Un Gran Secreto: Simple parte I


“Un mundo nuevo no es más que un nuevo modo de pensar."-Willian C.Willian
Vivir una vida con sencillez y simpleza. Este es un gran desafío para nuestras costumbres, pero eso sí, una vez logrado, nos adentramos en el verdadero sendero de la felicidad. Hoy afirmo esto sin duda alguna.
En nuestra cultura actual, muchos de nosotros aprendimos a ser un triunfador, a ser una persona realmente exitosa por aquello que lográbamos. Una trampa más del Ego a fin de cuentas.
Desde muy pequeños se nos enseñó a que ser el mejor era lo más importante y durante muchos años, varias figuras públicas y líderes de opinión han alimentado esta creencia. Tener más y demostrarlo, ese era el secreto del éxito. Incluso, hoy en día (Enero, 2006) me alarmo ver cómo se siguen publicando libros y revistas en donde se le enseña a la gente a triunfar teniendo más y más. Acumulando riqueza como sinónimo de éxito. Y me alarma por lo que hoy compartiré contigo.
Por supuesto que no estoy peleado con la riqueza material, no en absoluto. De hecho, la genero, la disfruto y la comparto. Pero la gran diferencia consiste en vivir esa riqueza material con una Nueva Conciencia de dicha riqueza. Sabiendo que aún así, la vida puede ser sencilla y simple. Y es más, esa sencillez y simpleza entonces adquieren un sabor exquisitamente más saludable. Veamos por qué digo esto.

A lo largo de mis años de estudio en el apasionante mundo de la superación personal y el desarrollo humano, en todas, absolutamente en todas las personas que han sido verdaderamente exitosas, he observado que les caracteriza una gran capacidad para desprenderse de las cosas que tienen y una franca libertad en su vida, resultado de vivir con pocas o ninguna atadura material. 

Una de las más grandes manifestaciones de evolución espiritual en un ser humano, como estoy aprendiendo en mi vida actual y continúo es la capacidad de no necesitar nada. Y he aprendido que la sensación de necesitar es el resultado de querer tener más y mejores cosas. Ahí entra en juego otra vez nuestro ego. El ego, tan alimentado por la mercadotecnia y publicidad actuales, siempre quiere tener lo último, lo más moderno, lo más sofisticado, y así se sucede un juego de nunca acabar. Y lo que nunca acaba no es precisamente el juego, sino la ansiedad y preocupación que el juego genera. 

Tal vez por eso, las personas más espirituales que he conocido me han enseñado a no ver televisión ni alimentar mis pensamientos ni mi corazón con la enfermedad que genera el ego: ansiedad, preocupación y temor. Sino más bien todo lo contrario, me han enseñado a vivir una vida con mayor ligereza, con mayor simpleza, con mayor paz a fin de cuentas. Y es que, como lo he comentado en varias de mis publicaciones y conferencias, esa gran dualidad que vivimos: Ego-Espíritu, siempre nos hará buscar dos objetivos distintos. El ego busca Ganar. El espíritu busca Paz. Eso es todo. Y la diferencia en calidad de vida es tremendamente significativa. 
Hace muchos años, cuando yo todavía no conocía varias verdades de esta Vida, confieso que era un digno representante de la sociedad de consumo actual. Cualquier amigo o amiga que tuve en mi pasado puede dar fe de lo que aquí expreso. Yo era una de esas personas que cuando salía al mercado una nueva computadora, con mejores funciones, con más velocidad en su procesador, con mucha mayor capacidad de memoria, de inmediato la compraba. Era la sensación que tanto disfrutaba mi ego de tener la mejor hasta el momento. No fue sino años más tarde que descubrí que cada tres meses salía una computadora más sofisticada y con tecnología más avanzada. Así llegué a comprar cualquier cantidad que prefiero omitir. Y lo mismo me sucedía con el software de dichas computadoras. Siempre quería lo último, lo más reciente, lo mejor hasta el momento. 

Mucho, más y mejor, las tres Ms que generan ansiedad producida por nuestro ego. Luego de tantos cambios de computadoras en mi vida, llegué a una conclusión que todos estos cambios me generaron: vivía una acrecentada ansiedad. Yo era de esas personas que incluso dejé de dormir por toda la noche ¡y esto lo hice varias veces! hasta no ver funcionando perfectamente algo que había fallado en mi computadora. Todo el día siguiente era un auténtico zombie, con todas las nefastas consecuencias que esto acareaba. De hecho, ahora que te lo estoy confesando, hasta cierta pena me da. ¡Cuántos errores cometemos cuando no sabemos lo que verdaderamente importa en la Vida! Hoy, todavía me admiro que, habiendo mejores computadoras que la que tengo mucho mejores he preferido ya ni moverle. Aprendí que genera tanta angustia actualizarse en estos sistemas, como a un pez sacarlo del agua por varios minutos. La paz se pierde totalmente. Vamos, ni se puede hablar de paz cuando se vive bajo la prisión del ego, siempre queriendo mucho, más y mejor. 

