miércoles, 10 de diciembre de 2014

Del Miedo al Amor parte 3

“La dignidad no consiste en recibir honores sino en merecerlos.”
Aristóteles
DE LA IMAGEN PÚBLICA A LA ESENCIA PERSONAL

Si eres de las personas que en su interior ha sentido que "hay algo más" que lo que alcanzan a percibir nuestros sentidos, si algo te dice que habitamos más allá de lo que nos permite desenvolvemos este planeta, si eres de este tipo de personas que siente un despertar en su interior, entonces este capítulo lo sentirás resonar dentro de ti y quizá te confirme sospechas que venías teniendo a últimas fechas.

Para empezar quiero poner muy de manifiesto mi más profundo respeto para todas aquellas personas que le han dado una importancia capital a la imagen pública. Hoy en día me sorprende que una de las personas con fama social con base en la imagen del éxito fue alumna mía hace muchos años en algún curso de comunicación que dictaba. En aquellos años yo también creía que era trascendente la imagen. Hoy sé que no, hoy sé que hay algo verdaderamente importante. También respeto y admiro a personas que formalmente se han posicionado como expertos en la imagen pública a través de su trabajo. Los conozco perfectamente y su trabajo es extremadamente útil cuando se vive en determinado estado de conciencia. Para ese momento de evolución, sus conocimientos son en extremo valiosos. Por ello, estas personas siempre serán útiles para muchas otras que todavía viven bajo la identidad del ego; todavía tienen muchísimo trabajo por delante. Sin embargo, quiero expresar qué hay más allá, cuando uno logra pasar del lado oscuro a la luz y se da cuenta de otra dimensión a la que verdaderamente pertenecemos en nuestra identidad espiritual, con nuestro verdadero yo. Insisto, no se trate de demostrar quién está bien y quién mal. Ambas posturas aunque totalmente antitéticas son adecuadas, buenas y útiles dependiendo del momento evolutivo de conciencia en que se encuentre la persona. En una etapa Sé juega, en otra ya no; eso es todo.

La sociedad, su publicidad y mercadotecnia, las costumbres de ciertas familias, las creencias de ciertas amistades que tenemos, la influencia de algunos libros "especializados" y hasta ciertas religiones han sido los corresponsables de hacemos creer tenaz y decididamente que las apariencias son lo que cuentan en la vida. Se nos ha bombardeado durante muchos años con un claro mensaje del ego, de nuestro falso yo. Se nos ha tratado de convencer, incluso con argumentos lógicos y sustentados en una aparente academia, que las recompensas que podemos obtener en la vida son por las apariencias que mostramos, por nuestra imagen pública, por nuestra imagen del éxito. Sin embargo, tu yo interior, tu yo verdadero, sabe perfectamente que todo esto es fugaz porque las posibles recompensas que se obtienen con determinada imagen se desvanecerán al deteriorarse ésta con el lógico paso del tiempo.

Tu ego siempre te hará creer que lo único que existe y lo único que vale la pena es lo que ves, este mundo y ya. Tu ego siempre te instigará a creer que este mundo es de los triunfadores. En cambio, tu espíritu te hará saber que no es así, que hay algo más a donde perteneces y que el mundo es una morada momentánea para todos. Por ello, como dice Nisargadatta Maharaj: "El mundo es la morada de los deseos y el miedo. No puedes encontrar paz en él. Para hallar paz debes trascender el mundo". Y de eso se trata precisamente este libro. Yo así identifico el paraíso en la Tierra, como he empezado a conocer la vida desde hace poco con una Nueva Conciencia: una divina experiencia de paz y armonía interior donde no hay idolatría por las posesiones o las apariencias. Así se encuentra la verdadera paz, viviendo con conciencia de lo que realmente somos, de nuestra esencia. 

Durante muchos años hemos desarrollado un hábito inculcado hasta lo más profundo de nosotros y que consiste en juzgar a los demás por su apariencia. El ego es quien manda ahí. Valoramos a la gente por su imagen y estatus social, por sus prendas, por su belleza, por Su conducta. Cuando uno se identifica con su yo superior, con el espíritu, nos conectamos con la fuente de todos, con nuestras esencias y ahí no se juzga a los demás en términos de lo que poseen o de lo que parecen, ni siquiera de la forma en que se comportan. Es cuando nos relacionamos con los demás en función de la divinidad que fluye a través de esa persona y nosotros por igual. Cuando se alcanza a ver la divinidad que hay en los demás, como lógica consecuencia y sin esfuerzo alguno somos capaces de entregar amor y bondad sin reparar en ninguna imagen, es cuando vemos con los ojos cerrados, nuestro espíritu nos permite sentir la verdad que hay en la otra persona incluso aún si aquélla no la conoce. Esto es verdaderamente en el orden de lo divino.

