La delgada línea entre ser sexy y ser vulgar


La sensualidad es un componente del deseo sexual que podemos transmitir a través del comportamiento, la apariencia y los gestos.

Ser sexy se trata de tener la confianza para presumir, y mostrar, tus atributos. La sensualidad va muy ligada a la personalidad.

Pero no todas podemos lucir minifalda, escote y ropa ceñida. Hay que conocerse muy bien a una misma para saber qué puedes ponerte y que no. Un buen busto o un trasero tonificado causan estragos en el sexo opuesto pero ¡cuidado con los extremos!. Ir embutida en un vestido ceñido que te impide respirar no es nada sexy.

Ponte siempre ropa de tu talla, resulta mucho más elegante. Recuerda que el truco está en insinuar no en enseñar. En cuanto al tamaño, muchos sienten aversión por los senos inmensos a consecuencia de la cirugía y prefieren los senos naturales, eso sí, firmes y redondos.

Es verdad, a los hombres les gusta ver, pero también los “asusta” (por decirlo de alguna forma) una mujer que siempre anda mostrando un escote demasiado provocativo.
Mirada intensa, sonrisa pícara, ser sutil y no descarada es mucho más eficaz. Lanzar miradas furtivas desde el otro extremo del bar es un clásico que sigue funcionando.

Otra de las cosas que a los hombres les resulta sexy, y viceversa, es la voz. Que te hablen al oído con voz suave, que te miren a los ojos y te digan algo intenso, que muestren su seguridad al hablar resulta muy sexy.

Pisando fuerte. Al margen del físico, la forma de vestir, la actitud y la forma de comportarse, la personalidad es lo más sexy tanto en un hombre como en una mujer. Ser segura de ti misma y mostrar siempre una sonrisa es lo más sexy de una dama.

Ser inteligente es sexy. Ser carismática y ser capaz de hablar de cualquier tema son sinónimos de éxito asegurado. Muchas veces las mujeres por hacerse “las mujeres cool” se muestra “huecas” (aunque no lo sean) porque creen que a los hombres les gusta eso. Es mentira, sí, puede ser que una mujer linda y sin mucho cerebro pueda llamar la atención de un varón, pero para algo de una sola noche y no para una relación de verdad.

Fuente: In perfectas