Cómo el conflicto y la confusión son oportunidades espirituales

Odiamos el conflicto. Odiamos la confusión.

Pero es precisamente en los momentos en que nos sentimos más confundidos o en desacuerdo con alguien que estamos haciendo nuestro mejor trabajo intelectual y emocional. Y si podemos cambiar la forma en que vemos el conflicto y la confusión, especialmente cuando estamos molestos, entonces estos momentos se convierten en oportunidades para un crecimiento espiritual significativo.

Wendell Berry, el brillante escritor y activista, una vez compartió estas sabias palabras:
"Puede ser que cuando ya no sabemos qué hacer 
hayamos llegado a nuestro verdadero trabajo,
Y que cuando ya no sepamos qué camino tomar. 
hayamos llegado a nuestro verdadero viaje.
La mente que no está desconcertada no es útil.
La corriente obstruida es la que mejor suena”.
Esta forma de pensar es contraria a la intuición, sin embargo, cuanto más te sientas con la idea, más se hace realidad. Tenemos nuestras propias metas y hacemos todo lo posible para avanzar hacia estas metas. Cuando las conseguimos, sentimos que hemos hecho un buen trabajo, y lo hemos hecho. Pero para nuestra decepción, el crecimiento real no ocurre cuando las cosas van bien.

Lo que Berry está diciendo es que tendemos a crecer más cuando estamos hartos de intentar encontrar la respuesta correcta, cuando estamos convencidos de que la respuesta correcta ni siquiera existe.
En este punto, tenemos dos opciones: podemos darnos por vencidos y tratar de enterrar lo que estamos pasando en algún lugar en el fondo de nuestras mentes, o podemos permitirnos sentarnos con la incomodidad y permitirnos ser cambiados por ella. Esta segunda opción puede parecer pasiva, pero este es realmente el "trabajo real" del que Berry habla más arriba. Es un trabajo real porque es muy difícil de hacer.

Sentarse con incomodidad requiere apertura: es necesario reconocer que estás "impedido", que algo te tiene atorado y luego replantear conscientemente la forma en que ves estar atorado.

Cuando te das cuenta de que no tienes idea de cómo avanzar, reconoces implícitamente que no estás completamente en control de tu vida. No es una sensación agradable al principio. Pero en esta vulnerabilidad, nos permitimos escuchar de nuevas maneras. Es como si el universo te estuviera recordando que hay otras formas de escuchar.

El año pasado, mi esposa y yo vimos al autor Rob Bell hablar en su "Holy Shift Tour" en Boston, y durante su charla, habló sobre cómo nos suceden ciertas cosas en nuestras vidas que desafían la clasificación de bueno o malo. No sabemos qué hacer con estos acontecimientos y no sabemos exactamente qué significan. Pero hay una santidad en este desconocimiento, y en lugar de tratar de clasificar estos acontecimientos, podemos bendecirlos. Podemos llamarlos santos.

Así es como hacemos posible que el Espíritu Santo nos guíe en nuevas direcciones. Nos decimos a nosotros mismos: "No tengo una respuesta para esto". Y cuando estamos en nuestro final, decimos a Dios o al universo: “Por favor, ayúdenme".
En este mismo acto de humildad, tenemos el poder de rever las cosas. Nos volvemos más sensibles a otras personas que enfrentan dificultades, y si podemos sacar nuestro ego con éxito de la ecuación, entonces a menudo encontramos que la solución más satisfactoria espiritualmente es preguntarnos: "¿Cómo puedo seguir adelante amándome y amando?”

Las respuestas pueden venir, pero solo vendrán por vivirlas. Al amarnos activamente a nosotros mismos, a nuestros compañeros, a nuestros hijos, a nuestra familia y amigos, a los solitarios, a los enfermos y a los que tienen miedo, y al movernos en cualquier dirección que nos lleve este amor en un momento dado, experimentamos lo que significa la palabra " fe."

Se trata de esta intención de amar después de haber llegado al punto de no tener muy claro qué hacer. Nuestras vidas comienzan a sentirse y, por lo tanto, se vuelven más abundantes, y encontramos la santidad en el conflicto y la confusión porque nos damos cuenta de que todo es parte de este viaje enloquecedor, alegre y desconcertante. De alguna manera nos ponemos bien sin saberlo, e incluso lo celebramos. Estamos impedidos, y estamos cantando porque estamos impedidos.
También es importante compartir esto con nuestros hijos: no solo está bien estar confundido y enojado con otras personas, así es como crecemos. Podemos alentarlos a que mencionen sus sentimientos, se sienten con ellos y, en última instancia, estén de acuerdo con su incertidumbre sobre cómo proceder. Podemos recordarles que sean pacientes con ellos mismos y que piensen cómo seguir adelante con amor. Así es como les ayudamos a tomar decisiones sabias.

Cuando nos convencemos a nosotros mismos y a los más cercanos de que está bien no saber qué hacer y de estar en conflicto con los demás, todos obtenemos permiso para exhalar colectivamente. Y en esa exhalación colectiva está el espíritu de Dios.

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Traducción: Tahita
Por Ryan Tahmaseb