martes, 2 de septiembre de 2014

¡Estamos despertando!

"Este es el inconveniente más común en relación a los cambios: vives poniendo parches en  situaciones que ya no dan para más.  

Para solucionar cualquier cosa, debes  evolucionar hacia el siguiente nivel y, allí, encontrarás la respuesta."
Philip James Bailey


Estamos viviendo una época única en la historia del Universo: estamos despertando.  ¿A qué?  A una nueva realidad, la del Espíritu.  Hemos sobrevivido dormidos o semi-dormidos, sin registrar los múltiples dones presentes en nosotros.  Nos hemos manejado con menos del 10% de nuestro potencial y, así, nos hemos creído víctimas silentes de un sistema que contribuye a quitarnos el poder.  Es hora de abrir los ojos a una verdad portentosa: somos Seres Espirituales transitando una experiencia Humana.  Es hora de encender el Alma, reconociéndonos en nuestra Esencia.  Es hora de unirnos concientemente a la Fuerza Creativa del Universo: el Amor.  Somos Hijos de la Luz.

¿Cómo comenzó esta travesía? 
Si bien hubo muchos antecedentes, se coincide en tomar los años 60 como el inicio a través de la llamada Nueva Era.  La Nueva Era es, según sus seguidores, el comienzo de una etapa que rompe con los paradigmas de una civilización belicosa, rígida, institucionalizada y racionalista, abriendo paso a una forma de ser y de pensar diferente, bajo el modelo acuariano (¿recuerdas la famosa “Conspiración de Acuario?”).  Es el amanecer de la armonía y el entendimiento entre los hombres, basado en una sensibilidad que capta la energía divina manifestada en la conciencia expandida de la Nueva Humanidad. Es un proyecto que abarca la transformación del mundo contemporáneo tal y como lo conocemos ahora.

Muchos lo llaman también “La Ascensión”. Ascensión es la elevación de la frecuencia vibratoria de nuestros campos energéticos, hacia las octavas más elevadas de luz.  Es la fusión con nuestra verdadera naturaleza. Ascender es reconocer nuestra matriz divina y recuperar la conciencia de quienes realmente somos, es nuestro camino de reencontrarnos con Dios, al mismo tiempo que traemos a Dios para manifestarse en nuestra personalidad.  Y, con la manifestación de Luz en la Tierra, estamos realizando nuestro propósito divino en el planeta.


La Tierra está pasando actualmente por el proceso de ascensión planetaria, que es un progreso natural que ocurre a todos los planetas en un estado específico de su evolución cuando su base cambia de carbono a silicio. Así, la ascensión personal es la consecuencia de la ascensión planetaria. Y es exactamente esto que nosotros estamos vivenciando en los días de hoy.

La ascensión personal ocurre con la participación activa o no de nosotros. Pero, la conciencia de este proceso puede acelerarse de forma que más personas empiecen a despertarse, pasando a auxiliar al planeta en su transformación lo que hace que la misma pueda ocurrir sin grandes complicaciones (cataclismos, tragedias, desastres naturales, etc.).  Esto obviamente se traduce también en menos dramas personales al dejar de vibrar con los paradigmas de la Vieja Energía (lucha, esfuerzo, sufrimiento para evolucionar, estrés, emocionalidad desbordada, etc.) para conectarse con la gracia y la fluidez de la Nueva Energía. 

¿Cómo se manifiesta esto en nuestra vida cotidiana? 
Existen una serie de señales.  Enumeraré algunas:

Físicas: cansancio que no se alivia con el sueño, dolores en músculos y articulaciones, ciclos de sueño interrumpido (algo común es despertarse a las 3 de la mañana o muy frecuentemente), aumento o aparición de alergias estacionales (rinitis a repetición, estornudos), incremento de la sensibilidad a los alimentos (necesidad de una nutrición más sana), disturbios digestivos y desórdenes de la eliminación, recurrencia de viejas enfermedades o síntomas que parecían resueltos, zumbidos en los oídos, problemas hormonales (calores y sudores), linfáticos o inmunológicos y otros.  Muchas veces, los estudios médicos no muestran nada anormal o son síntomas que aparecen y desaparecen solos o que son provocados por un gran estrés psicológico.

