Oración de un padre



Dame Señor, un hijo
que sea lo bastante fuerte para saber cuando es débil,
y lo bastante valeroso para enfrentarse a sí mismo cuando sienta miedo.

Un hijo que sea orgulloso e inflexible en la derrota,
y humilde y magnánimo en la victoria.

Dame un hijo que nunca doble la espalda cuando deba erguir el pecho. 

Un hijo que sepa conocerte a Ti...
y conocerse a sí mismo, que es la piedra fundamental del conocimiento.

Condúcelo, te lo ruego, no por el camino cómodo y fácil,
sino por el camino áspero, aguijoneado por las dificultades y los retos.

Y ahí, déjalo aprender a sostenerse firme en la tempestad,
cuyos ideales sean altos.

Un hijo que se domine a sí mismo antes que pretenda dominar a los demás;
un hijo que avance hacia el futuro,
pero que nunca se olvide del pasado.

Y después de que todo eso sea de él,
agrégale, te lo suplico, suficiente sentido del humor,
de modo que pueda ser siempre serio,
pero que no se tome a sí mismo demasiado en serio.

Dale humildad,
para que pueda recordar siempre la sencillez de la verdadera grandeza,
la imparcialidad de la verdadera sabiduría
y la mansedumbre de la verdadera fuerza.

Entonces, yo, su padre, me atreveré a murmurar:

¡No he vivido en vano! 
Douglas MacArthur