No des de comer miel a los cerdos...



"Hazte a ti mismo. El León no puede hacerse más León, las piedras no pueden hacerse más piedras. Sin embargo, el ser humano si tiene la cualidad de hacerse más humano a través  de la  Educación."
Aristóteles

Saber elegir con quién comparte uno sus pensamientos, saber escoger a quién se le puede enseñar más luz, siempre resulta en un inteligente cuidado, un sutil desafío para toda la gente que avanza con una nueva actitud de si mismo, con una nueva conciencia. A mí en lo personal, siempre me ha llamado poderosamente la atención una de las frases expuestas en las sagradas escrituras, en Mateo 7:6, cuando afirma contundente: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen". Fuerte. Pero a la luz de la experiencia, afirmación llena de verdad. No se le puede, o mejor dicho, no se le debe, dar de comer miel a los cerdos. Tanto por la salud física del cerdo como por salud emocional del dueño de la miel.

Y no, no creo que en la Biblia se trate de discriminación alguna, de enunciar una frase surgida desde el ego. No creo. Supongo que no debe verse como discriminación, sino simple y llanamente como mera descripción y de sabio consejo implícito. Te comento esto porque una de las frustraciones más comúnmente vividas en la gente Nueva Conciencia que empieza a descubrir un extasiante mundo espiritual, es querer compartir de sus hallazgos y no encontrar curiosa y sana aceptación por quien elegimos para compartir, o más frecuentemente incluso recibir descrédito o mofa. Esto es un fenómeno muy común que hay que saber aceptar amorosamente y seguir adelante sin más.

Hace unos días me escribió un joven apasionado de nuestro taller de autoestima, comentándome su emoción por llevar muchos de los conceptos a su familia y escuela. Este joven apasionado de una nueva conciencia me comentó que cuando en clase pasó a hablar al frente de su salón y empezó emocionado a compartir ideas que había aprendido en el taller, al final dos de sus amigas le dejaron de hablar, y burlándose en chismes de corredor dijeron que era un "chorero" (hablador) y que se sentía muy superior. Este joven, me escribió un poco contrariado con esto que le sucedió y me preguntaba mi opinión, no sin antes comentarme también que él terminó haciendo nada con sus amigas y simplemente imaginó un haz de luz blanca que caía sobre ellas. Por supuesto que lo felicité por su pacífica reacción y porque, en verdad, pocas personas cuando saben que alguien les ataca, eligen imaginar un haz de luz bañando a sus agresores. ¡Esto es propio de los grandes en verdad! Además de que no se molestó en esencia. En la contestación lo felicitaba porque alguien le había dicho "chorero" a tan temprana edad. A mi me lo han dicho muchas veces. 

Algo parecido le sucedió a otra persona que me escribió la semana pasada diciéndome que no tenía a nadie para comentarle los capítulos del taller de autoestima, ni en su casa ni en su trabajo, y de hecho, que en su oficina se burlaban de ella cada vez que reenviaba los correos del taller a sus compañeros de trabajo. Hasta burlas me tocaron a mí cuando me lo comentó. Me reí. En fin. Me pidió mi consejo y me remití sólo a recomendarle: "… pues deja de reenviar los correos con el material del taller y ya!!. Listo. Se acabó el problema". También recuerdo que le escribí una post data: "Ah, y por cierto, recuerda que el taller es para tí. Con eso basta. Y si lo quieres compartir, hazlo desapegándote total y radicalmente del resultado que siga. Saludos". 

Hay que tener cuidado y saber con quién se comparte el crecimiento y los hallazgos, de lo contrario, éste puede frenarse por nuestro obstinado deseo de ayudar a quien no desea ser ayudado en lo más mínimo. Y si una vez es compartido, hay que desapegarse totalmente del resultado. Durante años, muchos, viví lo mismo que estas personas, pero hoy no tengo el más nimio reparo en el reconocimiento de la gente como reacción. Lo que escribo y hablo es por el placer de compartir mis hallazgos y si se sucede la sincrónica sintonía de que otra persona pueda encontrar ayuda en mis palabras y filosofía de vida, lo festejo como mera sincronía y en verdad que me da gusto, pero no más.

Sin embargo, una vez más compruebo que el crecimiento no es para todos. Hay gente que no está preparada para recibir determinado tipo de información. Hace una semana me encontraba acaloradamente deliberando con mi alma gemela el por qué existían las "Ciencias Ocultas" o la "Filosofía Oculta", ¿¡Por qué tenían que ser ocultas?! Si era algo bueno para la evolución del ser, por qué ocultarlo. Y luego de horas de disertación inteligente, no me quedó más otra que entender cabalmente que son conceptos ocultos por lógica elemental. Son conceptos que se ocultan no premeditadamente, no se ocultan con antelación, se ocultan como consecuencia, como lógica desprendida de la referencia primera. Esta diferencia de ocultamiento genera su entendimiento y aceptación. No se puede, ni debe, mostrar lo que la gente no esté preparada a comprender porque podrían moverse sus referencias vitales y con ello desacreditar lo que creen como verdad, con su delicada consecuencia.

