viernes, 13 de noviembre de 2015

{El Efecto Pigmalión} Cómo influimos en quienes nos rodean

El Efecto Pigmalión nace de un mito griego, donde un escultor de nombre Pigmalión esculpe una hermosa creación femenina a quien llamó Galatea, Pigmalión estaba tan admirado por la escultura que su trato hacia ella era como si se tratase de una mujer de verdad. Afrodita, testigo del amor que sentía Pigmalión hacia su creación, convierte a la estatua en una mujer real. Por la intensidad de los pensamientos y sentimientos de Pigmalión hacia la estatua, la misma cobró vida.

Este efecto ha sido objeto de estudio durante mucho tiempo, llegando a ser un concepto utilizado en gerencia, medicina, psicología, pedagogía, etc.

¿Cuál es la traducción práctica del Efecto Pigmalión?

Somos capaces de cambiar e influenciar a las personas con las que mantenemos contacto a través de las expectativas que tenemos. Es decir, cuando tenemos la expectativa de que una persona actuará de una forma determinada, estadísticamente la persona tiene mayor probabilidad de comportarse de la forma que esperamos.

Se ve súper sencillo, verdad? Voy a tener la expectativa de que mi esposo se comporte como todo un caballero, que mi hijo recoja su cuarto y que mi equipo de trabajo supere las metas del mes anterior. Pero resulta que hay unas letras pequeñas en el asunto, no puede ser una simple afirmación (aunque por allí se puede comenzar), para poder tener real influencia en una determinada persona a través de nuestras expectativas, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones deben estar alineados, realmente debemos CREER en eso, la expectativa debe ser real, estar convencidos de que así ocurrirá.

Cuando en nuestra mente se encuentra un pensamiento arraigado, es difícil modificarlo para tener una expectativa diferente, si en mi mente está que una persona no cumplirá con sus responsabilidades, aunque me despierte y me acueste inyectándome: “Perencejo va a cumplir con su responsabilidad”, si no me lo creo, no podré influir en el comportamiento de la persona a través de mi expectativa, porque mi cuerpo a través de su lenguaje corporal dirá otra cosa, porque mis energías estarán en otra dirección, porque prevalecerá la creencia original.

Así que si queremos aplicar nuestro poder de influenciar en la conducta de alguien más, debemos comenzar por cambiar la raíz de nuestros pensamientos, sentir que lo queremos es  posible y que la otra persona realmente posee todo lo necesario para cumplir esa “profecía”.

Es tan importante esto, que sepamos que lo estamos aplicando o no, siempre va a ocurrir, influenciaremos los resultados, conductas y actitudes de quienes nos rodean, para bien o para mal.

Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser.―Johann Wolfgang von Goethe

Esto no es más que otra muestra aislada del poder de nuestra mente y el poder de la fe, que todo lo que vivimos está asociado a nuestros pensamientos, que esos pensamientos no solo nos afectan a nosotros mismos y que tenemos un potencial enorme para formar la vida que queremos con las personas que queremos dentro, inclusive cómo queremos que sean.


Fuente: Rincón del Tibet.com

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