Juegos Olímpicos Espirituales parte II: Espirituculturismo





“Más que un ejército hiriendo, vence un héroe perdonando.” - Pedro Calderón De La Barca 

Aquí surge un desafío relacionado con la "época" en que nos tocó vivir a ti y a mí. Ahora se le da un singular posicionamiento de evolución humana a la tecnología. Es como un dios para muchos. Debo confesarte que yo mismo soy un fanático de ella, me encantan las computadoras, los celulares, el uso de Internet y sus infinitas formas de aplicación, los DVD'S, videocámaras digitales, hornos de microondas, microchips en tarjetas de crédito, y los teléfonos en general siempre han sido mi fascinación. Sin embargo, he decidido "usar" la tecnología, y no permito que ella me use a mí. Defiendo a toda costa la exquisitez de un bello diálogo en persona con mi mejor amigo, prefiriéndolo a la ya común práctica de un e-mail o una conversación por celular. 

Te comento esto porque la tecnología nos ha traído, sin duda alguna, grandes avances, pero nos ha perjudicado en otra dimensión, nos ha traído una "era express" en la que, gracias al avance tecnológico, todo lo queremos más rápido y eficiente. Todo nos urge. Queremos comer la pizza tan rápido que sólo consumimos las que prometan llegar antes de 30 minutos, queremos un e-mail directo al radiolocalizador para ahorramos el tiempo de ir a prender la computadora, preferimos un servicio express en la agencia para decidir o no dejar el automóvil, elegimos la tintorería que pueda entregamos más rápido la ropa limpia, preferimos comprar productos que nos prometen adelgazar en cuestión de unos cuantos días y sin esfuerzo como por arte de magia, preferimos comprar un casete subliminal que promete enseñamos a dominar otro idioma mientras dormimos y en cuestión de horas. ¿Será todo esto posible gracias a la tecnología actual? Responderé sincetamente: no sé. Pero hay algo que sí sé y muy bien: en el terreno del crecimiento humano y la evolución espiritual, la velocidad del desarrollo no es rápida como en el de la tecnología. 
En las charlas que doy acerca de la calidad, explico que uno de los parámetros más valorados es "la velocidad de respuesta"; sin embargo, yo mismo doy fe de que en cuestión espiritual no suele existir tal velocidad de respuesta, sólo se cultiva la virtud de la paciencia. Sobre todo, el crecimiento espiritual hay que entenderlo como un desarrollo en donde puede haber muy pequeños resultados luego de un gran esfuerzo; en él no hay saltos, sino pasos, y eso requiere de una gran paciencia. 

La justicia distributiva o conmutativa no tiene nada que ver con el crecimiento y desarrollo espiritual de un ser humano. Esto lo debe aceptar, como un primer gran paso, quien se adentre en el apasionante camino de la evolución espiritual. Hoy más que nunca he comprendido que Dios no es Lógica, es gratuidad. Los conceptos de ganancia, salarios, premios, paga, no son de Dios, son del hombre en su dimensión física; Dios sólo maneja conceptos de gratuidad y dádiva. En el terreno físico hemos aprendido que se debe guardar una relación entre los esfuerzos y los resultados, por eso las básculas, los programas de ejercicios por horas y días (medidas de tiempo al fin y al cabo) que prometen ciertos resultados (tallas, peso, etc.). Pero en el terreno espiritual existe una franca desproporción entre los esfuerzos y el resultado, y es que en Dios no hay medida. Recuerda que en el mundo de la gracia no hay proporcionalidades ni cálculo de proba­bilidades ni constantes psicológicas. Por eso, el resultado de hacer oración es imprevisible. 

Quiero compartirte, con todo respeto para tus creencias, la Nueva Conciencia que he adquirido de la oración. Creo que en este espirituculturismo al que te invito, se requiere de oración, pero no entendida como a muchos nos vendieron la idea de rezar desde que éramos niños, nada de eso, nada de mojigaterías. Y es que hacer oración "vocal" o peticiones comunitarias es algo muy fácil, cualquier persona lo hace y se aburre de ello, pero en cambio, habilitar facultades interiores para profundizar en la amistad divina, controlar y encauzar la energía mental en profundo silencio hasta la unión transformante con Dios por la auténtica oración, eso sí es difícil. Orar no es fácil, es un arte. Pero quiero afirmarte que como arte que es, se pueden establecer normas de aprendizaje, se llega a experimentar la auténtica oración con un método, orden y disciplina. 

Soy más que nunca un amante del silencio ya que en él he alcanzado a escuchar mucho más que en un medio bullicioso. Me ha impactado tanto, que por eso te lo comparto. Si eres de mis más asiduos lectores, notarás que cada vez que descubro algo bueno para el ser humano, algo que eleve su calidad me urge comunicarlo y compartirlo. 

Hoy más que nunca necesitamos tener un breve momento de oración para crecer como seres humanos, para evolucionar en lo que realmente somos: espíritu. Te suplico que tomes estas líneas como una opción más para mejorar tu calidad de vida. Desde hace diez años, cuando comencé con esta filosofía, quise que su postura fuera sin ningún tinte religioso y político. Sólo enfoqué nuestra misión en ayudar al ser humano a ser más humano. 

