Renovación


"La costumbre, la rutina y la monotonía son los grandes enemigos de la renovación y pronto acaban con la emoción de seguir adelante." - Alejandro Ariza Z. 

El diccionario define la palabra renovación como: "Hacer de nuevo una cosa o volver a su primer estado".
Esta acepción fue la que me hizo reflexionar sobre el apasionante reto que tenemos todos los seres humanos para renovamos, para renacer diariamente en nuestra vida y así evitar caer en la costumbre, situación que generalmente termina desmoronando la emoción por existir. La fuerza que se requiere para lograr una auténtica renovación en nuestra vida radica en nuestra capacidad para volver al punto de partida y hacer las cosas con la pasión de "aquella primera vez".
Éste fue el tema que desarrollé en una junta que tuvimos en la empresa. Resultó ser una reunión muy halagadora para todos mis colaboradores, a quienes les reconocí su continua actitud de renovación y cambio.
Les explicaba que la única manera de mantenerse actualmente en el mercado es renovándose, ofrecer nuevas opciones. Re­novarse o morir. De hecho, aproveché esa junta para felicitar a uno de mis más extraordinarios colaboradores. Se trata de un ser fantástico por su enorme compromiso y su gran disposición de servicio, pero lo más impactante es que a un año de haber entrado a la empresa sigue manteniendo la misma actitud de entrega y colaboración como el primer día en que entró a trabajar con nosotros. En ello radica su talento. 

Es muy común y hasta cierto punto lógico que el primer día que hacemos algo lo llevemos a cabo con una enorme pasión y con ganas de realizado muy bien. ¡Caray!, se trata de nuestro primer día en la empresa en la que tanto queríamos trabajar, resulta ser un día verdaderamente mágico y esto se debe a que todo es nuevo para nosotros. Los compañeros con quienes convivimos en esa primera ocasión, nuestros jefes y co­laboradores son nuevos. Las responsabilidades, derechos y obligaciones también son nuevos. Es entonces cuando la magia comienza a aparecer. 

Lo nuevo emociona, y esa emoción hace que nos sintamos vivos, útiles e importantes. Durante nuestra primera semana de trabajo tratamos a nuestros jefes de manera extraordinaria, hacemos uso de una gran prudencia en todos nuestros actos, realizamos las cosas lo más eficientemente posible, con gran rapidez de respuesta ante las solicitudes que nos hacen, tratamos a los clientes como reyes. ¿Recuerda cómo trató a su primer cliente, cualquiera que sea el giro en el que trabaje? Pues a esa emoción me refiero al hablar de la magia de la primera vez. 
En mi experiencia profesional he tenido la oportunidad de observar la evolución de varios de mis colaboradores. No se imagina lo satisfactorio del comportamiento y del compromiso humano que mostraban, pero tan sólo en la primera vez. Ese primer día llegué a pensar que algunos de mis nuevos colaboradores estaban "clonados": a la misma persona la veía en varias partes casi simultáneamente. Lo que ocurría es que era tanta su emoción (por lo nuevo) que se movía rápidamente, ejecutaba sus tareas con gran velocidad de respuesta, iba y venía, subía y bajaba sin mostrar cansancio o hartazgo. Sin embargo, el tiempo pasa y la lógica evolución conlleva el riesgo de caer en la costumbre si se hace siempre lo mismo. 

He tenido la oportunidad de observar la consecuencia de esa evolución en varias personas pero, por suerte, en los de otras empresas (no tome como arrogante mi pos­tura, más adelante le comentaré la fórmula para evitar caer en la costumbre, la cual ya he aplicado en mi empresa y en mi vida personal). El resultado de esa falta de novedad en el trabajo y desempeño de alguien es que después, en lugar de parecer un clon, parece "fotografía": siempre igual. Casi no se mueve de su lugar. ¡Peor aún si lleva uniforme! En ese caso realmente parece una fotografía y sólo lo salva, para distinguirse, el hecho de que esté respirando. ¿No ha llegado a advertir que alguno de sus colaboradores parece que está disecado? Casi, ¿verdad? ¿Qué pasó? ¿A dónde se fue la emoción que nos hacía actuar y tener iniciativa? Pues le tengo una sorprendente respuesta: ¡No se fue a ningún lado! ¡A ninguno! Lo que sucede es que la emoción, la pasión y la admiración por hacer lo que iniciamos quedaron cubiertas por la densa bruma y sombra de la costumbre. La monotonía aborta un renacimiento. La rutina opaca nuestro espíritu de renovación. 
Lo expuesto también es perfectamente aplicable en el ámbito de la pareja. ¿Qué tal eran las cosas en los primeros días de su noviazgo? ¿Qué tal en las primeras semanas de matrimonio? ¿Qué pasó después? ¿Qué pasa meses o años más tarde? Respuesta: empiezan los reclamos. Pero le garantizo que esas reclamaciones, aunque pueden ser aparentemente distintas, tienen todas un común denominador, todas podrían originarse del mismo reclamo: "Ya no me quieres como antes..... ¿Lo ha escuchado por ahí? ¿O alguno parecido? Pues bien, a eso me refiero. Cuando aparece "la costumbre", ésta origina el distanciamiento entre dos grandes amigos, cuando se presenta la rutina se enfría una relación de pareja y se pierde la pasión, cuando surge la monotonía desaparece la emoción por convivir y estar juntos. Así es.

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Del Taller de Autoestima Volumén 1 de Juan Carlos Fernández