas y a esperar grandes resultados. Estas personas se permiten soñar a lo grande, porque no consideran de forma racional las barreras habituales que otras personas han encontrado en el camino a cumplir sueños parecidos.

El problema de algunos optimistas, es que no consiguen pasar del pensamiento al hecho porque no son capaces de canalizar sus sueños hacia medidas concretas que puedan aplicarse. Aunque no les falte ilusión, no son capaces de pasar de la fase teórica a la acción porque no cuentan con las herramientas adecuadas. Son las personas que acaban llevándose grandes decepciones, porque no consiguen que sus sueños se hagan realidad.

Sin embargo, si consigues enfocar tus sueños mediante un plan de acción y un proyecto a medio o largo plazo, tener sueños ambiciosos será la llave para destacar por encima de los demás, por encima de las personas pesimistas o realistas que no se atreven a fantasear con grandes retos por miedo a llevarse una decepción.

Esta afirmación no es nueva y ha sido repetida numerosas veces a lo largo de la historia.

Napoleon Hill, considerado uno de los autores más destacados en el ámbito de la superación personal, dedicó más de veinte años al estudio de las características comunes que tenían las personas de éxito e incluso entrevistó al americano más rico del mundo de su época (Andrew Carnegie). De su investigación, concluyó que podía definirse una fórmula para el triunfo, que empezaba con la actitud particular de las personas ante la vida.

En el libro La actitud mental positiva, publicado en 1960, escribió:

Todos tenemos dentro de nosotros mismos un talismán con dos caras: la actitud mental positiva está grabada en una de ellas y la actitud mental negativa en la otra. Este talismán invisible posee dos poderes sorprendentes: tiene la facultad de atraer riqueza, éxito, felicidad y salud; y tiene también la facultad de repeler todas estas cosas, privando a una persona de todo aquello que hace que la vida merezca ser vivida. Es la actitud positiva la que permite que unos hombres se eleven hasta la cumbre y permanezcan allí. Y la otra cara es la que los desplaza de la cima cuando ya la habían alcanzado.

Cuando Henley escribió “yo soy el dueño de mi destino, soy el capitán de mi alma”, nos hubiera podido informar que somos dueños de nuestro destino porque somos, ante todo, los dueños de nuestras actitudes.


De acuerdo con esta afirmación, no importa el tamaño de los sueños que tengas sino la actitud que predomine en ti. Con una actitud positiva y el enfoque y la persistencia necesarias, cualquier sueño puede hacerse realidad.

2. Una actitud negativa no te prepara mejor para las desgracias

A pesar de ser su principal argumento para justificar su forma de ver las cosas, las personas negativas no están mejor preparadas que las demás para aguantar los reveses de la vida.

Aunque te tires meses temiendo que una desgracia ocurra, esto no hará que la magnitud de la desgracia sea menor si llega a pasar. Imagina que temes que un ladrón te rompa la ventana del coche para robarte tus cosas de valor del coche.

Una persona con una actitud negativa ante la vida, ante la vista del robo, pensará amargamente: “ya lo sabía yo. El mundo está lleno de ladrones”. Se autoconsolará pensando que era inevitable y que no podía hacer nada para evitarlo; una actitud que exime su culpa y protege su ego.

Por el contrario, una con una actitud positiva, también se llevará un revés y una decepción. Pero pensará: “menos mal que no tenía nada de valor en el coche”. Aceptará su parte de culpa y la próxima vez intentará no dejar nada a la vista.

3. Cualquier situación en la vida es susceptible a tu interpretación

Incluso las grandes tragedias y los momentos más dramáticos, todos son relativos en función a tu actitud.

¿Alguna vez te has visto en la situación de tener que reprimir una sonrisa incontrolable tras conocer una noticia dramática?

¿O has vivido una situación tensa, en la que de repente alguien dice una tontería y baja de repente la presión en el ambiente?

Es evidente que no siempre es posible mantener una actitud positiva y que por optimista que una persona pueda ser, hay momentos para los que no estamos preparados y que harán que nos tambaleemos.

Pero en otros muchos momentos de la vida, sobre todo en las pequeñas cosas que ocurren a diario y que acaban siendo responsables de que tengas un buen o mal día, tú puedes elegir la actitud con la que deseas enfrentarlas y dejarte sorprender por el resultado de tu elección.

El día que le compré mi primer coche a una compañera del trabajo, me lo trajo a la oficina para que me lo pudiera llevar directamente. Estaba muy emocionada, sin embargo ese día cayó una gran nevada y no pude mover el coche. La predicción meteorológica era de nieve para toda la semana. Aunque al principio me decepcioné, estaba teniendo un buen día en el trabajo y me dio por reírme del tema con mis compañeros del trabajo mientras tomábamos un café. Me acuerdo que les dije: “pues nada, me va a tocar empujar al autobús de camino a casa cuando se quede atascado con la nieve. ¿Alguien se apunta?”.

En ese momento, un compañero me dijo ¿y por qué no le cambias las ruedas de verano por las de invierno que llevas en el maletero?

Yo ni lo había pensado, porque nunca en mi vida había cambiado una rueda y pensaba llevarlo directamente al taller. Al decirlo, mis compañeros se quitaron las chaquetas del traje, se remangaron las camisas y ¡me ayudaron a cambiar las ruedas en el garaje de la oficina! Pude irme a casa tan contenta con mi coche y además acabamos teniendo un momento de risas en el trabajo.

Del mismo modo, recuerdo las fechas de exámenes en la universidad. Aunque hubiéramos estudiado como locos para un examen, cuando el profesor decidía poner el típico examen imposible, en lugar de acabar de mal humor, nos daba por reírnos. Era evidente que el examen estaba suspenso, pero podíamos elegir entre irnos a casa llorando o irnos de cervezas. Y elegíamos lo último.

Recuerda:
no puedes cambiar las circunstancias externas,

no puedes cambiar lo que los demás dicen o hacen,

no puedes evitar que a veces ocurran desgracias…

… pero siempre tendrás la última palabra para decidir cambiar tu actitud

¡Ahora es tu turno!

¿Has vivido alguna situación negativa a la que conseguiste darle la vuelta mediante una actitud positiva?

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Fuente: Llenatuvida.net