Ley de Atracción: ¿Eres víctima?


El tesoro de las piedras mágicas

Habrá ocasiones en que un "quiero" /intento en particular nos resulte tan ajeno, que no sepamos cómo nos sentiríamos con él, sobre todo si es de naturaleza emocional o si se refiere a cuestiones espirituales, tales como una comunicación más cercana con nuestro concepto de Dios. ¿Cómo encontrar el lugar que ocupa en el sentimiento algo que tan pocas veces -o tal vez ninguna-experimentamos?

O podría haber ocasiones en las que todo lo que queremos es salir de, o alejarnos de lo que sea que tengamos en ese momento, aun cuando no estemos seguros de qué es lo que queremos obtener, excepto que queremos sentimos mejor de lo que nos estamos sintiendo. ¿Cómo encontramos el lugar del sentimiento en medio de esa confusión?

Existe un par de formas para hacerlo, y tú ya conoces la primera de ellas. Simula el sentimiento de lo que te gustaría tener, de tu deseo, y habla de él con emociones imaginadas, hasta que se te haga agua la boca y, click, ésa es la forma directa.

La otra forma es indirecta, y suelo utilizarla con mucho respeto porque por lo general los sentimientos que estoy evocando provienen de recuerdos íntimos, profundamente queridos. Todos hemos tenido esos momentos especiales de la vida que no podemos olvidar, ni describir; momentos que podríamos llamar de renacimiento. Son piedras mágicas encerradas para siempre en nuestro cofre del tesoro. Se trata de los momentos de la vida más valiosos y significativos.

En una noche tranquila, quizá cuando las estrellas parezcan más brillantes que nunca, y el aire esté lleno de fragancias nocturnas, elige un lugar cómodo, relájate, disfruta de la belleza del momento, y retrocede hasta que tu memoria evoque aquel tiempo tan especial. O siéntate junto a la ventana, muy temprano por la mañana, y observa cómo empieza a asomar el sol del otro lado del cielo, dirígete hacia esa piedra mágica que tienes en tu memoria. Busca ese momento de tu vida que no-vas-a olvidar-nunca, y permítete experimentarlo como un recuerdo amoroso que te envuelve por completo.
¿Qué sabor dejó en ti aquella piedra mágica? ¿Fue amor indescriptible, o una revelación espiritual? Quizás fue satisfacción suprema, alegría desmedida, o absurda frivolidad. No necesitas ponerle una etiqueta al sentimiento, sólo reconocerlo como un tesoro de tu propio ser.

Así pues, cuando no puedas encontrar otra forma de evocar el sentimiento de tu deseo, o en momentos de desesperación en los que no logres hallar nada que aminore tu dolor, cuando no tengas a mano los medios que requieres para cambiar los sentimientos que tienes en esos momentos, recurre a tu piedra mágica porque en ella encontrarás el consuelo del amor incondicional, procedente de tu "Yo interno/Ser expandido". Cuando aquella experiencia y tu percepción se encuentren en el lugar del sentimiento, tú y tu "Ser expandido" serán uno solo, y dejarás de enfocarte en tu bloqueo emocional o en tu dolor.
Trae ahora el deseo de tu corazón como ofrenda a este sentimiento e introduce ese deseo, de manera respetuosa, en las energías curativas del sentimiento recordado. O no hagas sino disfrutar de la emoción que evoca en ti ese momento querido. Descansa con él y ten la seguridad de que todo estará bien.

La magia de la apreciación

Existen sólo tres estados del ser, en torno a los cuales todos giramos, a lo largo del día. Si pudiéramos percibir, aunque fuera una pequeña fracción de tiempo, lo que estamos sintiendo cada momento del día, tendríamos una gran oportunidad de cambiar nuestras vibraciones.

Modalidad de víctima

Es el marco mental de: "¡Oh-Dios-me-lo-están-haciendo-de nuevo-y-no-hay-nada-que-yo-pueda-hacer!"; en este caso no vamos a ninguna parte, sólo damos vueltas en círculos negativos, atrayendo siempre lo mismo del pasado.        

Modalidad de término medio

En esta modalidad no estamos ni arriba, ni abajo; sólo funcionamos con combustible de segunda categoría. No emitimos energía de ningún tipo, y seguramente no estamos atrayendo cosa alguna. En término medio, no sólo estamos viviendo los resultados de nuestra errática producción de energía, sino de la de todos los demás (lo semejante atrae lo semejante, ¿recuerdas?). ¡Muy desagradable! Y eso es lo que la mayoría de nosotros hacemos, la mayor parte del tiempo.

