Como atraer amor y buenas relaciones con la Ley de Atracción

Como atraer amor y buenas relaciones con la Ley de Atracción


El ping-pong vibratorio

Uno de mis primeros empleos después de que salí de la universidad fue en trabajando en una grande empresa del mundo de fotografías para catálogos. Ahí se tomaban todas las fotos del mundo de la moda y la mayoría de las fotos fijas para tiendas importantes de ropa y departamentales. La mejor parte de mi trabajo era con las estilistas, las muchachas que tenían que asegurarse de que la ropa quedara perfectamente, de arreglar todo, desde los pasadores para el cabello hasta las latas de cerveza, y que todo quedara en su lugar. 

Día tras día, los modelos más famosos del momento, hombres y mujeres, pasaban por nuestros estudios. Yo no les prestaba mucha atención, pero había una pelirroja, extraordinariamente alta y delgada, que parecía ser el blanco constante de los chistes y bromas de todos los demás. Cada vez que llegaba, desde que entraba hasta que estaba lista para irse, una nueva tanda de chistes circulaba por la oficina, antes de que ella cruzara siquiera la puerta.

Parece que esta chica cambiaba de novio constantemente, tanto que cada vez que se presentaba a una sesión de fotos, cosa que sucedía varias veces a la semana, se lamentaba del último que había tenido, o hablaba maravillas del nuevo. Era como una pelota de ping-pong que quedaba en cada ocasión en diferente lado de la red.

"¡Ese infeliz! No ha devuelto ninguna de mis llamadas telefónicas. Es como todos los demás, tan enfrascado en su mundito, que no tiene tiempo para el mío. Eso sí, siempre tiene tiempo para sus otras chicas." Todo lo que sabía hacer era culpar, culpar, culpar, y atraer así mucho más clones tan rápidamente, que se convirtió en el chiste permanente de toda la compañía. Alguna que otra vez, alguien sentía una leve compasión y decía algo así como: "¿Cómo es posible que una chica tan hermosa como ella tenga una cadena tan larga de mala suerte? Con todo lo que ella tiene que ofrecer, ¿cómo es posible que eso suceda?".
¿Larga cadena de mala suerte? No. La muchacha, joven y hermosa, estaba atrayendo, a partir de su antiguo guión vibratorio, su vieja forma habitual de ver a los hombres. Su libreto nunca cambió. Ella sabía que podía atraerlos como la miel a las abejas, y lo hacía, pero todos terminaban siendo de la misma clase: hombres seducidos por las vibraciones que ella emitía continuamente.

Ninguno de estos pobres clones tardaba mucho tiempo en extinguirse, mientras ella atraía a otro, como si fuera una letanía de negativos "no quiero" que atrapaban al siguiente. Puesto que su vibración dominante respecto de sus ex novios era siempre de ese "tipo podrido", todo lo que atraía era otra réplica de un "tipo podrido". La culpabilidad que ella mantenía en sus recuerdos enviaba vibraciones tan poderosamente imantadas, que nunca había una oportunidad de activar un tipo diferente de relación.

Perdonar es... ¿qué?

Primero viene la culpabilidad y después viene ¿qué?... ¿El perdón? Tal vez sí, tal vez no.
No se necesita decir que la elegante actitud del perdón sólo se produce después de haber culpado a alguien o a algo. Lo cual significa que la forma en que la vemos al perdón no es muy diferente de la forma en que vemos a la culpabilidad. Por tanto, muy raras veces perdonamos sinceramente.

Algo sucede, alguien dice algo y entonces, como las focas entrenadas que somos, respondemos agresivamente con vibraciones. Si dejáramos las cosas en ese punto, estaríamos en paz. Pero continuamos permitiendo que nuestras emociones se esparzan por todas partes y ¡PUM!, nuevamente caemos en el sentimiento de culpabilidad.

Ahora, digamos que hemos decidido perdonar a alguien. Muy bien. Esto es lo que ocurrirá: el perdón significa liberar nuestra resistencia a la energía positiva, no a la del trasgresor a quien estamos dirigiendo tan benevolentemente nuestra sonrisa de perdón. El perdón consiste  en olvidar lo que sucedió en aquel fatídico lugar. ¡Jaja!

