Date Cuenta: Todo Está Bien parte II


Parte I


Desde hace varias horas en que decidí sentarme a escribir, percibí que la inspiración no me llegaba tan fácilmente como en otras ocasiones. Algo dentro de mí me dijo "no importa, siéntate y escribe". Y todavía me encontraba renuente porque no justificaba del todo sentarme frente a mi computadora sin una idea clara de lo que quería compartir en esta ocasión. Sin embargo, una voz interior seguía diciéndome: "Ya siéntate y escribe". Y pues exactamente así estoy ahora mismo. Hoy más que en ninguna otra ocasión de mis sesiones de escritura, estoy meramente obedeciendo a lo que empieza afluir a través de mí. Percibo ciertas órdenes y simplemente he decidido obedecer. Esta sensación que estoy experimentando en este preciso momento, es tan extraña, tan placentera, brindándome una gran seguridad dentro de mi personal sensación de incertidumbre, tal vez por eso experimento como extraña esta sensación. Pero sí te digo algo, es fantástica. Es como ir caminando en la cuerda floja con los ojos vendados y sin una red debajo, pero al mismo tiempo con la sensación de que Alguien te va llevando de la mano y sólo te pide esto: "Confía". 


Tal vez eso es lo que necesitamos hacer los humanos que verdaderamente queremos ser más humanos. Hoy sé que esto debe ser la famosa iluminación. Un poderoso y fortificante cambio en el interior de la persona, a tal grado, que todo el exterior se ve distinto. Eso me está pasando desde hace muchos meses. Eso me gustaría que te pasara. Me gustaría, por el exquisito placer de compartir, pero tú sigues (y seguirás) conservando en enorme privilegio de elegir aceptar esta invitación a vivir una Nueva Conciencia o no. Tú siempre seguirás siendo el rey y soberano de tu propia vida. Tú ves la vida tal cual deseas hacerla, consciente o inconscientemente. 

Estoy impresionado por la causa que lleva a las personas a consultar ayuda profesional psicológica, y mi mayor impresión es la coincidencia de que en muchos de ellos se sucede exactamente el mismo fenómeno. Eso es lo que me ha llamado la atención, personas de muy distintas edades, hombres y mujeres, pero que ha coincidido que buscan solución a el mismo problema, o mejor dicho, con la misma percepción de lo que creen un problema. Todos deprimidos, con sensación de desesperanza y angustia, unos porque no se sienten correspondidos en el amor que juzgan merecer. Se sienten usados por otra persona, y sienten que si su pareja se les va, entonces la vida entera se les va para ellos. Otros atados a la falta de dinero, realización ó reconocimiento. 

Hoy identifico esto casi como demencia. No saben quién son. Y lo identifico tan bien porque lo he vivido. Alguna vez en mi vida, en mi pasado, viví intensamente un amor. Sé perfectamente lo que implica y lo doloroso que puede ser un rompimiento. Lo sé perfectamente. Se lo tremendo de quedarse sin trabajo. La única diferencia que percibo con mi estado de conciencia que he alcanzado hoy es que todo ello fue un sufrimiento engendrado única y exclusivamente en mí. Nadie más participó en mi dolor, sólo yo. Saber esto ya fue un primer gran paso en mi vida. Luego, me di cuenta que toda sensación de desesperanza, de frustración y rechazo, no es otra cosa más que una idea que está en mi mente y hoy he aprendido que me puedo desprender de esa idea como quitarme un anillo. Así de fácil. Así de rápido. Así de verdad. En ese mismísimo instante, en ese preciso momento, surge la paz y la armonía interior. Eso es todo. No más complicaciones ni terapias. Sólo un auténtico deseo de vivir en paz y listo. El auténtico deseo. Auténtico. Saber esto, saber la gran facilidad con la que nos podemos desprender de una idea, misma que, en el ejemplo, es el origen de todo sufrimiento, es lo que creo significa un estado de iluminación. Estado al que todos, absolutamente todos, podemos de acceder. No requieres de 10 semanas de meditación, solo un segundo de decisión. 

Es tan fácil vivir en paz y en armonía. ¡Tan fácil! Lo que es verdaderamente difícil, para muchos, es aceptar que sea tan fácil. Hemos llegado a creer que es normal tener problemas como parte de la vida, cuando lo normal es estar bien. ¡¡!! Aprende esto que te acabo de decir. ¿Y por qué? Porque cuando algo es tan fácil para cambiar, cuando algo es tan divinamente sencillo para vivir en paz, entonces entra en juego el ego de la persona humana y no lo acepta. Imposible. El ego siempre quiere esforzarse, siempre quiere sufrir para merecer, el ego siempre quiere vivir en dificultades, hasta para mejorar. ¿Has escuchado alguna vez la frase: El que no ha sufrido no sabe lo que es el amor? Por Dios, no podemos vivir creyendo esto como una verdad. 

He ahí la trampa que se nos tiende. El ego no nos permite ver la facilidad con la que se puede volver al amor. Ahora recuerdo alguna anécdota que leí en un libro de filosofía Zen, cuando un alumno le pregunta a su maestro: "¿Qué debo hacer para lograr un estado de Iluminación?", a lo que el maestro le contestó: "Mata tres moscas y ya está". El alumno desconcertado le dijo: "¿Eso es todo? ¿Nada más matar tres moscas y obtengo el estado de Iluminación? No creo que sea tan sencillo". El alumno se marchó en busca de un mejor maestro. Tal vez si el maestro le hubiera dicho: "Mata setecientos leones y tráeme sus cabezas, y entonces habrás superado la prueba para lograr la Iluminación", ahí sería otra cosa, hasta el alumno se hubiera ido afligido por el desafío pero motivado al mismo tiempo por creer que puede merecerlo al sacrificarse tanto. Lo mismo, exactamente lo mismo, he observado en la gente que busca ayuda profesional.


Continuará...

Del Taller de Autoestima Volumén 1 de Juan Carlos Fernández