Amarse uno mismo, en las Leyes de la Espiritualidad

Amarse uno mismo, en las Leyes de la Espiritualidad


Pero, ¿qué es amarse a uno mismo?
Ya lo he dicho. Amarse a uno mismo es reconocer las necesidades afectivas propias, los sentimientos, y desarrollarlos para que sean el motor de nuestra vida.

¿Entonces es bueno quererse a uno mismo?
Por supuesto que sí. La autoestima es necesaria para ser feliz.
Nuevamente lo repito: a lo que uno tiene que renunciar es al egoísmo, no al amor. Si uno no se quiere a sí mismo, ¿de dónde sacará la fuerza y la voluntad necesarias para amar a los demás?. 

Vivir sin sentir es casi como estar muerto. Por ello muchas de las personas que viven sin sentir desean morir, porque albergan la falsa esperanza de que al morir se acabará su suplicio y así ellas mismas inician el proceso de autodestrucción de su cuerpo que llamáis enfermedad. 
Muchas enfermedades provienen de que la persona es incapaz de amarse a sí misma. Son aquellas personas con un nivel de autoestima muy bajo las más propensas a tener enfermedades del sistema inmunitario, como leucemias, linfomas y enfermedades autoinmunes. Estas últimas, las enfermedades autoinmunes, tienen que ver además con un sentimiento de culpa muy arraigado. Estas personas están tan deprimidas que difícilmente podrán darse a los demás. Primero tendrán que resolver su falta de autoestima.

Entonces, ¿cuáles son los pasos a seguir para amarse uno mismo?
Primero, reconoced las necesidades afectivas propias, los sentimientos, y permitid que afloren para que toméis conciencia de que existen. Es decir, dejad de reprimirlos y pasad a desarrollarlos, para que sean el motivo de vuestra vida. Segundo, a la hora de actuar, hacedlo por lo que sintáis y no por lo que penséis, no por lo que os han enseñado que es correcto, si esto va en contra de lo que sentís. No permitáis que vuestros pensamientos, que están condicionados por multitud de razones, ahoguen vuestros sentimientos.
Mucha gente se preguntará si merece la pena dar ese paso.
Os aseguro que merece la pena, porque a medida que actuéis conforme a vuestros sentimientos comenzareis a experimentar un poco de lo que es la auténtica felicidad, la felicidad del interior, que sólo da el amor. También así evolucionaréis espiritualmente. Jamás renunciéis a vuestros sentimientos, porque es lo único por lo que merece la pena luchar y vivir. El principio es lo que más cuesta, porque la tuerca puede estar muy apretada. Habrá que poner mucha fuerza de voluntad, hasta que la tuerca empiece a ceder. Pero luego el camino se suavizará y los sentimientos que vayáis experimentando llenarán vuestro interior (¡¡de amor, sí!!) como jamás habíais sentido antes, y esto os dará fuerzas para continuar.

¿Y qué hay que hacer para amar a los demás?
Intentad ver a los demás como a vosotros mismos. Sed conscientes de que son hermanos, de la misma esencia y con las mismas necesidades del interior que vosotros. Todos tenemos las mismas capacidades y todos necesitamos amar y ser amados en completa libertad para ser felices. Si yo tengo sed después de estar caminando un buen trecho bajo un sol de justicia sin haber podido beber, ¿no ha de ocurrir que cualquiera en esas mismas circunstancias sentirá más o menos el mismo deseo de beber que yo? Pues con el amor ocurre lo mismo que con el agua. Todos sufrimos cuando se nos priva del amor y todos nos reconfortamos cuando se nos da. Por lo tanto, si observamos a alguien que está sediento de sentimiento, vayamos a darle de beber amor, al igual que cuando nosotros estuvimos sedientos de amor, hubo otros que nos dieron de beber.

Pero, ¿y si a pesar de nuestra buena intención hacia los demás recibimos ingratitud, desprecio o burla a cambio?
Cuando alguien os haga daño comprended que es por falta de evolución en el amor y que esta circunstancia la hemos de aprovechar para mejorarnos a nosotros mismos, porque seguramente si despierta algo negativo en nosotros es porque ese algo negativo todavía está en nuestro interior y debemos trabajar para eliminarlo. Como ya he dicho, hasta que el amor no se dé de forma incondicional, no podemos considerar el trabajo concluido, y el que encaja mal la ingratitud todavía no ha llegado a la meta, ya que en cierta forma todavía espera algo a cambio de lo que da.

Y alguien dirá, “¡Buf! Qué difícil es eso, porque si yo decido cambiar pero los demás van a seguir igual, ¡cuántos golpes voy a recibir! No sé si merece la pena”.
Y yo pregunto ¿no es mejor que a uno le intenten dar golpes que uno pueda intentar esquivar, a que los golpes se los dé uno mismo? Porque la gente que vive en el desamor es la que se está golpeando a sí misma y la que impide que nadie se acerque para quererla.

Lo que dices tiene sentido. Sin embargo me siguen surgiendo dudas.
Exponlas libremente.

Antes has remarcado la importancia de no reprimir los sentimientos, de que hay que expresarlos. Pero por otro lado hablas de la importancia de tener en cuenta las necesidades afectivas y los sentimientos de los demás. Y aquí va la pregunta: ¿No ocurre que hay sentimientos negativos como el odio, la rabia, la ira o el rencor que si los exteriorizamos pueden dañar a los demás? ¿Cómo se pueden exteriorizar los sentimientos sin hacer daño a los demás al mismo tiempo? ¿No son ambas acciones contradictorias entre sí?
Conforme tú lo has enfocado resulta una contradicción. De nuevo es necesario que aclaremos los conceptos para no generar confusión por un problema de insuficiencia del lenguaje, que utiliza la misma palabra, la de sentimiento, para definir cosas que son totalmente opuestas. Cuando yo antes hablaba de que hay que dejarse llevar por los sentimientos, me refería a los sentimientos que nacen del amor, que para distinguirlos habría que llamarlos amosentimientos, que siempre son positivos, claro. Los que nacen del egoísmo, o de la lucha entre el amor y el egoísmo, aquellos que hemos llamado sentimientos negativos o egosentimientos son otra cosa, por lo que hay que tratarlos de forma diferente (hablaremos de ello más adelante). Ciertamente, hay que evitar dejarse llevar por ellos porque podemos hacer mucho daño a los demás. En cualquier caso, el reprimirlos no conduce a nada. Sólo a que nos hagan daño por dentro.


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Continuará...







Título: Las Leyes Espirituales  
Autor: Vicent Guillem 
Está permitida la reproducción total o parcial de esta obra por todos los medios actualmente disponibles, con la condición de que no se haga con fines lucrativos ni se modifique su contenido. Página web oficial del libro:  http://lasleyesespirituales.blogspot.com


Correo electrónico: lasleyes.espirituales@gmail.com