Con lo anterior no quiero hacerte sentir que hemos de hacer amistad con todo el mundo y podamos contratar a cualquier persona, sea como sea. Los enemigos de la postura espiritual, los egos, ya deben de estar atacando por este ángulo. Pero no, no me refiero a eso. Mira, a lo que me refiero es que te permitas conocer verdaderamente a alguien, y despreocuparte por su imagen, incluso por la tuya. Date la oportunidad aunque sea algunos momentos, eso ya será un buen principio. La imagen, mientras sigamos en este planeta, ahí estará, nuestro ego siempre nos acompañará, siempre. Se trata entonces de que, incluso mientras estemos en este planeta, nos percatemos de que nuestra esencia es algo que va más allá, mucho más allá de los linderos de este planeta. Por supuesto que hay "condiciones de imagen" que muchas empresas requieren para su personal, hay "condiciones de imagen" que muchas personas imponen para sus amistades.

Lo he vivido. Sin embargo te llevarás una gratísima sorpresa cuando te des cuenta de que la imagen del éxito, que la imagen pública adecuada, ¡es una consecuencia cuando es verdadera!, como lo he venido planteando a lo largo de todo este material. No es lo mismo "adoptar" una imagen del éxito o actuar con determinada imagen pública luego de haber adquirido el conocimiento de las conveniencias de tenerlo, a proyectar esa imagen del éxito o imagen pública ¡incluso sin saber que la estamos proyectando! Esta última es verdadera consecuencia de nuestra esencia, y es una imagen tan pura que nos tiene sin el más mínimo cuidado. Cuando alguien actúa su imagen avalada en sus conocimientos de la misma, luego de un tiempo, siempre se le cae, siempre, y en el mejor de los casos, se ve a todas luces falsa. En cambio cuando alguien vive acorde a su esencia espiritual y ésta es identificada con el bien, la verdad, la belleza y la unión, su imagen exitosa siempre le acompañará, siempre, incluso no la puede eliminar porque no la adquirió nunca, sólo es un reflejo de lo que verdaderamente ya es. Con ello te quiero compartir que posiblemente te encuentres con personas que te proyecten una imagen que se percibe exitosa pero que ni ellos mismos se dan cuenta de que la tienen, entonces estás frente a una persona que ha evolucionado y vive su espiritualidad sin preocuparse por las demandas de su ego. Posiblemente esa persona pronto seas tú.

Algo que ha afectado la vida de miles es que se juzgan a sí mismos por la apariencia. La consulta de un terapeuta, de un dietista, de un psiquiatra, asesorías de sacerdotes o expertos en imagen, están llenas de estas personas víctimas de su propio ego. Increíble, víctimas de sí mismas. Tal parece que cuando nuestro ego nos orilla a juzgar a alguien, suele castigamos luego juzgándonos a nosotros mismos. Hay un precepto bíblico que reza: "Con la vara que midas serás medido", y con todo respeto creo que quizá viene incompleto y debería decir: "Con la vara que midas serás medido incluso por ti mismo". Cree en esto: así como estás, así como eres, estás básicamente bien y eres un auténtico hijo de Dios. ¿Qué más podrías necesitar? Si crees en lo que te propongo ahora, súbitamente podrás experimentar en tu interior una paz que hace mucho no experimentabas, incluso ganas de llorar por la alegría del hallazgo. Si te das cuenta de que tu ser espiritual, tu verdadero yo, está en constante comunión con Dios y eres parte de Él, ¿qué podrías necesitar más? Quizás, ahora mismo mientras lees esto, experimentes un flujo de energía en todo tu cuerpo que te hace sentir verdaderamente bien. Casi lo podría apostar. Así como estás, así como eres tal cual, eres amado en verdad por Dios. Sabe esto y siente la consecuencia, vÍvela.

Mientras sigas en el juego, te obsesionará la caída de tu cabello, te cambiará el carácter cuando subas de peso y engordes, te angustiarán las arrugas, buscarás constantemente las mejores joyas y los perfumes más caros para sentirte bien (mientras en verdad no te sientes nada bien), hasta llegarás a consumir productos que mantengan la erección de tu pene por más tiempo o comprarás algún otro que lo haga más grande, te podrás llegar a operar tu busto creyendo fielmente que ahí está la forma de retener a un hombre o de elevar tu autoestima, lucharás por tener el mejor puesto y te ufanarás al presentar tu tarjeta de presentación ratificando constantemente tu superioridad. Vivirás constantemente buscando que la cifra de tu cuenta bancaria aumente aunque quizá desde hace mucho tiempo ya no necesitas nada. Ése es el juego. Desde ahora te digo: es un juego que si lo juegas, sus reglas están diseñadas para perder. Si no me crees, con el tiempo tú solo te percatarás de ello. En cambio, si no juegas, ganas, y para colmo, sin tener la más mínima intención de ganar nada. Por eso desde el principio de estos capítulos te comenté una verdad espiritual: menos es más.

El ego se siente rápidamente ofendido ante la crítica de los demás y por ello, por su constante miedo a ser rechazado (ver capítulo anterior), busca insistentemente todo lo que sea necesario para sentirse aceptado por la sociedad manteniendo la imagen que cree que los demás aceptan.  Nuestro espíritu no está interesado en agradarle a nadie. Ya es agradable en sí mismo. Está bien. Y está bien todo el tiempo. E irónicamente, eso le agrada a todo el mundo. Una persona que se deja de juzgar a sí misma regocijándose en el conocimiento de saber quién es realmente, se olvida de su imagen, y ahí proyecta una paz y una armonía, una verdadera felicidad que, independientemente de cómo esté su imagen, enamora a los demás.