Por lo general, cuando perdonamos, reconocemos que la persona a la que estamos perdonando ha hecho algo malo, lo cual probablemente es cierto. Entonces, aunque digamos que perdonamos, secretamente conservamos el nefasto recuerdo de la ofensa. Por tanto, el verdadero perdón significa ya no estar más enojado (no enfocarse en ello), porque, para empezar, aquello que nos enfureció se ha olvidado ya. Y esto es cierto lo mismo si lo sucedido ha tenido lugar hace cinco minutos o cincuenta años. ¿Por qué? Porque a menos que lo dejemos ir, estaremos recibiendo más de ello, lo que explica por qué sucede así. Si nos aferramos a ello, se introduce en nuestra vibración. Y si está en nuestra vibración, vamos a atraerlo o a atraer algo de vibración similar. Una y otra y otra vez.

Si hay necesidad de perdonar, tiene que haber' un juicio o una culpabilidad que preceda a esa necesidad, porque de otra manera no habría razón para perdonar. Y el juicio o la culpabilidad significan que estamos enfocándonos en un "no quiero". Así que el primer paso para el perdón (y esto probablemente no te va a gustar) es exonerar el sentimiento de culpa, lo que significa la capacidad para decir... y decido con sinceridad: "¿A quién le importa? ¿A quién le importa un bledo? Tal vez el idiota hizo algo terrible, algo realmente de mal gusto. ¿Y qué?".

De lo que estamos hablando es de un amor incondicional, totalmente sincero, algo de lo que, estoy segura, nadie de nosotros ha entendido nunca. Yo no lo entendí. Siempre pensé que el amor incondicional equivalía a amar a alguien por más degenerado que fuera, lo cual significaba, desde luego, que me estaba enfocando en su degeneración y llevándola a mis propias vibraciones.

Lo que el amor incondicional realmente significa es: "Mantendré mi válvula abierta al bienestar, sin importar las cosas descabelladas que hayas hecho". (Recuerda: no tienes que cambiar eso, ni siquiera tiene que gustarte; lo único que tienes que hacer es... ¡no enfocarte en ello!).

Significa: "No necesito condiciones para ser feliz. No voy a prestar atención a tus malos hábitos, porque no necesito que todo sea perfecto para que fluya más amor hacia ti".

"Puedes ser grosero, puedes decir cosas horribles que lastiman mucho, pero tu elección no afecta mi elección, la cual es mantener mi válvula abierta y sentirme bien. Ya no culpo a ninguna circunstancia negativa, ni a tus hábitos negativos por la forma en que me siento". Seguro, yo sé que eso suena casi imposible, pero ¿y qué, si eso es precisamente lo que nos va a llevar a permitirnos ser felices? Lo mejor de alcanzar ese espacio de: "Me importa un bledo lo que haces o lo que hiciste, mi válvula permanece abierta de cualquier modo", es que automáticamente permites que llegue la clase de circunstancias que tú quieres (definitivamente, el objetivo del juego) y dejas de experimentar la vida en función de las acciones de los demás.

¿Estoy diciendo que debe perdonarse a una persona que maltrata? No, no en el antiguo sentido, nunca. Perdonar como antes lo hacías significa que estás todavía reteniendo la ofensa en tu vibración, e invitando a tener más de lo mismo. Estoy diciendo que lo olvides, que tengas abierta tu propia válvula, que escribas un nuevo guión y que vibres de tal modo que puedas salirte de ese lío.

¿Estoy diciendo que debe perdonarse a un adúltero? No, no como antes. Si el acuerdo entre ustedes dos fue de monogamia, estoy diciendo que lo olvides y abras tu válvula si no quieres que el problema se repita en esta relación, no en la siguiente. Tú tienes que atraer las vibraciones de tu deseo, en armonía, o en una nueva pareja.

¿Así que estoy diciendo: "no perdones"? Por supuesto que no, al contrario, estoy señalando que perdones lo antes que puedas. "¿Lo perdono? Por supuesto, ¿ahora qué sigue?". Eso está muy, muy lejos de: "Bueno, no sé, cariño, eso que hiciste fue una cosa horrible".

Incluso un pequeño grado de perdón funcionará en cierto momento; luego un poco más y un poco más todavía, si es la única forma como puedes hacerlo. Pero de una cosa estoy segura: a menos de que quieras más de lo mismo, perdonar, a fin de cuentas, significa olvidar. El hecho cierto es que si te enfocas en lo que no quieres que suceda en una relación, nunca vas a lograr lo que sí quieres.

