Si vives en el futuro eres un mendigo; si vives ahora, aquí, eres un emperador


Por Osho

"El apego a la vida es algo muy profundo. Patanjali lo denomina abhinivesh, pasión por la vida. ¿Por qué existe si hay tanto sufri­miento? La gente viene a mí y con gran angustia me habla de sus sufrimientos, pero nadie parece dispuesto a abandonar la vida. Aun con todas sus miserias, la vida parece valer la pena. ¿De dónde surge esta esperanza? Es una paradoja y ha de ser comprendida.

En realidad, te aferras más a la vida si eres desgraciado. Cuanto más desgraciado eres, más te aferras. Un hombre feliz, no se afe­rra a la vida. Superficialmente resulta paradójico, pero si indagas profundamente en ello comprenderás el porqué. La gente que sufre siempre tiene esperanzas, son optimistas. Esperan siempre que algo les sucederá mañana. La gente que ha vivido entre grandes sufrimientos y en el infierno, ha creado el cielo -esa idea: el pa­raíso. Siempre está en el mañana; y nunca llega. Siempre está ahí, manteniéndose como un señuelo delante de ti en un lugar del futuro.

El cielo es un truco de la mente, el truco supremo. La mente está diciendo, "No te preocupes por el hoy; mañana será el paraí­so. Arréglatelas para pasar el hoy. No es nada comparado con la felicidad que te está esperando mañana". Y el mañana parece es­tar muy cerca. Evidentemente, nunca llega, no puede llegar. El ma­ñana es algo que no existe. Todo lo que puede llegar, llega siem­pre hoy... y el hoy es el infierno.
Pero la mente se consuela; ha de consolarse porque sino sería casi imposible soportarlo. El sufrimiento es intolerable y uno ha de soportarlo. ¿Cómo podrás soportarlo? La única forma es teniendo esperan­zas. La esperanza en contra de todas las esperanzas, el soñar. El soñar se convierte en el consuelo. El sueño diluye tus sufrimientos de hoy. Puede que el sueño no se cumpla, pero no importa. Al menos hoy pudiste soñar y soportar el sufrimiento presente. De esta forma puedes ir posponiéndolo. Los deseos siguen frente a ti en el futuro, insatisfechos. Pero la esperanza misma de que el maña­na llegará y de que todo se arreglará, te ayuda a continuar, a persistir...

Pero el hombre se aferra a la vida porque el hombre es desgra­ciado. Tú creías que ocurriría lo contrario, que un hombre desgra­ciado no se aferraría a la vida. ¿Qué tiene la vida para darle? ¿Por qué tiene que aferrarse? Habrás pensado en esto muchas veces viendo a un mendigo en la calle, en la cuneta, ciego, con lepra, sin pies, sin manos; esa idea ha de haber cruzado por tu mente: "¿Por qué se aferra este hombre a la vida? ¿Qué le queda? ¿Por qué no se suicida y acaba con esto?"...

Puede que pienses que un hombre tan desgraciado debería suicidarse o, al menos, pensar en acabar con esto. Pero nunca es así; un desgraciado nunca piensa en ello; no puede. El sufrimiento crea su propia compensación, la desgracia crea su antídoto. El cielo es el antídoto: "Mañana todo se arreglará. Sólo es cuestión de algo más de paciencia".


Un mendigo vive siempre en el futuro y tú serás un mendigo si vives en el futuro. Éste es el criterio para juzgar si un hombre es un emperador o un mendigo: si vives en el futuro eres un mendigo; si vives ahora, aquí, eres un emperador.

Un hombre que es dichoso vive aquí y ahora. No se preocupa por el futuro. El futuro no le representa nada; el futuro carece de significado para él. En realidad, el futuro no existe; este momento es la única existencia. Pero eso sólo es posible para un hombre dichoso. Para un hombre miserable, ¿cómo va ser este instante la única existencia? Entonces sería insoportable, demasiado, impo­sible. Ha de crear el futuro, ha de crear un sueño en alguna parte, ha de compensar tanto sufrimiento...

Osho, Yoga: La Ciencia del Alma, Vol. IV