Nos habituamos a lo bueno y dejamos de agradecerlo


Ante todo, gracias
Por lo general se tiende a creer (estudios de Teresa Amabile, profesora de la Harvard Bussines School) que las personas que escriben reseñas críticas sobre una obra son más expertas e inteligentes que las que la alaban. Pero sabemos que esa tendencia a valorar las opiniones negativas es mayor en los individuos que se sienten intelectualmente menos seguros de sí mismos.
¡Un ejército! Lo mismo ocurre con la gratitud, hay que ser humilde e inteligente para asumir que la vida no nos debe nada, y así el mínimo gesto de bondad ajena se convierte en un regalo. Agradecer nos refuerza y refuerza al otro. Para Shankland la gratitud puede cambiar la sociedad. En Los poderes de la gratitud (Plataforma) explica como cultivarla.

Qué le llevó a investigar sobre la gratitud?

Ejerciendo de psicóloga observé que uno de los grandes dolores era la ingratitud.

Qué interesante.

En el año 2003 Emmons y McCullough hicieron una investigación en la que le pidieron a un grupo de estudiantes con alto nivel de estrés que escribieran un diario, unos debían escribir cada noche los eventos negativos del día, otros su diario sin pautas y el tercer grupo lo que les había despertado un sentimiento de gratitud.

¿Qué hizo?

Los maestros suelen lamentarse de que lo dan todo y nadie los valora. Propuse en varias escuelas que los estudiantes de preescolar hicieran el diario de gratitud y resultó que más de la mitad de los niños agradecían cosas a sus maestros en las que estos no habían ni pensado.

¡Qué cambio para esos profesores!

Algunos hasta lloraron. Su motivación se renovó. Y entre los niños el “estoy agradecido de que Alan me haya prestado sus lápices” tenía efecto multiplicador. El que los había prestado se sentía de maravilla y estaba dispuesto a repetir la acción, y el que lo había agradecido se sorprendía del valor de su gesto de gratitud. El ambiente cambió, se respiraba seguridad y bienestar y se reflejó en las notas.

¿Por qué somos tan ingratos?

A causa del fenómeno de habituación ya no percibimos las intenciones benévolas que hay detrás de los actos, pasamos por alto el sentimiento de gratitud y generamos una sensación de falta de reconocimiento en el otro. Esta sensación puede generar frustración y, con el tiempo, sufrimiento.

Hace falta humildad.

...Es la cuna de la gratitud. Ser capaz de percibir y agradecer los pequeños gestos, salir del autocentramiento, genera bienestar. André Comte-Sponville decía que la gratitud es un segundo placer que prolonga el primero; como un eco alegre de la alegría experimentada, como una felicidad más para más felicidad.

Solemos ser poco agradecidos con los que tenemos más próximos.

Nos habituamos a lo bueno asumiéndolo como normal, y tendemos a ver lo que no funciona, lo que el otro hace mal en lugar de lo que hace bien, por eso es tan útil el diario de gratitud.

Otorga otro punto de vista.

Lo que escribimos por la noche nos ayuda a que cuando despertamos miremos de forma diferente. En su diario un señor escribió: “Agradezco el beso que desde hace diez años me da mi mujer cada mañana”, y después de haberlo escrito lo recibió con mucho más placer.

¿Por qué es tan difícil ser agradecido?

El cerebro percibe en primer lugar las amenazas, al final del día recordamos lo que ha salido mal, las críticas, los que han sido desagradables, y eso genera insatisfacción ante la vida y las relaciones. Y cada vez que tenemos emociones negativas aumenta el sesgo negativo.

¿Y se contrarresta siendo agradecido?

Sí, porque la gratitud es una emoción muy intensa que nos permite recordar lo positivo. Semanas después de realizar el diario de gratitud, cuando le pedimos a las personas que escriban diez recuerdos, escriben más recuerdos positivos que los que no hicieron el diario. El diario de gratitud hace que los buenos recuerdos estén más accesibles y nos da una sensación de satisfacción con la vida.

¿Forma parte de ese sesgo negativo nuestra tendencia a criticar?

Criticar es una estrategia de adaptación y defensa para no ser engañado, pero es tan poco útil como la autocrítica que no nos ayuda a mejorar aunque creamos lo contrario.

¿Qué dicen las investigaciones?

Pensar que no somos capaces o que somos malos disminuye la confianza en uno mismo y nos paraliza. Sin embargo la autocompasión, ser tú mejor amigo, nos da energía, esperanza y optimismo y nos empuja a resolver los problemas.

El pensamiento positivo, ¿no es algo naif?

Yo no lo utilizo. Alguien que tiene baja autoestima y se repite ante el espejo “soy bueno, soy guapo, soy inteligente….” , cuando llega al trabajo y nadie le saluda se hunde. Hay una diferencia demasiado grande entre lo que quiere creer y la realidad de su experiencia.

Eso me parecía.

No se trata de autoconvencerse de que todo irá bien para que todo vaya bien, sino de poner los medios necesarios, de conectar con tus recursos y con acontecimientos que te generaron resultados positivos.

Hay que ser modesto.

Hay que evitar creer que la felicidad aparece cuando todo va bien desde todos los puntos de vista, lo cual raramente ocurre en la realidad.

¿Cómo mejorar las relaciones familiares?

Estamos demasiado atentos a lo que no funciona, a lo que no hacen bien nuestros hijos o nuestra pareja. Hay que abrir espacios para reconocer y agradecer, porque el hecho de mostrar lo que funciona bien genera más comportamientos de ese tipo.

Pero a menudo la gratitud es sólo cortesía.

Dar mucho las gracias sin estar conectado a la emoción es contraproducente porque los otros perciben que no eres sincero y desconfían.

Por Rébecca Shankland, Psicóloga Positiva de la Universidad de Grenoble
Fuente: lavanguardia.com

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