Ley de Atracción: deja de enfocarte en los problemas


Ella empezó "de cero"

Liz, mi amiga de la universidad, había vivido con su esposo, durante años, en un área residencial de la ciudad. Se ocupaba de sus dos hijos y trabajaba como voluntaria para algunas organizaciones humanitarias.
Cuando su esposo Luís murió, Liz se enfrentó a la tarea de tomar algunas decisiones muy difíciles. Tenía tres décadas de no trabajar fuera de su casa, pero era absolutamente necesario que ganara algo de dinero. La familia se había mudado a una nueva casa muy grande apenas tres años antes de la muerte de Luís, una casa que requería de pagos mensuales muy altos, pero que había sido comprada con un enganche muy bajo, de tal modo que venderla para comprar otra casa más pequeña, que requiriera de pagos mensuales menores, no era una buena opción ya que, con una transacción así, se perdería mucho dinero. La peor parte del asunto era que Luís había dejado un seguro de vida muy pequeño.

De repente, Liz se encontró en una situación muy difícil. Si vendía la casa, no le quedaría dinero suficiente como para poder comprar otra. Los hijos se habían ofrecido a ayudar, pero eso sólo le proporcionaría un alivio temporal. El único talento que Liz poseía era su habilidad para pintar. Era una artista consumada en la técnica de la acuarela y hacía unos cuadros preciosos de paisajes. Nunca había vendido mucho, excepto entre sus amigos, pero ahora se encontraba ante la tentadora posibilidad (además de la necesidad) de convertirse en una pintora profesional de tiempo completo. Como es una mujer muy valerosa, decidió lanzarse de lleno a su nueva profesión, a pesar de las protestas de sus hijos, quienes insistían en que buscara un trabajo más tradicional, como el de vendedora en una tienda departamental.

Entre lo que Luís había dejado, unos cuantos ahorros, y lo que sus hijos le pudieron prestar, Liz había reunido el dinero suficiente como para sobrevivir aproximadamente un año. Pero cada vez que hablábamos, me decía: "Caramba, no he vendido nada todavía. No sé si esto me vaya a funcionar o no. Tengo que vender algún cuadro pronto, o no sé qué voy a hacer".

Liz no estaba estudiando el flujo de la energía, ni le interesaba hacerlo. Escuchaba atentamente mis sugerencias, no siempre muy amables, de que dejara de enfocarse en su actual situación negativa (la falta de ventas) y empezara a concentrarse seriamente en lo que quería y en cómo la hacía sentir ese deseo. Hablamos una y otra vez, y el mismo número de veces, Liz me dijo: "No creo que pueda soportar esta situación mucho tiempo más. Me estoy poniendo tan nerviosa que no puedo siquiera concentrarme en lo que estoy pintando. ¿Qué voy a hacer? Estoy aterrada".

Un día no pude resistir más y actuando con verdadero "amor apache" hacia una queridísima amiga, empecé a hablar en voz baja, lenta y muy firme. "De acuerdo, amiga mía, si quieres hundir tu propio barco, está bien. Yo me lavo las manos. Disfruta tu desgracia, pero no vuelvas a llamarme para contarme tus problemas. Tú podrías darle la vuelta en un santiamén si dejaras de quejarte, así que cuando estés lista para ello, llámame. Y lo digo en serio, no más llamadas, hasta que estés lista para tomar el control". Me sentí como un villano, pero me negaba a convertirme en un eslabón más de su Cadena de Dolor.

Durante tres semanas, se mantuvo en silencio mi conexión telefónica con ella. Cuando llegó la llamada, sentí ganas de llorar: "Está bien. Tú ganas. Me doy por vencida. ¿Qué tengo que hacer?". Primero la hice hablar de todas las cosas que no quería. Eso fue fácil: no quería perder la casa, no quería perder el respeto de sus amigos y de sus hijos, ni la oportunidad de pintar profesionalmente.
Entonces, empezamos con los "quiero", uno por uno. Nos centramos primeramente en la casa, que era lo más apremiante y continuamos con todo aquello para lo que requería dinero. Liz no podía hablar de nada más porque en el dinero era en lo que había estado pensando todo el tiempo. Sus cuadros no se estaban vendiendo, así que todo el dinero se había estado yendo en la dirección equivocada..., ¡y se había acabado! "Muy bien, Liz, lo primero que tenemos que hacer es que te sientas bien, para que vibres de manera diferente."

"¿Sentirme bien? ¿Bromeas? ¿Cómo puedes esperar eso de mí, cuando estoy perdiendo todo lo que Luís y yo logramos reunir durante toda la vida? Por eso te estoy llamando, para que me digas cómo puedo vender mis pinturas. Si empezaran a venderse, todo se arreglaría y yo me sentiría tan bien como quieres que me sienta."

