La ruptura con el pasado


“El primer deber del hombre es vencer el miedo. Sin haberse librado de él no es posible hacer nada.” 
 -Thomas Carlyle

Todos tenemos la capacidad de elegir lo que más nos conviene. Todas las situaciones que experimentamos a lo largo de la vida son, en última instancia, resultado de las elecciones individuales. Si no nos gusta cómo vivimos ni cómo somos, siempre tenemos la posibilidad de modificar tales circunstancias a través de elecciones más eficientes y positivas.

Para logrado, es indispensable identificar aquellas equivocaciones que cometemos a lo largo de nuestra existencia al momento de intentar manejar y controlar las emociones. En otros términos, nos referimos a los diferentes comportamientos autodestructivos en los que todos incurrimos tarde o temprano en nuestras vidas. La repetición continuada de estas conductas se convierte pronto en un círculo vicioso que genera insatisfacción, infelicidad y un permanente sentimiento de vacío.

Tenemos varias capacidades, podemos decidir sobre nuestras emociones y la manera en que percibimos nuestra realidad. En última instancia, somos responsables de nuestro ser, de lo que sentimos y vivimos. Las elecciones que tomamos día tras día definen nuestro entorno  -le dan forma- y de ese modo determinan nuestros sentimientos, ideas, hábitos y reacciones. De ahí la necesidad de tomar responsabilidad de ti mismo, dejar de culpar a los demás, así como de buscar explicaciones en el exterior. Puesto que somos la suma de nuestras propias elecciones, la felicidad o infelicidad depende igualmente de ti mismo y de las decisiones que tomes para ti en tu vida. Todos estamos en posibilidad de tener una existencia verdaderamente plena y satisfactoria, siempre y cuando tomemos conciencia de las múltiples oportunidades que se nos presentan y optemos por aquellas que nos construyan y enriquezcan internamente.

Para cambiar tenemos la imperiosa necesidad de concentramos en el presente. Desgraciadamente, la mayoría ocupamos casi todo el tiempo en recordar el pasado e imaginar lo que traerá el futuro, cuando, en realidad, el único momento de poder en que podemos experimentar y vivir y construir es el ahora. Cuando seamos conscientes de que lo más importante es sentir, actuar y disfrutar el hoy, habremos dado un paso esencial en la construcción de una existencia positiva. Casi todos los comportamientos autodestructivos parten de un esfuerzo por vivir en un tiempo que no es el presente.

¿Haz pensado en tu capacidad para elegir tu realización y felicidad? Mídela contestándote las siguientes preguntas:

. ¿Crees que piensas por ti mismo?
. ¿Te has liberado de la necesidad de aprobación?
. ¿Puedes aceptarte tal como eres y evitar los reproches?
. ¿Eres capaz de evitar preocuparte por el futuro?
. ¿Puedes quererte a ti mismo todo el tiempo?
. ¿Puedes dar y recibir amor?

La respuesta negativa a cualquiera de estas preguntas indica la existencia de una zona errónea que merece trabajarse cuanto antes en aras de alcanzar la felicidad. El procedimiento para lograrlo no es ni doloroso ni complejo. En cambio, se basa sencillamente en tres principios básicos:

1. Ser responsable de ti mismo.
2. Comprometerte con tu propia vida.
3. Alimentar el deseo de conseguir todo aquello que te propongas en este momento.
A final de cuentas, todo se reduce a una pregunta:
¿quieres vivir tu vida como lo deseas, o como los demás creen que debes hacerlo? La decisión está en ti.

El primer amor

Un error muy frecuente de la gente es la tendencia a "auto-rechazamos": sentir que no valemos por lo que somos sino por lo que los demás opinan de nosotros. En otras palabras, la imagen que tenemos de nosotros mismos se deriva de las críticas y juicios de quienes nos rodean.

Orígenes

Aun cuando en la infancia temprana, nuestro impulso primero es de amamos totalmente y sin condición, con los años -y debido a la educación que nos inculcan aprendemos que ese amor es sinónimo de egoísmo.

Ciertamente, nos enseñan que el niño bueno, y más tarde la persona que es buena, es aquella que coloca a los demás por encima de sí misma. No obstante, aunque al paso del tiempo las ideas con respecto a nosotros mismos se construyen a partir de lo que los adultos dicen u opinan, ello no implica que debamos cargar necesariamente con tales juicios por el resto de nuestros días. A fin de cuentas, sólo tenemos una vida. De nosotros depende transcurrir por ella como seres que se aman y respetan por lo que son, piensan y sienten, no por lo que el entorno les impone y exige. Debemos determinar nuestro propio valor sin necesidad de dar explicaciones a nadie.

