El perdón por Bernardo Stamateas



Entrevista con Bernardo Stamateas, acerca del perdón
Cuando una persona nos hace algo malo es normal que nos dé bronca; cuando se transforma en rencor y ocupa más espacio en nuestra mente del que debería, perdura hasta transformarse en resentimiento y nos enfermamos. 

Ser rencoroso es como alquilarle gran parte de nuestra vida a la persona que nos lastimó. Tenemos que cuidarnos y revisar que nuestro malestar no se transforme en resentimiento. 
Pero perdonar no es olvidar ni minimizar lo que nos hicieron: lleva un tiempo y es un acto de voluntad. Tampoco significa que debemos reconciliarnos con quien nos dañó como si nada hubiese pasado, sino renunciar al derecho de venganza.

Si no perdonamos a una persona es como si lo lleváramos esposado a todos lados (por lo menos, espiritualmente), por lo que pasa a ser el “amo del lastimado”. Cuando perdonamos, no lo hacemos por el otro sino por nosotros mismos: de esta forma estamos, desatándonos de aquel que nos hirió y dejando de llevar esa carga pesada.

En 2005 se realizó investigación muy interesante en Harvard, donde se estudiaba a las mujeres que perdonaban y los beneficios que esto les traía, y se descubrió que reduce el estrés, mejora la salud cardiovascular, se logran relaciones interpersonales más fuertes (porque estamos en paz y más contentos), así como reduce el dolor de espalda y coyunturas. Perdonar en silencio: perdonar en un acto emocional y espiritual, esto no significa que no busquemos justicia, es decir, vamos a perdonar el acto, pero no sus consecuencias, como puede ser una muerte en accidente de tránsito provocado por un tercero, una estafa, mala praxis, etc. Estas son cosas distintas y por supuesto que debemos buscar justicia. Para expresar lo que nos sucede y no enfermarnos, resulta útil escribir en un cuaderno nuestras broncas, poner una silla vacía delante nuestro y hablarle a la persona que queremos perdonar, contarle a algún amigo lo que sentimos.

No permitamos que el pasado de dolor marque y determine nuestro presente y futuro; tienen que ser con paz, porque todos merecemos disfrutar de la vida.