Ése era precisamente el problema. Todo lo que Liz podía ver frente a ella era la carencia de lo que queríaCuanto más miraba a su alrededor lo que no tenía y todo lo que parecía que no iba a llegar nunca, peor se sentía. Y cuanto peor se sentía, más desesperadamente corría en círculos, y cuando trataba de cambiar las cosas, se sentía peor y menos se vendían sus cuadros. Estaba enfocada entera y continuamente en las sombrías condiciones del momento, creyendo que eran la suma total de su realidad. Los hechos eran hechos. Su intento de sostenerse ella sola; por medio de su trabajo artístico, no estaba funcionando. "Tengo que enfrentarme a la realidad", me dijo suspirando con resignación.

Pero yo insistí, y finalmente logré que aceptara que habláramos sobre por qué quería conservar la casa, aunque a ella le pareció que era un enorme disparate hablar en esos momentos sobre cómo se sentía al respecto. "Muy bien, muy bien, quiero conservar la casa para no tener que mudarme." (Ése era un "no quiero", pero decidí no confundirla con esos detalles.)

"¿y por qué no quieres mudarte?". De pronto, pareció suavizarse al decir: "Bueno, porque Luís y yo amamos este lugar y siento que mientras viva yo aquí, él seguirá a mi lado". (Su resistencia a sentir energía positiva parecía disminuir). "Nada de esto tiene que ver con cómo me siento..., excepto cuando Pienso cómo voy a pagar las deudas."  Poco a poco, Liz comenzó a trabajar más en su amor por la casa, hasta que oí en el tono de su voz un sentimiento de alegría. Se estaba sintiendo bien y algo más: su válvula comenzó a abrirse por completo.

-iLiz detente! Justo en este momento quiero que sientas lo que estás diciendo.

-¿Qué quieres decir?

-¿Cómo te sientes con lo que me estás diciendo? -Bueno, ¡maravillosamente, desde luego!  Me siento protegida, cuidada... ¡Dios mío, me siento segura! ¡Oh, sí! ¡Me siento contenta y segura!

-¡Bien! ahora, mantén ese sentimiento. ¿Lo tienes? -Sí, ya lo tengo.

-Se siente bien, ¿verdad?

-Seguro, se siente sensacional.

-Muy bien. Desde ese lugar de seguridad, desde ese sentirte tan bien, piensa cómo te  sentirás cuando puedas pagar la casa con toda facilidad. No te preocupes de cómo vas a  hacerlo. No te preocupes si no puedes hacerlo ahora mismo. Hacia dónde vayas no tiene  nada que ver con punto en el que estás ahora. ¡Nada! Tienes que recordar eso. Esta condición en la que te ves ahora no significa nada. De una vez por todas, cambia tu enfoque y retira tu atención de eso porque no te está permitiendo llegar a donde quieres ir. ¿Lo entiendes?.

-Creo que sí, pero, ¿cómo?

-iNo te preocupes por el cómo! Tu único trabajo es encontrar formas de sentirte bien, y olvidar todo lo malo que está sucediendo. Trata de encontrar formas de sentirte un poco mejor, y un poco mejor, y un poco mejor, hasta que te sientas completo, cuando  te sientas completamente bien, en ese momento piensa en hacer con facilidad esos pagos de tu casa. ¿Puedes hacer eso?

-No sé...

-Muy bien, ¿Cómo te sientes al saber que puedes hacer esos pagos? 

-¡Sensacional!

-Por supuesto. Piensa en la gran emoción de vender tus cuadros, pero no lo hagas desde el sitio: "Tengo-que-hacerlo; tengo-que- hacerlo", sino con un: "¡Lo ESTOY haciendo!".  Al pensarlo desde esa perspectiva, ¿cómo te sientes? Aquí hubo una larga pausa. Entonces     me dijo:

-Oh, caramba, más libre que nunca. ¡Me siento en el cielo! -¡Muy bien! ¡Ése debe ser el     sentir! Eso es lo que quiero que continúes haciendo..., siente así las cosas..., todo el tiempo.    Liz, deja de enfocarte en las condiciones negativas actuales. Deja de mirarlas, deja de pensar en ellas, eso sólo te hace sentir peor. Tienes que recordar que tu único trabajo es sentirte bien. ¡Punto! Entonces, deja que el universo se encargue de lo demás.

Liz se sintió tan maravillosamente bien al pensar en su casa y en cómo Luís y ella la habían amado, que pudo recrear ese sentimiento con toda facilidad. De cualquier modo, fue así  como ella empezó.

Transcurrieron tres meses y el pago de una cuenta de teléfono que habría matado a cualquiera. Al final de ese tercer mes (que coincidió precisamente con el final del año que Liz se había puesto originalmente como plazo para demostrar que podía ganarse la vida pintando), mi amiga no sólo había vendido suficientes cuadros como para quedar protegida por algún tiempo más, sino que tenía un entusiasta promotor de obras de arte que le estaba ayudando a preparar su primera exposición en su ciudad, y había recibido como adelanto una cuantiosa suma de dólares, para pintar un pequeño mural en un edificio de oficinas privadas.