Modalidad de conectado

¡Ahora estás motivado! ¡Prendido! Tus altas frecuencias ya no atraen las vibraciones negativas de otros. Estás abastecido con la energía pura y positiva del bienestar, vibrando en armonía con tu "ser expandido", fluyes energía positiva y atraes eventos positivos. Mientras estás a salvo te rodeas de seguridad.

Modalidad de víctima, modalidad de término medio o modalidad de conectado, siempre nos encontraremos en una de las tres. Nuestra meta, desde luego, es llegar a la modalidad de conectado con tanta frecuencia y por tanto tiempo como podamos, por lo cual debemos tender hacia la energía positiva y muy alta de la sensibilidad.

La vibración de sensibilidad es la frecuencia más profundamente importante que podemos sostener, porque es la más cercana al amor cósmico que existe. Cuando algo nos vuelve sensibles, estamos en perfecta armonía de vibración con nuestra fuente de energía, o energía de Dios. Llámala como quieras.

Puedes impulsarte o ir directamente al sentimiento; no existe diferencia alguna. Lo importante es saber que un minuto de fluir la intensa energía de sensibilidad, contrarresta miles de horas pasadas en la modalidad de víctima de término medio.

Pero, ¡cuidado! No basta sólo con pensar en la sensibilidad. Eso no borra todo. El pensamiento es hacia afuera, el sentimiento es hacia adentro. No puedes tomar la decisión de ser sensible ante algo, y dejarlo ahí. Tiene que existir esa necesidad emocional que fluye de las profundidades de tu ser, para que funcione.

No obstante, ninguna de esas cosas significa que tienes que ser salvado de un accidente que ha puesto en riesgo tu vida por un grupo de rescatistas, para sentirte sensible. De hecho, fluir sensibilidad no es realmente tan difícil. Puedes emitirla con intensidad ante un anuncio que veas por la calle, si quieres. No te rías, yo lo hago todo el tiempo para mantenerme en forma. Como cualquier otra habilidad, emitir energía requiere de una práctica constante y hay algo absurdamente satisfactorio en producir toneladas de amor, adoración y sensibilidad ante un anuncio que señala: "¡Cuidado!: hombres trabajando". Yo la dejo fluir frente a las luces rojas del semáforo, los anuncios espectaculares, los pájaros que pasan volando, lo que queda de un árbol que han cortado, un animal muerto, una tormenta invernal y, desde luego, ante la gente.

Ocasionalmente, en el supermercado, selecciono la persona de peor aspecto más cercana a mí, para poder encontrar algo que admirar en ella, y producir la vibración más alta que me sea posible. Tal vez sea sensibilidad, o quizá un sincero amor a Dios. En una ocasión hice esto con una viejecita cascarrabias, que parecía dispuesta a comerme antes que a dejarme pasar. La empujé, y en ese momento se dio la vuelta buscando furiosa lo que sintió que la golpeaba, mientras yo le sonreía con inocencia.

Ése es mi juego de “abraza-a-un-vagabundo", en el que me imagino a un perfecto desconocido en la calle (o donde sea) y yo corro a abrazarnos como si fuéramos viejos amigos que no se han visto en años. De ser necesario, empieza con gente de tu agrado, con alguien que no te importaría que se sentara junto a ti en la barra de un restaurante. Poco a poco, aumenta el grado de dificultad de tu selección en el aspecto social, hasta que finalmente no marques ninguna diferencia en la clase de vagabundos que sean.

Limítate a ver -ya sentir profundamente- cómo ambos se reconocen alegremente, y se lanzan felices a ese gigantesco abrazo de oso, mientras surge entre todos un amor profundo. No sé con cuántas personas he hecho eso mientras camino por la calle, y los he visto darse vuelta buscando qué ha producido lo que sintieron.

La vibración de sensibilidad es también la vibración más elevada y más rápida que podemos usar para atraer algo. Si pudiéramos dirigirla a cualquier cosa y a todo, todo el día, tendríamos garantizado el cielo en la Tierra en cualquier momento; viviríamos felizmente y para siempre con más amigos, más dinero, más relaciones placenteras, en total seguridad y más cercanos al Dios de nuestro ser, de lo que es posible imaginar.


Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 97 Volumén 2