Con todo lo anterior no te quiero decir que te abandones bajo la aparente bandera de una espiritualidad mal entendida. No te quiero decir que permitas que el cuerpo adopte la forma que sea y ya, que te descuide 'No. Sólo te quiero invitar a que no juegues y vivas con mayor paz y armonía sabiendo que un ser verdaderamente espiritual no se descuida pero por lógica consecuencia de su auténtico ser, no por la angustiosa búsqueda de aceptación.

Con tu ego siempre estarás tratando de dar la imagen de un triunfador porque en el fondo tienes miedo, de que si la pierdes, no eres digno de aprecio. La humana necesidad de amar y ser amados es parte del ego buscando el amor donde no lo hay; mientras que el espíritu mismo ya es el amor expresándose todo el tiempo y no necesita nada. Cuando el ego persigue una imagen determinada, se vive con inseguridad constante; cuando el espíritu no busca nada, todo es seguro permanentemente. Tú decides si sales a la luz o sigues jugando en el lado oscuro. He aquí algunos ...

Ejemplos de comportamientos en el lado oscuro

• Estar más preocupado por tu imagen que por tu misión de vida. Sin duda, mientras más preocupe do por tu imagen estés, menos hallarás el sentid de tu vida. Es imposible dedicar la energía suficiente a tan hermoso hallazgo como es el sentid de la vida, mientras esta misma energía se disipo distraiga en la búsqueda de aceptación dedicad a nuestra imagen.

• Buscar reconocimientos, títulos, diplomas, certificados, en lugar del disfrute por haber participado en la ayuda. Gozar mientras observas tus trofeos, disfrutar mientras cuelgas tus diplomas, obtener un certificado (aunque no lo merezcas), son ejemplos de tu ego dominando tu vida. Cuando le pides a tu hijo que obedezca fielmente lo que un maestro le dice para que obtenga las calificaciones altas corno te gustan para presumirlas con tus familiares, a costa de la paz interior del niño, estás gobernado por tu ego con funestas consecuencias para el futuro de tu propio hijo y de ti. Si brindas a tu hijo amor y reconocimiento con orgullo, sólo cuando éste trae buenas calificaciones, le estarás enseñando que él no vale, sino sus resultados y que por eso lo amas, por lo que logra, no por lo que es. Recuerda: " la vara con que midas serás medido ". Luego, años más tarde, no te sorprendas de que no te ame si no le das lo que él desea. Tú le enseñaste a ser así. Al ego le encanta negociar.

• Permitirte ser manipulado por la publicidad. La industria publicitaria siempre estará basada en los reclamos del ego. Toda la publicidad que llegue a ti te deberá hacer sentir que estás incompleto si no tienes determinada imagen que se te quiere vender. Si te llegas a sentir mal por no cumplir con lo que la publicidad te propone, conocerás lo que es vivir en el infierno aquí en la Tierra. Los trastornos alimenticios (anorexia, bulimia) tienen su origen en las terribles demandas del ego. Nunca podrás estar tranquilo y en paz. Nunca conocerás la armonía y, lo peor, nunca Conocerás el verdadero amor. Lo más irónico: lo tenías tan cerca, pero tanto, que estaba dentro de ti, pero tú buscando afuera.

• Dedicarte a criticar la imagen de los demás. Si dedicas tiempo a describir y publicar lo que tú crees son imperfecciones, estás siendo dirigido por tu ego. Eso sólo te hará sentir cada vez más y más separado de los demás. La percepción de Id divinidad será un absurdo para ti, algo imposible.

• Creer que tú eres tu cuerpo o tu profesión. Cada vez que creas que lo único que existe de ti es tu cuerpo y que por esa única razón lo debes cuidar, eres presa de tu ego. Cada vez que luches por demostrar que no eres como cualquiera por el título profesional que ostentas y que sientes le da fuerza a tu imagen, eres gobernado por tu ego. Estos pensamientos basados en tu ego te generarán ansiedad siempre. Cuando tu cuerpo cambie o ya no puedas ejercer tu profesión, sentirás que ya no vales y la depresión te acechará a la vuelta de la esquina en todo momento. Incluso desde ahora.

Imagina que en tu corazón existe un divino impulso por ascender y que en el momento en que lo intentas, algo tira de ti hacia abajo y no quiere que descubras nada. El que tira es tu ego. Quizá por ello, una parte de ti quiere seguir leyendo, pero otra hará hasta lo imposible porque no lo acabes o lo regales o lo pierdas, ó simplemente lo dejes votado por ahí arguyendo que esto no es para ti. Estate alerta a estas señales de que algo quiere tirar de ti hacia abajo. Es increíble cómo algunas fuentes de información nos quieren hacer creer que la apariencia es equiparable en trascendencia a los valores internos de una persona. Podrás encontrar libros enteros que tirarán de ti hacia abajo.

Continuará...

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 292 Volumén 2: Del Miedo al Amor

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