Liz entendió el mensaje y ahora es muy cuidadosa respecto de la energía que produce y que fluye de ella. En realidad, no estoy muy segura de quién de nosotros dos se sintió más emocionada con el resultado.

Nuestros queridos problemas

Liz había estado haciendo lo que hacemos todos: dar vueltas y vueltas, como pollo al rostizado, mientras trataba de arreglar las circunstancias del momento que la asustaban. Como una persona que se está ahogando y que lucha con el salvavidas, cuanto más se asuste y más desesperada se sienta, más difícil le resulta combatir la energía negativa para encontrar formas de remediar su situación.

Liz, miraba el desastre en el que estaba metida (sus desastrosas condiciones), todo lo que le disgustaba, y se preguntaba con desesperación cómo cambiarlas por medios físicos "normales" y cuanto más trataba de arreglar las cosas, más energía negativa producía y más empeoraba todo. Hacia cualquier sitio que volteara, dentro del agujero negro en el que se había metido y que consideraba su realidad, no veía más que cosas sombrías.



A todos nos ha sucedido. Cuando las cosas se ponen difíciles, o nos dedicamos a lamentamos por lo que sucede, o nos apresuramos a buscar formas de ejercer el control sobre los daños causados. Se trata de arreglar las cosas, de mejorarlas, de rectificar los posibles errores. Quién de nosotros no ha murmurado: "Si sólo pudiera cambiar las cosas, ¡todo estaría mejor!". 

Nos encanta arreglar cosas, estamos adecuadamente entrenados para responder a las condiciones que aparecen frente a nosotros. Pero arreglar las cosas es resistirse a nuestra energía natural. Arreglar las cosas es una válvula cerrada. Arreglar las cosas es producir energía negativa.

El reto es desviar el enfoque del objeto que nos causa ansiedad o enojo, y sustituirlo por un sentimiento más feliz de lo que queramos. En otras palabras, necesitamos dejar de arreglar y empezar a sentirnos bien.

Por ejemplo, supongamos que el techo de tu casa está viejo y necesitas cambiarlo, pero no tienes el dinero para hacerlo, al menos por el momento. No obstante, se acerca la temporada de lluvias y el problema se vuelve apremiante. Además, tienes problemas con el automóvil y el pago de impuestos atrasados.  Por tanto, estás en un bache de condiciones desagradables, ninguna de las cuales te va a hacer sentir particularmente feliz cuando pienses en ellas. Pero si piensas en ellas, y sigues pensando en ellas de cualquier modo, desde luego, se volverán más grandes.

Todas esas condiciones negativas a las que llamamos cariñosamente "problemas", no son más que molestos "no quiero", pero tan comunes para todos nosotros, que forman parte de nuestro mundo, los asumimos como si fueran una parte de la vida. De hecho, los llevamos como placas de identidad, una especie de reconocimiento en el lamentable juego de quién puede ser la peor víctima. Y; naturalmente, cuanto más nos lamentemos o nos jactemos de ellos, más grandes se volverán.

Algunas condiciones negativas son problemas serios, otras son simplemente molestias menores; sin embargo, sin importar lo que sean, todas prevalecen en nosotros y contaminan cuanto hacemos, hasta que se vuelven una forma de vida. No obstante, las condiciones negativas no son más que el resultado de nuestro enfoque en el pasado..., y de nuestros sentimientos..., y la energía fluye. Eso es todo lo que son. El fluido de energía negativa fue la causa, y las condiciones desagradables son el efecto.

Sólo hay una forma de detener el desastre que hay en tu vida, e impedir que se vuelva peor: deja de enfocarte en los problemasSi puedes aceptar -desde lo más profundo de tu ser- que tus problemas no son causados por tu pareja, tus inquietos hijos, los impuestos que tienes pendientes, o el alcohólico que te encontraste en la calle, entonces tendrás la oportunidad de borrarlos de la misma forma en que los atrajiste: mediante tu fluido de energía. Sólo que esta vez a través de una vibración realmente diferente.


No voy a ir en contra de nadie. Este asunto es muy complicado. Empezando por -y respondiendo a lo que tenemos frente a nosotros es como actuamos, lo que hacemos. Para cambiar eso, es necesario renunciar a nuestros queridos derechos a tener -y sufrir por ellos- nuestros preciosos problemas.

Bueno, no temas. Mientras seamos seres físicos, siempre tendremos que enfrentamos a condiciones que no nos gusten, ni queramos (de otro modo, estaríamos viviendo en Similitud -Capítulo 95- ), así que siempre habrá muchos problemas a nuestro alrededor, en los cuales puedes enfocarte si quieres sufrir ocasionalmente e inundarte de energía negativa (como confieso que a mí me gusta hacer de cuando en cuando). Pero nuestra meta ahora es cambiar la forma en la que reaccionamos ante las condiciones no deseadas, para que dejen de ser el punto central de nuestras vidas.

Continuará...
Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capitulo 96 Volumén 2