La ley de la trilogía



TRES ELEMENTOS DIFERENTES
El polo positivo ha de continuar siendo positivo siempre, así como el negativo ha de continuar negativo; entre ambos surgirá un tercer elemento, que sin anular la individualidad de cada uno de los otros dos, establecerá entre ellos una unión tan perfecta que dará origen a una nueva realidad.  Si entre el polo positivo y el polo negativo de la corriente eléctrica coloco una bombilla, obtendré luz; si lo que coloco es una resistencia, lo que conseguiré será calor y si es una máquina, el resultado será fuerza.

¡Interesante! Tres elementos diferentes, en unidad perfecta, creando algo nuevo.

Fui analizando todas las cosas que conocía.

Y esa ley se hacía presente en todas ellas. Llegué a lo más profundo de la materia, al átomo, y vi que también en él se aplica esa ley.

Dejando de lado las nuevas partículas que van siendo descubiertas cada día que pasa en el interior del átomo y que según creo traerán respuestas para muchos de los enigmas actuales, un somero análisis de ese átomo nos permite constatar una polaridad positiva (el patrón), una polaridad negativa (el electrón) un tercer elemento (el neutros), que impide el choque o la destrucción del universo, creando el equilibrio, la armonía, y la materia.

¡Que maravilla!

Todo hecho a imagen y semejanza de Dios, a imagen y semejanza de la Trinidad.

LA LEY DE LA TRILOGÍA
He aquí el misterio que a partir de aquel momento pasé a ver como la ley fundamental de la creación.

Tres elementos que continúan siendo lo que son sin perder nada de su identidad. Perfecta unidad, dentro de una Trinidad, también perfecta.

Bien, pero ¿Qué tiene que ver todo esto con nuestra pregunta inicial?

¡Calma, ya vamos a llegar ahí!

Después de ver como funcionaban las cosas, me pase a pensar en nosotros, los seres humanos, hombres y mujeres que somos también, desde una perspectiva energética, polos positivos y negativos.

Si, pero… ¿y el tercer elemento?

La pregunta es muy importante, pues, como ya vimos, al juntarse directamente los polos opuestos tienden a producir un choque, o sea, destrucción.

Se hace necesario un tercer elemento que una esos dos elementos sin identificarlos, sin despersonalizarlos.

En seguida me vino a la mente el amor. El hombre, la mujer y, en el medio, el amor, ¡perfecto!

Pero… ¿Por qué entonces, los matrimonios, las uniones que, según se dice, nacen del amor, no consiguen ser una unión creadora, productora de un grado superior de vida y de felicidad, sino precisamente lo contrario?

¿Por qué el fruto de tales uniones es precisamente el opuesto a lo que se espera de ellas?

Ellas ponen límites a la vida, no dejan crecer, impiden que la persona se realice, impiden que viva e incluso que ame.

Cuando se es confidente de matrimonios (y yo lo he sido durante más de 25 años) uno descubre cosas que hacen pensar mucho sobre uniones aparentemente perfectas.

Al tratar separadamente con las personas que forman esos matrimonios aparentemente maravillosos –como individuos lo son sin duda-  oímos confesiones en el sentido de que no se separan sólo por motivos sociales o en razón de los hijos… ya que, por gusto, se separarían ciertamente, dado el peso de los sufrimientos que tienen que soportar.

Lo más común es que esta confesión la haga sólo uno de los que forman la pareja, generalmente aquel que más ha sufrido con el matrimonio, aquel que ha sentido más su “despersonalización”.

Pero… ¿porqué, si las parejas insisten en decir que se aman? ¿Cómo es posible tal cosa? ¿Dónde está el fallo?

La vida es difícil, sin duda, pero tengo la certeza de que si llegamos a realizar, de algún modo, la unión de los tres elementos a la que nos referimos antes, no habrá lugar para la destrucción, para la agresión, para el odio, para los celos, para la actitud posesiva… En nuestra convivencia cotidiana con las cosas no habrá lugar para la enfermedad, para la falta de realización.

EL SECRETO DEL AMOR
Encontré el fallo cuando analicé el amor. Al hacerlo, me di cuenta que estaba llegando a lo más profundo de la Trinidad y, por tanto, a la respuesta para la pregunta que me hiciera durante tantos años: ¿Por qué dos personas que se aman tanto (¡!) no son felices? ¿Por qué la sociedad es tan agresiva, violenta y destructora? ¿Por qué hay tan poca realización?

Porque para que exista realmente el amor, es necesario que tengamos la unidad perfecta de tres elementos, y normalmente sólo conocemos dos: amar (positivo)  y ser amado (polo negativo). El tercer elemento, clave de todo el problema es algo muy mal comprendido y muchas veces visto incluso como un defecto.

El tercer elemento que hace que el amor sea realmente amor y que no destruya al ser amado. ¡Que curioso!

Por verlo como “egoísmo” y porque en el fondo deseamos ser cada vez mejores, hemos luchado frecuentemente con uñas y dientes contra este tercer elemento en la tentativa de superarlo.

Sin embargo, es oportuno recordar aquí una ley que es decisiva para este problema: “Nadie da lo que no tiene”  

¿Cómo podrá alguien dar mil pesetas si sólo tiene cien?

Esto es fácil de entender cuando se trata de cosas materiales, pues estas no nos dejan engañarnos, pero en otros campos podemos utilizar juegos de palabras y engañarnos con gran facilidad. Con relación al amor en particular, frecuentemente nos encontramos con palabras y gestos bonitos, que parecen una cosa y son otra.

En cuestión de amor, no podremos amar a otra persona si primero no nos amamos a nosotros mismos, pues no tendremos amor para dar.

En general, cuando decimos que amamos estamos queriendo decir que tenemos necesidad de la persona a la que amamos, o sea, que necesitamos de ese amor porque hay en nosotros una carencia.

Y es exactamente por eso por lo que tenemos celos y cercenamos la libertad de la persona amada impidiéndole hacer cualquier cosa que en nuestro modo de pensar represente un peligro de perderla.

Tenemos miedo de perderla porque sentimos necesidad de ella, de su amor, de su cariño, de su presencia, en una palabra, de todo lo que ella pueda darnos.

Pero lo que hacemos es lo opuesto al amor. Anulamos la “personalidad”, de esa persona, la sofocamos, la dominamos, la presionamos. Y  si hubo amor en algún momento por parte de esa persona, conseguimos matarlo, aniquilarlo.

Cuando dos personas coinciden en que cada una de ellas siente necesidad de la otra, expresan eso diciendo que se aman.

Esto no quiere decir que el hecho de que alguien necesite de otro sea algo negativo o malo. Todos tenemos necesidad de alguien, pero lo que no se puede hacer es destruir a ese alguien alardeando de amor.

Una cosa es amor y otra, necesidad de amor.

 Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 273 Volumén 2: La Clave de la Vida