Bert Hellinger: El amor del espíritu


“Una persona que es totalmente buena es terrible. O la persona que se considera perfecta es terrible. También es peligrosa. Aquellos que se consideran mejores son peligrosos. Estando cerca de personas que se consideran comunes uno se siente tranquilo y siente que forma parte” - Bert Hellinger

¿Cómo se distingue el amor del espíritu del amor ciego e instintivo?

El amor del espíritu es una actitud. Acepta todo tal cual es, simplemente porque existe.

El amor del espíritu desconoce el juicio que decide si algo debe existir o no. El hecho de que algo existe significa que fue pensado por un espíritu creador, tal y como es, y así es amado.

Bert Hellinger: El amor del espíritu

El amor del espíritu, cuando nos abarca, se alegra de todo lo que existe y de cómo existe.

El amor del espíritu es en el fondo una actitud que promueve todo tal como es. Está a favor de todo.

El amor del espíritu es un amor creador que permite que todo tome el lugar que le corresponde y que lo defiende. Quiere que todo esté presente, así tal cual es.

El amor del espíritu no se pregunta si algo tiene el derecho de existir. Para él, todo y todos forman parte de la totalidad, incluido nosotros, tal y como somos.

¿Cuáles son las consecuencias del amor del espíritu en cuanto a nuestra actitud hacia todo?

Asentimos a todo.

Le dejamos el tiempo indicado a todo. No queremos ni extenderlo ni acortarlo.

A nada le queremos quitar ni agregar algo, en el sentido de querer mejorarlo. Fue creado por otra instancia y existe gracias a ella, tal y como es.

¿Se puede sentir este amor? ¿O tal vez es sólo pura existencia, un estar presente? Una existencia que asiente, incluso a nosotros, tal como somos y asiente al tiempo asignado a nuestra existencia. Para el amor del espíritu no existe ni más ni menos pertenencia. Para él no existe ningún derecho mayor o menor de pertenecer. Para él, nada va más allá del existir presente.

El amor del espíritu siempre se mantiene en movimiento. Se mantiene en un movimiento creador. De acuerdo con él, asentimos a este movimiento. Nos incluimos y nos dejamos llevar adonde sea que nos lleve, a nosotros y a los demás. En este movimiento siempre está presente con todo y en todo momento.

La consciencia espiritual

¿Cómo podemos saber si nos estamos moviendo en sintonía con el amor del espíritu?

Cuando nos calmamos internamente y hasta el extremo último.

Nos sentimos intranquilos si queremos otra cosa que este movimiento.

Al perder la calma, sentimos que el amor del espíritu nos abandona. Nuestro viaje creador con él se detiene, por lo menos en nuestro sentimiento. Sin embargo, no es posible que podamos caer, ni nosotros ni nada que esté presente junto con nosotros.

En el amor del espíritu estamos sostenidos por una consciencia propia que nos permite percibir en todo momento si estamos en sintonía con él. A diferencia de la consciencia que percibimos como culpa e inocencia, la conciencia espiritual se siente como calma o inquietud.

A veces esta inquietud la sentimos dolorosamente. El dolor va creciendo, conforme nos alejamos de la entrega hacia todo tal y como es. Esta consciencia nos mantiene en el sendero.

A pesar de que no sentimos de ninguna manera el amor del espíritu en nosotros como amor, ya que es espiritual, los demás lo perciben como si fuera un amor benevolente. Se sienten aceptados y bien en presencia de aquellos que lo irradian. A su alrededor, todo puede ser así como es.

“La sanación. Un manifiesto para la salud y la vida en siglo XXI. Sanar y mantenerse sano.”

Bert Hellinger



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