Carl Jung y su Encuentro con un Jefe Nativo Americano: Redefiniendo la Sabiduría Más Allá de la Mente

Carl Jung y su Encuentro con un Jefe Nativo Americano: Redefiniendo la Sabiduría Más Allá de la Mente


Como se nos dice que Dios se encuentra tanto en el silencio como en nuestros corazones, cuando bloqueamos nuestros sentimientos dolorosos, nos hemos creado una situación difícil.

Para llegar a nuestro corazón, debemos empezar a enfrentarnos a nuestro dolor y a todas las adicciones que de él se derivan.

Cuando vivimos en nuestra mente, hemos creado otro impedimento para nuestra conexión con Dios.

El problema de la "mente ocupada" parece ser en gran medida un producto de nuestra cultura occidental. No todos los pueblos del mundo viven tanto en su cabeza.

El siguiente fragmento, tomado de un libro sobre el corazón, cita palabras del psiquiatra suizo Carl Jung que describen su encuentro con el jefe nativo americano Ochwiay Biano ('Lago de la Montaña'), de los pueblos de Taos, en Nuevo México, en 1932.

Jung hablando con un jefe nativo americano:  Sólo los locos piensan con la cabeza

Pude hablar con él como pocas veces he podido hablar con un europeo", recuerda Jung...

El jefe Ochwiay Biano, que significa Lago de Montaña, debió de percibir un espíritu afín en el médico suizo, porque fue tremendamente sincero con él.

Jefe Ochwiay Biano: "Mire qué cruel aspecto tienen los blancos, sus labios son finos, sus narices afiladas, sus caras surcadas y distorsionadas por pliegues. Sus ojos tienen una expresión fija; siempre están buscando algo. ¿Qué buscan? Los blancos siempre quieren algo. Siempre están inquietos e intranquilos. No sabemos lo que quieren. No les entendemos. Creemos que están todos locos".

Cuando Jung le pregunta por qué cree que están todos locos, Lago de Montaña responde: "Dicen que piensan con la cabeza".

'Por supuesto', dice Jung, '¿con qué piensan?'.

'Pensamos aquí', dice el jefe Lago de Montaña, indicando su corazón.

Después de este intercambio, Jung se sumió en una profunda meditación. El Jefe Ochwiay Biano,  había tocado un punto vulnerable. Jung vio imagen tras imagen de las crueldades cometidas por sus antepasados: el águila romana en el Mar del Norte y el Nilo Blanco, los rasgos agudamente incisos de Julio César, las más gloriosas conversiones forzadas de los paganos por Carlos Magno, los pueblos de las islas del Pacífico diezmados por el aguardiente, la sífilis y la escarlatina que llevaban en las ropas que les imponían los misioneros.

El jefe Lago de Montaña había mostrado a Jung la otra cara de su propia civilización: era 'la cara de un ave de rapiña que busca con cruel intención una presa lejana...'.



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