Luego de platicar mi viaje con mi adorada alma gemela, me recomendó revisar uno de los libros que recientemente hemos estudiado y me sorprendió releer una gran verdad que explica perfecto lo que viví y muchos también viven, cuando Annie Besant, la autora, afirma en su más que extraordinario libro El hombre y sus cuerpos, algo de tremenda revelación, hablando de evolución del hombre, y que quiero compartir aquí contigo en forma literal. Cito:

"Si estudiamos a un hombre muy poco desarrollado, veremos que la actividad mental consciente es pobre en calidad y limitada en cantidad; obra en el cuerpo físico por medio del cerebro grosero [grotezco] y del etéreo; hay acción constante en lo que se refiere al sistema nervioso, visible e invisible; pero esta acción es de clase muy tosca, pues en ella hay muy poco criterio y muy poca delicadeza de tacto mental; existe alguna actividad mental, pero es de una especie, por así decirlo, muy infantil. Se ocupa de cosas insignificantes; se divierte con ocurrencias muy triviales; las cosas que llaman su atención, carecen de toda importancia; se interesa en los objetos pasajeros; le gusta asomarse a una ventana y mira a una calle concurrida, reparando en la gente y en los vehículos que pasan, haciendo observaciones sobre ellos, y divirtiéndose mucho si una persona bien vestida tropieza y cae en el lodo, o si un coche que pasa lo llena de barro. No tiene en sí mismo mucho para ocupar su atención, y por tanto, siempre está saliéndose fuera [de sí] a fin de sentir que está vivo; es una de las cualidades características principales de este grado inferior de evolución mental…".

Mejor y más precisa descripción de alguien primitivo no he encontrado, delinea un perfil con maestría y precisión realmente admirables. Esta célebre teosofista, Besant,  escribió su libro en 1893, y cuando se expresan verdades esenciales, estas son para toda la vida rebasando todo límite del tiempo. Por lo mismo que te he compartido aquí, hay mucha gente que no puede estar sola, porque hay tanto vacío en su interior que permanecer un rato en soledad le confrontaría con ese vacío que resulta tan doloroso, y por ello siempre quieren estar con alguien, incluso lo necesitan. Lo contrario es hermosamente valedero: cuando alguien incluso procura su soledad y la disfruta intensamente, suele ser por su riqueza interior; su gran desarrollo mental y espiritual, le regocijan al sentarse a solas, cerrar sus ojos y deleitarse con su exquisito y abundante manjar de ideas profundas y reflexiones valiosas que lo pueden ensimismar por incomparables horas. 

La gente que ha cultivado su mente y su espíritu, puede estar a solas por mucho tiempo, de hecho, lo desea y lo necesita con frecuencia. Quien funciona como mero cuerpo físico, sin cultivar su mente o espíritu, suele vivir muy preocupado por lo que pasa "afuera", generando o esparciendo rumores y chismes, burlándose de los demás, mofándose de algún concepto que no entiende; esto le resulta entretenido para así no confrontarse con el vacío de su interior que es su otra opción. 

Alguien con Nueva Conciencia rica en su interior, no alcanza a ver ni a participar de rumorologías, mofas, críticas o albures ya que éstas se mueven en un espacio exterior tan ajeno a a su universo, su exquisito e infinito interior, que no se distrae con las minucias de fuera. A alguien con Nueva Conciencia sus prioridades y su enfoque de atención ¡le cambian tanto! De afuera hacia dentro. El cambio es radical. Alguien que vive solo para "afuera" no puede entender nunca a alguien de una rica Nueva Conciencia interior. Y alguien de Nueva Conciencia debe entender amorosamente, por su misma riqueza interior, la falta de evolución del otro. Todo está bien.

Besant continúa: "…una de las cualidades características principales de este grado inferior de evolución mental es que el hombre obra solo con el cuerpo físico y lo emplea como único vehículo de conciencia; siempre está percibiendo sensaciones violentas; necesita asegurarse de que siente y aprende a distinguir las cosas recibiendo de ellas sensaciones fuertes y vívidas. [Por ello este tipo de personas gozan tanto y casi en exclusiva del sexo y las palabras referentes al mismo, como suelen ser los albures (hablar en doble sentido). Por ello también, su conversación no suele pasar de recomendar determinado alimento o bebida. Su conciencia es tan solo a nivel de lo sensible]. Los tipos inferiores de este estado […] hacen alguna que otra vez observaciones repentinas y suelen reírse a carcajadas de un modo vacío de sentido".

Hay tan poco tiempo en una vida, que quizá una labor inteligente en virtud de su buen empleo, sea tener cuidado para saber elegir con quién compartimos lo que sabemos o lo que somos. Sugiero elegir a quien ha progresado, es decir, a quien ha avanzado en la virtud; elegir a alguien con quien nos deleitaremos en el arte de la verdadera conversación, donde se aporta y se recibe, donde se enseña y se aprende, donde hay gozo espiritual al sentir la conexión compartiendo dos riquezas internas de amorosa comprensión mutua; tener cuidado en elegir con quién comparto mis reflexiones es no sufrir la costumbre de formar grupos vibratorios inconexos.

Pienso que cuando el ser humano elige avanzar adquiriendo cada vez una Nueva Conciencia de lo que percibe como realidad, cuando el ser evoluciona a un nivel elevado con referencia al término medio de la humanidad, pero inferior comparado con el que aspira obtener, cuando la persona elige desarrollarse como tal e invitar a sus congéneres a dicho crecimiento con total desapego del resultado, cuando descubre que la superación personal es precisamente personal e intransferible, surge una alegría de saberse ser humano, siendo el único ser que puede ser más de lo que siempre a sido, a propia voluntad. 

Saber que el crecimiento más auténtico es interior y que existe como un camino exquisitamente interminable y elegirlo como constante hasta encontrar a Dios, pienso que eso es encontrarse con nuestro verdadero ser, este encuentro ha de ser la más sublime fuente de… ¡Emoción por Existir!

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 107 Volumén 2: Cuidado con quien