¿Sabías que la Envidia genera Soledad del Alma?


Para poder recibir algo, también hay que dar siempre algo a cambio (Intercambio Equivalente). Normalmente el pago se hace por adelantado. Eso significa que si en algún momento de la vida que no se espera nos ocurre algo bueno, bien seguro que lo merecemos porque algo habremos hecho antes para que nos lo den. Por otro lado también significa que si en una situación concreta no ponemos todo de nuestra parte, será mejor que no esperemos grandes ganancias a cambio (y no se trata sólo del dinero, porque bajo este mandato entra todo lo que existe en el Universo). Y seamos realistas: en el día a día la gran mayoría de las veces no ponemos nuestra energía al 100%.

Podremos alegar que es muy cansado (¿Pereza?), que la energía se agota si la das. Seamos conscientes de que todo es un vasto sistema de energía que además está interconectado (todo afecta a todo), de modo que si empujamos algo en un lugar, bien seguro que habremos provocado que algo se mueva en otra parte del Universo. No hay dar sin permitirnos recibir, y no hay recibir sin molestarnos a dar. La sensación de pérdida es una ilusión, el Universo no deja nada vacío; si algo se ha dado, más tarde o más temprano llegará algo que llenará ese hueco que ha quedado.

¿Sabías que la Envidia genera Soledad del Alma?

La Envidia es la tensión negativa que trabaja este proceso a nivel del Amor, es decir, que nos alerta de que no damos lo mejor de nosotros mismos o no nos permitimos recibir lo mejor que el Universo tiene por darnos. La Envidia se despierta cuando buscamos algo y vemos que otro lo tiene, o cuando vemos que otros sí tienen esa complicidad especial con el Universo de permitirse recibir la Abundancia y parece que todo les es dado con facilidad. La Envidia no siempre es razonable, o en otras palabras, lo que se codicia no siempre es algo que necesitamos de verdad, pero la Envidia nos hace creer que no es justo que otros tengan lo que nosotros no podemos. Se convierte en pecado manifiesto cuando obramos como consecuencia de la envidia que sentimos, dirigiendo negatividad hacia la persona envidiada.

La Envidia actúa de forma muy sutil, es tremendamente corrosiva. Suele generar como consecuencia los siguientes hermanos-primos suyos: la Tristeza, la Ira (le enfurece la misma Tristeza), los Celos, la Calumnia (injuria), la Avaricia, el Rencor, el Odio, la Intriga, la Traición, el Oportunismo, la Frustración y el Victimismo.

Nuestra posición de víctima hace que nosotros situemos a la persona envidiada sobre un pedestal, creyendo erróneamente que esa persona es mucho mejor que nosotros. Esto prueba la falta de Amor que nos tenemos a nosotros mismos. Por otro lado, como nos vemos incapaces de movernos para conseguir aquello que creemos que nos merecemos, movemos energía negativamente intentando quitarle a la persona envidiada lo que tiene. Si no lo conseguimos, entonces iremos tras otra cosa: el honor de la persona envidiada; en ese momento es cuando comenzamos a juzgar al otro para descalificarlo. Tanto el arrebatarle lo que tiene como el descalificarle es para el envidioso un ajusticiamiento, sirve para tratar de recuperar la condición de igualdad entre el envidioso y el envidiado. La baja autoestima del envidioso sirve también para enmascarar una falta de voluntad, así que si primero se cree que no puede lograr algo entonces ya no necesita aplicar un esfuerzo para conseguirlo.

Fijémonos pues que la Envidia está en todas partes: lo vemos en los políticos, en la prensa sensacionalista (y también en la que no es sensacionalista), en las telenovelas, en los programas de cotilleo, cada vez que alguien habla de un tercero y lo juzga como si el que habla no tuviera nada mejor que hacer, cada vez que nosotros achacamos a la edad algo que supuestamente no podemos hacer y luego vemos con frustración que otro sí lo ha hecho… Y si en el pasado, ya sea en esta vida o en otras, se quiso algo y no se pudo obtener, eso deja una huella profunda y se interpreta como trauma. En ese caso, cada vez que se ve por ahí el objeto codiciado se despierta por inercia la Envidia o la Ira.

La Envidia genera Soledad del Alma. De hecho, la Envidia es un pecado profundamente insolidario que tortura y maltrata hasta la saciedad al propio envidioso, por lo que éste es más desdichado que malo. El bien codiciado siempre se percibe inalcanzable, y es más valioso en las manos del otro. ¿Os imagináis la Envidia de tipo Espiritual por ver a otro que está más “evolucionado”? Es lógico que luego uno se sienta solo y desamparado, como si el Universo se hubiera olvidado de nosotros, y luego no solo nos resentimos con el envidiado sino también con nosotros mismos. Además, la Envidia nos conduce a la Depresión por el querer y no poder. Y se suele querer sin ser un anhelo profundo del corazón.

La Envidia causa enfermedades de tipo cardiovascular (debido a la descompensación en el Amor que maneja el envidioso), de tipo hepático o renal (ambos debido a la cantidad de negatividad que su cuerpo se ve obligado a depurar).

Como curiosidad, comento que la Envidia tiene un color: el Verde, que es el color del Equilibrio, la Salud, la Esperanza, la Armonía.

La Virtud Capital que trabaja la tensión positiva y regula la Envidia es la Caridad. Consiste en entregarnos por completo para Dar lo mejor y más puro que hay en nosotros. Con ella viene acompañada la Honestidad, la Gratitud, la Compasión, la Amabilidad y la capacidad para recibir y dar Amor. La Caridad nos obliga a sincerarnos con nosotros mismos y ver que sí podemos conseguir lo que queremos (o que en el fondo tal vez no lo necesitamos). Ser caritativos nos vuelve agradecidos con lo que recibimos y nos hace aprender a respetar y valorar lo que ya tenemos por encima de lo que carecemos. La compasión nace de la fusión del Amor con todas las emociones caóticas, que se vuelven un solo sentimiento armónico intenso y que nos empuja a Dar y Servir.

Para trabajar con la Caridad tenemos que preguntarnos si lo que codiciamos de verdad lo necesitamos para ser feliz. En caso negativo desaparece la Envidia, a menos que sigamos sintiendo que algo anda mal y lo más probable es que tenga que ver con el Pecado Capital de la Ira. Por lo general, esta observación lleva a descubrir qué complejo o qué carencia espiritual provocó la Envidia. Si de verdad necesitamos lo que codiciamos, entonces debemos decantar la energía que usamos para envidiar y negativizar hacia el camino del esfuerzo y la entrega al 100% por lograrlo. Suele surgir de forma natural una vez nos hayamos sincerado, pues nos habremos puesto en el lugar adecuado: que sí podemos obtener lo que nos proponemos. Con ello, habremos devuelto al lugar que le corresponde a la persona envidiada, a la que le daremos lo mejor de nosotros mismos, y nos habremos abierto la puerta al Amor y a la Abundancia.

Si constantemente, aunque no tengamos Envidia, nos entregamos por completo nos aseguramos que la Envidia nunca asome la cabeza.

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Autor: Daniel G. - “Jóvenes Protasio”