Nunca, ni en un millón de años, porque para que una relación cambie a tu gusto, necesitas:
Enfocarte fuera de la situación.

Enfocarte en abrir la válvula, la tuya.

Ésa es la única forma como las circunstancias no deseadas cambiarán, y la única forma como tu relación sobrevivirá.

"¿Cómo puedo ayudar?"

"Tengo una pareja discapacitada. ¿Cómo puedo ayudarle?".

"Tengo una pareja sin trabajo. ¿Qué puedo hacer para ayudarle?

"Tengo un hermano que está enojado con el mundo. ¿Hay algo que yo pueda hacer?".

“Todos deseamos ayudar. Queremos dar, hacer o decir algo que haga sentir mejor a alguien.

Pero ten cuidado: una mano que ayuda no siempre es lo que parece ser.

Si reflexionas en esas preguntas durante un minuto, verás que el enfoque está directamente puesto en la otra persona. Y cuando el enfoque es en el dolor de otro, automáticamente te unes a esa vibración, que se unirá a la tuya hasta que tu válvula se cierre tanto como está cerrada la del otro. Tu enfoque está en situación negativa, lo cuál producirá más sentimientos negativos de los que tenías al principio. Y; lo que es peor, estás contribuyendo a que tu amigo tenga mayor cantidad de negatividad de la que tenías antes de que te unieras a él con tus vibraciones.

Así que, ¿cómo ayudar? El primer paso es colocarte en un sitio que te haga sentir bien, y lograr así que tu propia válvula se abra antes de poder pensar siquiera en la otra persona. Entonces, puedes inspirar -no asegures, sólo inspira- esa misma apertura de tu válvula en la persona en la que estás pensando. Ya no estás intentando pintar en el lienzo del otro, sino que sinceramente estás ofreciéndole  pinturas y pinceles.

Por otra parte, si sigues pensando en lo terrible que es que alguno de tus conocidos tenga cáncer, esté sin trabajo o que su casa se haya incendiado, esa terrible vibración permanecerá para reforzar las malas vibraciones en las que él se encontraba.

En lugar de eso, mientras piensas en ellos, visualízalos en la forma en que desearías que estuvieran. Si hay algo dentro de su ser que desea ir a hacia delante, tus impulsos de energía positiva, amorosa, tendrán una poderosa influencia en su pensar, sentir y ser. Es por eso que las oraciones para los enfermos raramente funcionan. Cuando vemos a aquel por quien se ofrece la oración como a alguien necesitado en alguna forma, partimos de un estado de carencia. Estamos viendo a esas personas como discapacitadas, cuando de hecho tienen tanto poder como cualquier ser en el universo. Simplemente lo han olvidado temporalmente, igual que los que están rezando por ellos.

Tengo una amiga cuyo padre estaba muriéndose completamente solo, a 3,000 kilómetros de distancia, en la costa opuesta. Todas las noches, cuando se iba a dormir, ella enviaba a su padre pensamientos de sanación con la esperanza de ayudarlo a reaccionar. Pero en su propio estado de tristeza, le enviaba la propia soledad de él, la imagen patética de un hombre sin amigos, sin familiares, sin voluntad de vivir, y el hombre seguía empeorando.

Entonces ella recordó la Ley de la Atracción y comprendió que estaba haciendo exactamente lo contrario de lo que deseaba lograr. Después de eso, antes de acostarse por las noches, visualizaba a su padre como solía ser: un hombre vital, divertido, entusiasta y sociable. Volvía a sentir los maravillosos momentos que pasaron juntos jugando tenis, y la alegría de toda la familia cuando iban a patinar sobre hielo en el estanque del pueblo. Podía sentir cómo se fundía dentro de la alegría de esos sentimientos y de esos momentos. En cuestión de tres días -¡tres días!- su padre la llamó por teléfono para decirle que se sentía mejor de lo que se había sentido en años, y que si estaría bien que fuera a visitarla.

¿Ella era responsable de ese cambio? Sólo de proporcionar a su padre la oportunidad de recoger esas nuevas pinturas y pinceles. Le dio un impulso vibrátil, semejante al de arrojar un salvavidas a alguien que puede tomado o no, pero cuya decisión es suya y sólo suya.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 100 Volumén 2

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