jueves, 25 de septiembre de 2014

¿Perdonas o te niegas?


Vamos a hablar sobre el agujero negro del perdón.

Muchas veces, la gente piensa que están expresando perdón cuando están realmente en negación. Una falsa idea de la Nueva Era ha sido promovida, donde se sugiere que para convertirse en un amoroso ser espiritual es necesario perdonar a todos, incluso si han sido maltratados, insultados y engañados.

La gente está tan incómoda con la ira que se ha convertido en una práctica religiosa “saltarse” esa emoción por completo, como estar directamente cerrándose para encajar en la idea. A esto se le llama “perdón.”

También hay una idea similar de la Nueva Era que dice algo como: no podemos usar el juicio porque el juicio es condenar a los demás, y para ser una persona espiritual, debemos amar a todos. De hecho, el escrutinio, la evaluación y la medición de lo que está sucediendo es un buen uso de tu inteligencia, no un acto poco amistoso. La cábala trabajó duro, y con buena razón, para entrenarnos en la creencia de que usar el juicio es lo mismo que ser críticos. Fue una brillante y deliberada enseñanza para engañar a la humanidad a abrazar su ceguera. Si realmente lo hubiéramos observado con un claro juicio, habríamos visto a través de su ilusión y ellos habrían sido impotentes sobre nosotros.

Cuando te fijas bien en algo, permites que la respuesta de la bandera roja intuitiva e instantáneamente te lleve a la Verdad y fuera del peligro. Pero esto significa que tienes que usar el juicio.

En lugar de ello, se espera que seas ignorante sobre lo que sientes, con el fin de hacer que otras personas se sientan bien, especialmente los que se comportan mal contigo. Se supone que vas a aceptar a todas las personas de la manera que son, incluso si, aquí de nuevo … te han maltratado, te han faltado al respeto, y engañado.

El panorama que acabamos de describir es un círculo vicioso (el perdón, la negación, el olvido, la negación, la ira, negación y la ceguera) que te impide siempre llegar al punto o a la verdad de lo que realmente ha sucedido. Esta actitud siempre te pone en riesgo de repetir los errores del pasado, cuando la utilización de tu juicio o intuición te habrían permitido la oportunidad de llevar tu vida a un nivel superior.

Así que estás atascado en la negación, porque presumiblemente, expresando quién eres y lo que piensas va en contra de perdonar a los demás. Esto anima una interminable tolerancia hacia personas a las que no se les debe permitir los derechos y privilegios de estar cerca de ti. 

Esto nos lleva a la tercera mentira que nos conduce al Agujero Negro: Por decir la verdad, estás haciéndole daño a otros y “causando problemas”. Esto no es aceptado socialmente y te traerá rechazo y abandono (de la misma gente que ya deberías haber dejado atrás). Mientras te mantienes en esta prisión emocional “circular” no puedes hablar tu verdad o expresar tus sentimientos honestamente. Se espera que irradies amor, o te arriesgas a ser visto como un intolerante, egoísta y demasiado sensible.

¿Cómo puedes ser capaz de irradiar amor cuando has puesto todo el resentimiento, la ira y el miedo en tu estómago, en tus intestinos, en tu corazón y en tu mente con el fin de pegarte una gran sonrisa en tu rostro y fingir que todo está bien? Esto no es el amor, ni el perdón, ni la tolerancia o la elevación espiritual; esto es la negación. Todo está diseñado para evitar que seas libre y para evitar elevar tu vibración al brillante Trabajador de Luz que realmente eres. Acabas de ponerte el uniforme con la bola y la cadena, lo que impide que te eleves a tu propia Ascensión.

Por lo tanto, la negación significa realmente que tienes que poner a todas las personas, los acontecimientos y las conductas personales que no te gustan y que te hacen sentir avergonzado, enojado, herido o indigno en una pequeña cajita llamada “Cosas para olvidar”. Esta cajita lo colocas en un secreto rincón de tí mismo mientras te das el crédito por haber “trabajado esto”. Al hacerlo, estás adoptando el principio de la cábala: “Sucedió hace tanto tiempo que ya no es cierto, así que mejor no tocar el tema”. Debes entender que al hacer esto no puedes manifestar tu vida ideal, debido a que la visión de tu vida ideal muere con la negación de tí mismo.

