viernes, 8 de julio de 2016

La imposibilidad de triunfar en el amor siendo madre soltera

Por Viviana Figueroa

La vida de una madre soltera es realmente difícil. Es difícil en demasiados aspectos. Personales, laborales y vitales. El mayor problema de una madre soltera es la concepción social de ser una mujer sola que tuvo un hijo. Quizás ni siquiera nos demos por enteradas, pero las personas nos ven muy diferentemente a lo que creemos.
Abundan los chistes de internet que dicen que estar con una mujer con hijos es como jugar una partida guardada ajena. Que una mujer en estas condiciones “desea mimos” y se encuentra más que dispuesta a vivir una “aventura” sin condiciones. Nos endilgan desesperos que no sentimos. Porque se asume que buscamos un padre para los niños. Nos asumen ávidas de amor. Nos asumen como unos seres que no sentimos ni padecemos. Y sí, aceptémoslo, somos muy proclives a atraer hombres que no valen la pena. Porque somos el tipo de mujer que viene con excusa de corte incluida.

Con excusa de corte, me refiero a que en cualquier momento, el hombre en cuestión va a decir que no quiere seguir con nosotras “porque es que el niño tuyo” o hasta nuestro propio entendimiento, cuando el individuo en cuestión, dice “querer hijos” y una no se encuentra en disposición de buscar escribir historia, teniendo lo que quedó de la otra, tomándola de la blusa y pidiendo atención.

Y sí, duele aceptar que en nuestra mente, estamos más que conscientes de que en cualquier momento, el hombre en cuestión, se va a incomodar porque tu hijo se va a levantar a las 6:30 am a pedir desayuno. Te va a llegar a la cama y los va a levantar a los dos. Sin importar que apenas el niño se haya acostado, te hayas ocupado de hacer sentir atendido, amado y querido a tu galán.

Sinceramente, las madres solteras venimos con excusa de corte incluida. Venimos con la aceptación de que no podemos dedicar el tiempo del mundo a la relación, e inclusive, ello va a ser excusa para que cualquier aprovechado llegue, se aproveche y se vaya con excusas baratas.

Sé que muchos hombres van a decir que están en desacuerdo conmigo. Hasta muchas mujeres que dicen estar en esa condición y tener una relación maravillosa. No se mientan. Porque será todo maravilla hasta que el niño haga un daño por casa. Hasta que se estresen y estallen, o simplemente tengan dónde dejarlo y dedicarse ambos tiempo de calidad. Pero nadie se le mide a la realidad. La realidad de hacer una vida con un hijo ajeno y lidiar con ella en la medida de que los problemas se den.

Éstos son tiempos en lo que aquello que no sirve, se bota. No es gratis el hecho de que seamos madres solteras. La relación con el padre de nuestro hijo, se encuentra en la basura. Ni siquiera el hijo sirvió para TRATAR de arreglar nada. ¿Qué se puede pedir de un tercero? ¿Que sin nexos ni trascendencia, luche junto a uno por una relación que ni se sabe a dónde va?

Y eso es parte de la visión social de una madre soltera. No vale la pena luchar por ella porque ya viene con paquete incluido. Y si ni siquiera el codueño se suele hacer parte en la ayuda con el paquete mucho menos alguien más. Y no, no buscamos “ayuda con el paquete” queremos un amor real y nos encargaremos de hacer todo cuadrar. Después de tanto golpe, llega el momento de plantearse hacer la vida sola. No sabría cómo hacer que el mundo cambie. Pero en la vida habría qué recuperar la tolerancia, el cariño, el respeto, la valía de las madres solteras. De quienes inclusive se aprovechan laboralmente, poniéndolas a trabajar en condiciones menoscabantes, porque verá ella si quiere darle de comer al muchacho o no.

Vivo en un país donde es alarmante la cantidad de madres solteras. Donde es alarmante la caída de aprovechados que llegan a dejar un retoño propio con ellas. Donde es alarmante la repetición de la misma historia. Y es alarmante que nosotras aceptemos los hijos y las condiciones de ellos, y ellos simplemente no.

Hombres buenos hay. Para una chica solterita, libre, y más de una madre soltera se ha encontrado sintiéndose menos opción ante la abrumante cantidad de muchachas que sí tienen el tiempo de cambiar hasta sus personalidades por agradable a un hombre.

Una madre soltera no tiene tiempo a veces ni para peinarse.

Pero algo sí somos las madres solteras. Somos mujeres plenas. Buscamos el orden en la vida. Tenemos compasión, tolerancia, manejamos el estrés, tenemos una vida independiente, y hasta quizás no tanto, pero tenemos corazón para dar y recibir amor. Aceptar a alguien que llegue y tratar de incluirlo en nuestra vida con lo poco que contamos. Confiando que alguna vez vayamos a poder tener una vida plena, donde todo tenga su lugar. Luchamos por ello cada día. ¿Y saben? No valorar eso en una mujer, es una gran pérdida.

Sigan con sus visiones y sus chanzas al respecto. Pero por favor, no lleguen buscando lo que no quieren en una mujer que tuvo un fracaso de pareja tan grande y tan lleno de consecuencias, que las mismas durarán para siempre. No hagan daño por hacerlo. No priven a una mujer de su felicidad por asegurarse una aventura en sus propias condiciones. El daño es grande, y hasta más grande que el del primer fracaso, porque este fue un riesgo que una mujer con hijos tomó confiando en su corazón. Y nadie quiere dejar de creer en su corazón y su instinto por haberse equivocado con un hombre inescrupuloso. Menos una madre, porque es una labor que se hace con instinto y corazón.

Simplemente, si no tienes intenciones de llegar para quedarte. No toques la puerta. Todas te lo agradeceremos.



Autor: Viviana Figueroa
Fuente: Upsocl.com

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