El físico y el papel de la mente

La autoaceptación depende de la manera en que te concibes a ti mismo. La baja autoestima, la autodestrucción, el auto-rechazo, provienen de la percepción negativa sobre lo que somos y, en este sentido, el cuerpo ocupa un puesto principal. Es indispensable miramos al espejo y asumir que nuestro cuerpo es una realidad y nada puede cambiar nuestro aspecto. Por supuesto, ello no significa hacer a un lado cualquier estrategia para vemos mejor -dietas, vestuario, corte de cabello pero debemos ser conscientes de que, en lo esencial, nuestro aspecto físico será siempre el mismo y, por lo tanto, debemos aceptarlo, disfrutarlo y quererlo como es, eliminando las imposiciones sociales y culturales. En este sentido, la mente juega un papel esencial como encargada de determinar la manera en que nos percibimos. Es por ende necesario desarrollar un esquema de pensamiento positivo, ideas que te refuercen como individuo y te permitan alcanzar la verdadera autoaceptación.

Auto-rechazo y rechazo a los demás

El rechazo de nosotros mismos invariablemente trae consigo el rechazo externo. La persona que no se quiere a sí misma se convierte en una pesada carga para los demás. Es sumamente egoísta e infeliz, y acostumbra utilizar a otros en un intento de que éstos le proporcionen la satisfacción de que carece. En efecto, la tendencia a auto-devaluarse no hace más que reforzar los juicios negativos que otros han expresado con respecto a nosotros mismos y reduce las oportunidades de amamos y amar a otros. En sentido opuesto, si te quieres y aceptas como eres, puedes convivir con los demás de manera positiva y ser más feliz. Sabes disfrutar de tu vida. No te lamentas, no eres una carga y tampoco sientes envidia, que no es otra cosa que una manera de colocarte por debajo de los demás, considerarte menos que ellos. La lástima por nosotros mismos inmoviliza e impide alcanzar la verdadera satisfacción.

Responsabilidad

Cierto es que la falta de aceptación por nosotros mismos empieza a desarrollarse muy temprano en la vida, generalmente desde la infancia, pero nada es definitivo.

Si quieres mejorar, elevar la autoestima y alcanzar la verdadera felicidad, es indispensable responsabilizarte de tu propia vida: dejar de culpar a otros por lo que eres o sientes y empezar a elegir caminos más constructivos y edificantes. Sobre todo, es fundamental practicar nuevas respuestas:

. Aceptar cumplidos y gestos de afecto.
. Abrirte a recibir el amor y cariño de los demás.
. Cuidar tu aspecto físico y tu salud.
. Considerarte merecedor de algún regalo.
. Consentirte, tratarte bien.

Con la práctica alcanzamos cierta disciplina para elevar la autoestima. Todos merecemos ser felices. La felicidad es una forma de vida.

Tú no necesitas la aprobación de los demás

Sin duda, cualquiera disfruta del aplauso y reconocimiento externo. Pero existe una gran diferencia entre el deseo de obtener y gozar este tipo de elogios y necesitar de ellos para sentirse un ser humano valioso. La creencia de que la opinión de otros con respecto a nosotros mismos tiene más peso que la propia constituye el tema central de esta segunda zona errónea. En este caso, el objetivo principal consiste en erradicar el síndrome de búsqueda de aprobación de otros: comprender que los juicios externos son sólo eso, externos. Lo que eres depende de lo que tú (y sólo tú) piensas y percibes de ti mismo.

Fundamento y origen

La necesidad de aprobación se basa en la lección que muchos hemos escuchado a lo largo de la vida: "no confíes en ti mismo". Mientras que un niño pequeño requiere efectivamente que los adultos lo reconozcan, también es indispensable que se le refuerce la seguridad en sí mismo. Desafortunadamente, tanto en el hogar como en la escuela, la iglesia y el mismo centro de trabajo impera el mensaje contrario: "jamás te sientas seguro, no confíes en tus decisiones". Nos enseñan que si nos portamos bien, si cumplimos con lo que otros nos exigen, entonces gozaremos de la aceptación externa y, por ende, seremos individuos valiososEsta obediencia ciega genera una incapacidad para elegir y pensar por uno .mismo, para tomar decisiones propias y ser una persona más feliz.

Paralelamente, produce infinidad de prejuicios y la costumbre a juzgar y criticar a los demás. Cuando intentas complacer a otros por encima de todo, terminas por no complacer a la persona más importante: tú mismo. Sin duda, la aprobación externa -el aplauso- estimula y anima a seguir adelante, pero es distinto disfrutar de la aceptación de los demás a sentirte inmovilizado porque no obtienes la aprobación externa que necesitas para vivir.
Conductas típicas de quienes necesitan la aprobación externa

. Cambian de postura o punto de vista en cuanto alguien los desaprueba.
. Suavizan sus comentarios para evitar el desagrado de otros.
. Se sienten deprimidos, angustiados, insultados o humillados cuando alguien expresa una opinión contraria a la suya.
. Son excesivamente amables y aduladores aunque se encuentren en desacuerdo con lo que se dice.
. Dicen cosas que no piensan para evitar que los demás los rechacen.
. Piden excusas continuamente.

