Descubre el enemigo silencioso que tienes en casa, en forma de juguete




Un enemigo de la salud se aloja en muchas casas relucientes en las que jamás ha entrado el humo del tabaco y se consumen alimentos orgánicos. Se puede comprar sin límites de edad en los tianguis y en las tiendas educativas de caché. 

Sus fabricantes no ilustran el empaque con un bebé de labio leporino ni con una rata muerta, ni que vendieran cigarros. Tampoco han engañado a nadie… A nadie que sepa leer inglés: en alguna parte de la envoltura, en una esquina, con letras diminutas hay una ''Warning'', una advertencia. Palabras más palabras menos dice que muchas tiernas ligas de colores que los adolescentes usan para hacer tiernas pulseras de colores contienen ácido ftálico, conocido en la industria química por causar cáncer, malformaciones y defectos reproductivos.


La "Warning" la descubrió el otro domingo Camila, una niña de once años, que para la fecha había hecho casi 20 pulseras y anillos de colores y fue a surtirse al tianguis de Santa Tere con ganas acabar el medio ciento. Su obsesión con las advertencias de las etiquetas la llevó a descubrir que las ligas de resorte que su madre compró para amarrarse el cabello también tienen ácido ftálico: “This product contains DEHP, a phthalate chemical known to the Satate of California to cause cancer, birth defects and other reproductive harm”. Disfrute su compra. 

Translation: "phthalate chemical" es lo mismo que ácido ftálico. Birth defects son defectos de nacimiento. Reproductive harm, daños reproductivos.  Las fichas internacionales de seguridad química de la Comunidad Europea (www.grupoprevenir.es/fichas-seguridad-sustancias-quimicas/0768.htm) aconsejan manejar el químico con guantes y lavar la piel después del contacto con la sustancia. Pero que viva México.

Aquí, igual que en algunas partes de Estados Unidos y en muchos países de América Latina, el ácido ftálico es un ingrediente común para la horneada de juguetes infantiles y sexuales, advierte el profesor investigador del departamento de Farmacología Biológica de la Universidad de Guadalajara, César Cortés Álvarez.

Los fabricantes de las uñas, los adhesivos, la ropa y los materiales como el PVC usan este plastificante para aumentar la flexibilidad de sus productos. Por supuesto los daños a la salud humana tienen relación con el contacto del químico con la piel y, sobre todo, con las mucosas y el sistema respiratorio de las personas; con su edad, y con su sensibilidad al ácido. Un dato curioso; igual que el humo del cigarro, el ftálico puede generar daños pulmonares si alguien se expone de manera frecuente o a concentraciones altas.

César Cortés explica que mucho del ácido ftálico que concentramos en nuestro organismo nos llegó a través de la boca. ¿Calienta usted su comida en recipientes de plástico? Bien: ya tiene su sobredosis diaria. Según la Comunidad Europea (CE) la ingestión diaria tolerable es de 48 microgramos por cada kilogramo de peso por día. Sí; los que pesan menos tienen más riesgos de intoxicarse.

¿Cuál es la concentración de los juguetes? No se sabe. Ningún fabricante confiesa cuánto le puso a los suyos, aunque desde 2012 hay una iniciativa petrificada para modificar la Ley General de Salud y prohibir el uso de ftalatos en los juguetes y desde mucho antes, en 1999, la Secretaría de Salud Federal comenzó a estudiar el tema.

“Los resultados muestran que 13 por ciento de los productos que los niños se llevan a la boca son fabricados con PVC y ftalatos, con concentraciones del plastificante que llegan a 67 por ciento del peso total del producto. El ftalato más utilizado es el di 2-etilhexilo, conocido por su toxicidad testicular […] 

Si bien los importadores y fabricantes de marcas de México decidieron voluntariamente eliminar los ftalatos de sus productos, no se llegó a normar sobre su uso ni sobre la necesidad de etiquetar como libre de PCV y ftalatos […] Además queda el problema de los productos que entran al país ilegalmente o que son fabricados caseramente y vendidos en mercados y tianguis”, escribió en 2007 Patricia Bustamante-Montes, en su artículo “Necesidades regulatorias sobre los efectos de los plastificantes en la población infantil”, que se publicó en la revista Salud Pública, del Instituto Nacional de Salud Pública.

César Cortés, el investigador de la Universidad de Guadalajara aclara que no se trata de generar alarma entre la población, pero es importante que ésta conozca que incluso la exposición baja a estas sustancias puede causar irritaciones en la piel y, en el caso de los niños sensibles, asma bronquial. Ojo: según César Cortés no es lo mismo exponerse “de pasada” a los productos que contienen el químico que durante un tiempo prolongado. Y no es lo mismo ponerse una pulsera de ligas ftálicas que ponérsela en los calores de mayo, que metérsela a la boca, que frotarse los ojos tras haberla hecho. O en el caso más peligroso, usar un juguete sexual con el cual estas sustancias entrarán en contacto directo con las mucosas y es probable que ingresen sin barreras al torrente sanguíneo.

“El problema del ácido ftálico es que es bioacumulable —el cuerpo lo guarda— y liposoluble —lo guarda donde tiene grasa, incluso en el cerebro—. También es un disrruptor endócrino; es decir interviene con la función normal de las hormonas”.

Hay distintos tipos de ácido ftálico y todos son tóxicos en algún grado, pero el DEHP, que se usa para  fabricar las ligas que están de moda, es el más económico y uno de los más dañinos, según el investigador.





Con todo y todas, la ligas con ácido ftálico están por todas partes. El otro domingo, luego de leer la "warning", Camila y su madre envolvieron sus respectivas compras y las tiraron a un bote de basura que se hallaron en el camino. Ha de ser cosa de los productos chinos que venden en los tianguis, pensó la madre, y unos días después compró las ligas en una tienda de juguetes educativos, donde el precio se triplicaba y el empaque tenía un buen diseño. Tan bueno, que a ninguna se le ocurrió que la nueva adquisición pudiera tener ácido. Error. Las nuevas ligas tienen su nueva "warning". 

El enemigo silencioso llegó a la casa. Tiene forma de juguete. Es tan encantador que a Camila y su madre les da pena deshacerse de él.