Hoy, me admiro que conociendo más y más de sistemas computacionales, he preferido solo observarlos, pero ya no adquirirlos. Hoy he aprendido a desprenderme de esa tonta necesidad de las 3 Ms. Hoy hasta me resulta increíble que cuando pienso en una computadora, ahora ya solo pienso: ¿Tiene un programa cualquiera donde pueda escribir y ya? Sí. Entonces, es todo lo que necesito. No más. ¿Y si se va la luz? ¿Tiene no-break? ¿Dura lo suficiente su batería? No sé. Bueno, en ese entonces, tomo una simple hoja de papel en blanco y mi lápiz. Eso es todo. No me enojo, no me angustio, no me preocupo. Todo está bien. Hoy, si falla mi computadora porque le entró algún virus, simplemente la apago y me voy a tomar un café con mi mejor amigo. Me espero a que pase el fin de semana para que a la semana siguiente, le busque solución. Si se arregla, qué bueno, si no, pues ya se encontrará solución con algún experto que luego buscaré. Todo bien. Todo en orden. La vida sigue siendo bella. 
Esto me pasa hoy, cuando hasta hace un par de años, si algo fallaba, rápidamente llamaba a mis conocidos expertos en sistemas de computación y los invitaba a que fueran de inmediato a mi oficina hasta que quedara todo resuelto. Así sucedió muchas veces. Muchas veces nos quedamos hasta altas horas de la madrugada intentando arreglar el desperfecto para que, hasta el final, se solucionara con la radical y dolorosísima opción de reiniciar la computadora con el software original; horas y horas previas que se perdieron en la nada del absurdo. 

En nuestra época actual, ¡cuánto puede depender un ser humano de una computadora y cuánto tiempo puede perder en ella! Pero hoy he descubierto que esa dependencia es por no conocer que hay algo mucho más valioso e importante que la más terrible pérdida de información en una computadora. Muchas horas que pasamos frente a la máquina podrían invertirse en amar a alguien... ¡seríamos grandes amantes! 

Quise comentarte este ejemplo de computadoras por suponer que si me estás tomando el taller de autoestima desde Internet, es muy posible que te haya pasado algo similar. Pero este ejemplo, es meramente un ejemplo más de los muchos que hay en la vida cuando vives inmerso en las trampas del ego. Te citaré varios ejemplos de la vida diaria más adelante. En tu forma de vestir, en tu forma de trabajar, en todos los bienes materiales que te gusta adquirir, hasta en tu cuerpo, puedes encontrar trampas del ego que te hacen llevar una vida complicada y llena de necesidades para que logres sentirte bien. ¡Ja! ¡¿Sentirte bien?! Esta es de las ironías que descubres cuando empiezas a crecer espiritualmente: todo aquello que antes creías te ayudaba a sentirte bien y más seguro, son esas cosas precisamente las que te alejan de la más auténtica seguridad y bienestar. Poco a poco, conforme vas creciendo y desarrollándote espiritualmente verás que menos significa más. En tener menos dependencia de las cosas y las personas, más paz experimentas en tu vida. Esto apréndelo de una vez por todas. 

Y es que en la preciosa evolución espiritual de un ser humano, vas descubriendo que cada vez necesitas menos y menos. Cada vez te van a sobrar más cosas. Cada vez te puedes desprender de más y más. 

Bien sé, con todo respeto a ti, mi querido lector, que si estas líneas te resultan un tanto extrañas, es perfectamente normal que así te suceda, sobre todo si todavía no ha llegado tu momento de despertar a una Nueva Conciencia. Si todavía te sigue motivando en tu trabajo un mejor nombramiento, más dinero a ganar, demostrar que tú eres el mejor, y todo ese tipo de necesidades del ego, pues por supuesto que puedes pensar que en esta ocasión me fumé algo más allá de lo permitido públicamente por las autoridades del sector salud. Pero no. Dejémoslo ahí. Estoy en mi más pleno momento, y poco a poco, adquiriendo un mayor compromiso con la sencillez. ¡Hoy me sobran tantas cosas! Mismas cosas que antes sentía imprescindibles para vivir bien. La vida cambia, sin duda. O mejor dicho, cambiamos en la Vida. Allá afuera todo está igual, pero en nuestro interior, las prioridades cambian. Y cambian conforme uno va descubriendo el gran secreto: una vida simple. 

Del Taller de Autoestima Volumén 1 de Juan Carlos Fernández