- Tú no necesitas la aprobación de los demás -

Consecuencias de este comportamiento autodestructivo
. Colocar la responsabilidad de los propios sentimientos en los demás.
. Eliminar toda alternativa de cambio.
. Eliminar cualquier riesgo que pudiera implicar un cambio.
. Fomentar la autocompasión y la desidia..
. Volver a la infancia y permitirse ser mimado, protegido y manipulado por otros.

¿Cómo modificar esta conducta?

. Si piensas que están tratando de manipularte y disminuir tu autoestima, dilo abiertamente y con claridad.
. Agradece los puntos de vista distintos a los tuyos; son una oportunidad para crecer y madurar.
. Ignora la desaprobación externa y las acusaciones sin fundamento.
. Acepta que la gente no siempre estará de acuerdo contigo.
. No busques siempre el respaldo de otros para actuar.
. N o te arrepientas de lo que digas, confía en ti mismo.
. No te excuses ni te disculpes cuando tu opinión genere desacuerdo u oposición.

Quienes tienen una autoestima sólida, no dependen de la opinión de los demás para sentirse bien internamente. Están seguros de lo que son, conocen sus puntos fuertes y débiles, se sienten cómodos dentro de su propia piel, no necesitan seguir las exigencias de otros y, en cambio, saben tomar sus propias decisiones, son maduros, están conscientes de que, de cuando en cuando, sufrirán la desaprobación de los demás, generalmente de quienes más los aman.

La ruptura con el pasado

Debemos reconocer que, en muchos sentidos, vivimos a través del pasado, estamos atrapados en él. No se trata de ignorar lo que ha sucedido a lo largo de la vida, sino de comprender la necesidad de salir de esta trampa para ser más feliz. Se trata de dejar atrás todo aquello que ha dejado de funcionar en el presente, ya sean maneras de pensar, esquemas de creencias, respuestas habituales o formas de comportamiento que nos dañan.


Creencias y prejuicios

Tenemos la costumbre de colocar etiquetas a todo lo que nos rodea, incluidos nosotros mismos, y nos aferramos a tal grado a ellas que terminamos por creerlas a pie juntillas. Estas ideas y definiciones restringen la libertad individual y obstaculizan el camino para encontrar la verdadera felicidad, para elegir mejores opciones mediante las cuales sea posible mejorar la propia calidad de vida. Para ilustrar este tipo de creencias, basta mencionar algunos ejemplos:
. Soy desordenado. Soy enfermiza. Soy desidioso. Soy irresponsable
. Soy tímida. Soy tonto. Soy inmadura

¿Por qué?

Las etiquetas que cargamos a lo largo de nuestra vida tienen dos orígenes: primero, lo que otros nos han dicho que somos y, segundo, las que nosotros mismos nos hemos colocado por elección personal. Aunque destructivas a largo plazo, las etiquetas ofrecen la posibilidad de evadir aquello que no nos gusta. En efecto, el hecho de vivir en el pasado y actuar conforme a determinadas creencias preestablecidas con respecto a nosotros mismos, nos permite evitar ciertas actividades que nos molestan e incluso pasar de largo algún defecto personal. Mediante las etiquetas, evadimos los riesgos de cambiar y eliminamos el peligro de un posible fracaso. Convencidos de que somos incapaces para actuar de uno u otro modo, cerramos los ojos a nuestra responsabilidad y, simultáneamente, cancelamos toda alternativa de crecimiento y desarrollo.

Estrategias de cambio

- Eliminar los "yo soy" cada vez que sea posible y sustituirlos por frases como "hasta ahora yo había escogido ser así".
- Fijarte metas de conducta para comportarte de manera distinta a como lo has hecho hasta ahora.
- Cambiar y sustituir las siguientes frases:
"Yo soy..." por "Así era".
"No puedo evitarlo" por "Puedo cambiar si realmente lo intento".
"Siempre he sido así" por "Voy a ser diferente".
"Es mi naturaleza" por "Así creía yo que era mi naturaleza" .

- Escribir un diario donde anotas tus comportamientos autodestructivos. Describir no sólo los actos sino igualmente los sentimientos que aparecían cuando te comportabas de esa manera.

Las etiquetas que nos colocamos a lo largo de la existencia determinan, en muchos sentidos, nuestra forma de pensar y conducimos en la vida. De ahí la necesidad de romper con este tipo de ideas que únicamente limitan la capacidad individual. Para sentimos más satisfechos y felices es indispensable explorar todas las capacidades y posibilidades propias sin prejuicios. En otros términos, liberamos de tales etiquetas y descubrir lo que realmente somos y podemos llegar a alcanzar. En ello radica la libertad de opción: todos somos libres para elegir las afirmaciones y pensamientos que mejor nos convengan. La práctica, de nuevo es muy importante: nada mejor que la repetición de ideas para deshacerte de esquemas de pensamientos preestablecidos y nocivos para nosotros mismos. Elige quién eres, qué necesitas y qué deseas alcanzar.

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Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 144 Volumén 2: Claro que tienes el Poder de Cambiar