Si te encuentras en el modo de negación, no puedes perdonarte a ti mismo y no puedes perdonar a otros.¿Cómo resolver esta paradoja? Primero debemos entender que hay dos formas reales de perdón.

Primero, están la verdad y la reconciliación como formas del perdón, que tiene lugar entre dos o más personas que están presentes y conscientes de la interacción. Esto requiere reconocimiento de la responsabilidad, genuino arrepentimiento y una sincera disculpa: “Prometo que nunca más voy a hacerte esto otra vez”, y no se repiten esas acciones nunca más.

Sólo entonces es posible que el afectado pueda perdonar verdaderamente y seguir adelante en la relación sin comprometer su integridad ni buen juicio. (Cuidado con la falsa disculpa que lleva un tono de reproche: “Lo Siento, me obligaste a hacerlo”, es manipulación)

Las siguientes condiciones deben estar presentes con el fin de resolver el conflicto:
- El que ha sido herido reconoce sus sentimientos y le ofrece al otro la oportunidad de compensar su error, lo que es un regalo de confianza y buena voluntad. 

- Cuando la persona que le ha hecho daño a otra asume su responsabilidad, expresa genuino arrepentimiento y pide perdón, se crea un entorno en el que la proximidad real y la confianza pueden crecer. A partir de esta tierra fértil, una relación fuerte y saludable se puede desarrollar.

La reconciliación y el perdón genuinos exigen apertura, transparencia, amabilidad y acuerdos mutuos consciente antes de continuar. Si no has logrado esto, y decides quedarte, vas a crear una fórmula para el desastre. Si no has visto todos los elementos anteriores, estás abandonando tu libertad y la oportunidad de ser auténticamente tú mismo. Es más sensato alejarse. Poner en peligro tu integridad a cambio de una solución sólo puede recrear el ciclo de resentimiento y dolor.

La segunda forma del perdón es dominar en solitario tus sentimientos, al margen de cualquier relación continua. Esto no debe confundirse con la anterior reconciliación/perdón. En este caso, el agresor no se arrepiente, ni está dispuesto a negociar, o está ausente. Esta forma del perdón NO DEBE ser utilizada como una excusa para jugar en el lado oscuro mediante el apoyo a otro en el mal comportamiento, o para felicitarte a ti mismo por estar por encima de todo.

Entendemos que la resolución interna del dolor o heridas del pasado son el camino para la paz de la mente. Con el fin de lograr esto, debemos estar dispuestos a liberar todos los sentimientos de resentimiento o victimización, que nos mantienen atados a su autor y a la oscuridad que hemos experimentado. Ver que nuestra propia recuperación es más importante que la venganza, nos permite tomar la decisión de liberarnos a nosotros mismos para amar de nuevo a pesar del dolor del pasado.

Una persona que ha sido devastada por eventos traumáticos o por una vida sin amor, puede perder control sobre sí mismo, sobre su fe en Dios y en su amor propio. Las personas que han sido víctimas pueden caer en un pozo sin fondo de auto-culpa y odio. Se necesita coraje, determinación y enfoque para restaurar su fe y creer en ti mismo.

Esta forma de perdón es fundamentalmente acerca de tu propia recuperación y de la decisión de vivir en el presente, en el amor contigo mismo. Abrazar la verdad de tu pasado en lugar de tratar de negarlo hace que sea posible restaurar tu sentido de auto-respeto y dignidad. Este es el logro real. Aprender a amarte a tí mismo, es la verdadera clave para el perdón. Es la forma de salir del Agujero Negro, y el camino para manifestar la vida ideal que viniste a vivir.

Para una mayor exposición sobre estos temas, consulte el Capítulo 27, “¿Cómo puedo recuperarme sobre ello?” y el Capítulo 28, “Aprendiendo a Perdonar”, del libro ¿Quién necesita la Luz? por Kathryn E. May, PsyD (Who Needs Light? by Kathryn E. May, PsyD)

Por Gabriella Brightlight y Kathryn E. May, PsyD


Traducido por Gloria Mühlebach

Tomado de Hermandad Blanca


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