Hoy he entendido otra estrategia, muy poderosa por cierto, para lograr la misión: la fuerza de la oración auténtica. No me refiero a la lectura de una oración antes de dormir, como para acallar la conciencia, ni a la repetición mecánica de frases cuyo significado no se comprende a fondo, ni a la postura externa de devoción (mientras se abrigan pensamientos de odio, rencor o coraje). No, no me refiero a nada de eso, sino a algo verdaderamente difícil y desafiante para el desarrollo humano, al auténtico arte de orar, al verdadero poder que tiene un rezo. 

¿Para qué sirve una oración? Para parecemos más a nuestro Maestro espiritual, para pensar y sentir como él, para tener su visión. Nunca como hoy me había quedado tan claro este objetivo de la oración. Influido por mis guías espirituales y contemporáneos, como los escritores Wayne W. Dyer, Neale Donald Walsh, Elizabeth Kübler Ross, entre otros, y lo que aprendí en el libro Un curso de milagros, entendí la enorme diferencia entre querer seguir un dogma y tratar de ser como el que enseñaba, el que uno considere su Maestro espiritual. Sin duda es extremadamente distinto. No se trata de abrazar una creencia, sino de desarrollar mí profundo espirituculturismo, al seguir las enseñanzas de los fundadores de ellas. Los momentos de emoción sensible que tuvieron esos grandes líderes espirituales de todos los tiempos, son los mismos que tú y yo podemos tener, es cuestión de práctica, mucha práctica en la oración, tal como lo hicieron ellos. Dice el padre Ignacio Larrañaga que esos momentos de emoción sensible son auténticos caramelos de Dios. Te invito a que los saborees. El sabor más exquisito que lograrás es el de la paz. Algunas dulce citas podrán saberte agridulces, pero así son. 

Tu cuerpo puede ayudarte al estar en calma. De hecho, recomiendo mucho guardar silencio y la calma vendrá. Entiende que es distinto calma que paz; la calma quiero entenderla como el relajamiento de músculos y nervios, mientras que la paz es un encuentro con lo superior. La calma puede ayudar a encontrar paz, aunque té adelanto que la paz puedes encontrarla aun sin calma. Es normal que nuestro estado de ánimo cambie de un momento a otro, de un día a otro; el movimiento de la vida siempre es oscilante. Eso es normal. Lo único que te reservas es la dicha de poder elegir la oración como ejercicio de un auténtico espirituculturismo, cultivando la disciplina de esperar, actuando con paciencia, como la indescriptible mansedumbre y sosiego que le caracterizaba a Jesucristo, aun en circunstancias de intranquilidad y aflicción. ¿Puede un ser humano común y corriente, como tú o yo, conservar la paz y serenidad en un momento de crisis? 
Te puedo asegurar por experiencia propia que sí. Es cuestión de templar nuestro espíritu por mucho tiempo. ¿Cómo? Ejercitándolo al leer buena poesía y literatura de superación personal, al practicar la generosidad y dando diariamente algo valioso a los demás, hasta incluso fortaleciéndolo con el levantamiento de pesas espirituales más desafiante: el perdón. 

Hay que ejercitar nuestro espíritu durante muchos años, al igual que los fisico­culturistas lo hacen con su cuerpo, y así los resultados empezarán a surgir. Vale la pena ejercitar y esperar todo ese tiempo; asimismo, te vuelvo a recordar que no por un gran esfuerzo espiritual se te garantiza un gran resultado. Las leyes divinas no son como las leyes de la Física. En otras palabras, no por ser vegetariano durante muchos años, se te garantiza que nunca te atacará un toro. Te digo esto por experiencia. 

Con esta "era express" actual se vive la impaciencia. Recuerda que la impaciencia engendra violencia, la violencia, fatiga, y la fatiga te lleva a la impotencia, que a su vez produce frustración, y ésta desilusión. Curiosamente cuando la gente se acerca a estos temas es por urgencias en su vida y pareciera que esta salida le resolverá sus problemas encima de toda lógica, se acaricia la idea que se de un milagro en su vida y para colmo de males necesita que suceda antes de 24 horas. No funciona así. Creo que por ello, la gente no cree en la oración, se desilusionó, le da la impresión de algo irreal. Se cree que si no logramos rápidamente algo no es realmente útil, y es que lo lento parece no serprovechoso cuando el ritmo de la vida es rápido. Ése es el problema de la oración en nuestros tiempos, ése es el desafío de la evolución y del crecimiento espiritual hoy en día. 

Sin embargo, con una Nueva Conciencia, la oración, arte difícil para lograr su maestría, es una divina forma en la que nos estamos preparando para obtener la medalla de oro, para vivir el premio mayor: experimentar paz. Te vuelvo a recordar uno de los ejercicios más difíciles, que te obligará a hacer contorsiones espirituales que en más de una vez te generará calambres, pero vale la pena hacer el ejercicio: practica el perdón. Ese ejercicio te garantiza acercarte cada vez más a la presea de oro. Yo lo práctico y me ha sentado bien. Sé que habrá obstáculos, los veo venir, pero espero haber ejercitado tanto mi espíritu que pueda pasar esa prueba para poder tener acceso a la siguiente. Creo que en eso consiste una franca evolución, y en el trayecto hay que disfrutar el avance. Ejercicio espiritual y paciencia; además, conservar la sana conciencia de que en el espirituculturismo no existe relación entre el esfuerzo y los resultados, debe cultivar más aún nuestra virtud de la paciencia. Vivir practicando este arte, sin duda podrá llevarte, cuando menos te lo esperes, a vivir y compartir la maestría de una gran... 
¡Emoción por existir!

Del Taller de Autoestima Volumén 1 de Juan Carlos Fernández