Aprende a lidiar con personas con las que tengas que continuar relacionado

“Cada vez que alguien me enoja, es porque mi corazón aun reclama algo que aún no ha aprendido.”

Muchas veces quisiéramos estar totalmente alejado de alguien, que esa persona saliese de nuestro radar por completo.
Sin embargo situaciones particulares nos obligan a mantener algún tipo de vínculo y quizás cercanía con esa persona.
En lugar de desgastarnos y amargarnos la vida, aprendamos a tratar con esas personas que tornan nuestro ambiente pesado y que no podemos mandar a volar con todo y boleto al infinito y más allá.

Será conveniente no dejar que esa persona controle nuestras emociones, que no ocupe espacios en nuestra mente por mucho tiempo.
Lo que ha pasado no lo podemos cambiar, pero sí podemos ubicar a las personas en el espacio que se merece y no hay mejor espacio para una persona que no nos conviene o desearíamos cerca, que fuera de nuestra mente.

A las personas inconvenientes con las que tenemos que estar relacionados, bien sea porque es un socio en algún negocio, porque es un familiar cercano, es el padre o la madre de nuestro hijo o cualquier otra situación que forcé un vínculo, será conveniente aprender a ignorarlas de forma inteligente. Y esto no quiere decir aplicarles la ley del hielo, ni hacer como que no le escuchamos, es simplemente hacerse inmune a su presencia y a todo aquello que normalmente nos afectaría.

Puede no resultar sencillo en un principio, pero para conservar la paz debemos tomar algunas medidas:

Si la situación lo permite, debemos acordar los términos de la relación, plantear en qué se basará y cuáles serán las condiciones del trato. Si esto no es posible, nosotros a través de nuestra actitud marcaremos la pauta: no habrá dimes y diretes, no habrá ironía en el ambiente, no habrá momentos juntos adicionales a lo necesario, no habrá emotividad en la interacción y tendremos como mantra el motivo por el cual tenemos que mantener una relación, para no desviarnos.

Puede ser que el vínculo sea con algún padre o con un hijo o un nexo trascendental en nuestras vidas, en dicho prestaremos especial atención a sumar, sin agobiar, es decir, buscaremos formas de armonizar en la medida de que la situación lo permita.
Tratemos de ser empáticos y comprensivos con el punto del otro, sin llegar a sentir lástima o culpa, entendamos que si hemos llegado al punto en el cual la relación no da para más, pero aún se debe mantener una interacción, será porque se hayan generado roces, malos entendidos e inclusive heridas que quizás solo el tiempo pueda sanar, pero que debemos colaborar para que ello ocurra y no lo contrario.
No saquemos a relucir aspectos del pasado que nos llevarán a ninguna parte, más que a remover dolores e incomodidades. Más cuando son cosas que ya se han tocado, inclusive en más de una oportunidad.

Si sientes que el ambiente compartido en un momento dado se torna más tenso de lo que podemos manejar, la mejor opción será retirarnos, alejarnos de la zona con la alta probabilidad de robarnos nuestra tranquilidad.

Evidentemente debemos hacer lo posible por sanar nuestras relaciones, pero no debemos cruzar fronteras y entender que ese proceso será de dos, mientras procuramos la sanación, sin desvivirnos por ello, solo aportando de a poco y evitando restar, conservamos nuestra paz y nuestro centro.
Recordemos que ninguna relación es equivocada, cada persona llega a nosotros para hacernos ver algo, para ayudarnos a evolucionar, para proyectarnos a través de ella. Honremos cada vínculo, incluso cuando no es evidente para qué está, por qué está o más importante por qué no lo podemos romper.

Cada vez que alguien me enoja, es porque mi corazón aun reclama algo que aún no ha aprendido.
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Autor: Sara Espejo
Fuente:  Rincón Del Tibet