Mentales: invertir palabras o confundirlas en el habla o la escritura, dificultad para concentrarse (sobre todo en libros espirituales), confusión al tomar decisiones que antes eran fáciles, ansiedad elevada acerca del futuro, hacerse ilusiones sobre cambios sin crear cambios, depresión, estrés.

Emocionales: tristeza por el estado de la condición humana y desesperanza por crear un cambio real en el mundo, sentirse estancado en una rutina y no saber cómo cambiar su realidad, desesperación por repetir lo que parecen ser los mismos patrones, miedo de quizás estar “perdiéndose” de algo crítico, adormecimiento acompañado por comportamientos que distraen, sensación de una inmensa liberación o terminación de vínculos o etapas, sentimiento de insuficiencia en las relaciones significativas, enfado por la apatía propia y general.

Sociales: interrupciones en el trabajo (pérdidas, cambios, indecisiones), sensación de estar en la carrera equivocada, sentimiento de que no se está contribuyendo verdaderamente al mundo, incrementado estrés y presión financiera, dificultad para comunicar claramente las ideas a los demás, enojo con los amigos que han sido esporádicos, poco confiables o ausentes, necesidad de moverse a otra parte del país o del mundo, deseo de largar todo e irse.

Espirituales: dificultad para contactar a los guías, retos para aquietar la mente para la meditación, falta de compromiso con la práctica espiritual, “olvidarse” de rezar, no tener las mismas “visiones” de antes, desilusión sobre el camino espiritual, sentirse distanciado de su grupo de referencia, anhelo o nostalgia por “ir a casa”.

Quizás, te preguntes ¿por qué esto se manifiesta en formas difíciles y dolorosas?  Muchos creen que “ser espiritual” o “ascender” significa perfección y ausencia de conflicto.  En realidad, la frecuencia de la Ascensión llega a través de una prueba o salto de fe, en donde uno duda de la misma existencia de lo Divino por algún tiempo, pasando la oscura noche del alma, para salir a un lugar mucho más profundo que la fe.  Esta emergencia espiritual es una gnosis.  Gnosis significa “conocer la Chispa Divina interna por la experiencia directa”. 

Entonces, también hay señales del despertar:
Físicas: verse más joven, sentirse más vital, conciencia de que sale calor de manos y pies, elevados sentidos del oído, olfato y gusto, volverse más conciente de cómo el cuerpo se mueve y activar gracia y fluidez a través de la postura y la respiración, poner atención a los lugares de dolor/síntomas/enfermedades  del cuerpo para aprender su significado y oportunidades de crecimiento, buscar profesionales holísticos que ayuden en la responsabilidad de las propias creaciones, incrementada habilidad para acceder a la paz interna.

Mentales: desconectarse del “sonido blanco” y la información negativa (TV, radio, chismes), más intuición, habilidad para aprender nuevos conceptos o idiomas, anotarse en una clase de enseñanza “superior”, buscar conectarse a través de los ojos y el corazón, vivir en el aquí y ahora, gnosis incrementada (sé porque lo estoy experimentando).

Emocionales: felicidad al experimentar cosas simples como la puesta del sol o una sonrisa, habilidad reaparecida de permitir que las lágrimas fluyan, aumento del sentido del humor y de reírse del ego, más empatía y conexión con las personas, ganas de mostrar las emociones en lugar de esconder el verdadero yo, darse permiso para seguir los deseos del corazón (“yo soy” y “yo puedo” se vuelven las palabras claves), soltar la necesidad de controlar todo.

Sociales: buscar nuevos amigos o grupos que estén interesados en la vida integrada (equilibrio cuerpo-mente-espíritu), conocer nuevas personas “casualmente” y saber que esto es Dirección Divina, ir a nuevos lugares y salir de la zona de comodidad, ofrecer de corazón ayuda a los otros sabiendo que se está ayudando a uno mismo, saber que todos somos espejos de todos.

Espirituales: ver lo Divino en lo mundano, experimentar verdadera rendición a la Voluntad Divina sin sentirse víctima de las propias elecciones, co-crear con Dios, amarse como se es sin la necesidad de calificar, pedir y recibir confirmación de los guías, sentir a Dios dentro del cuerpo, dejar ir las expectativas de cómo se cree que las cosas “deberían ser” y aceptarlas como son, ser guiado por la intuición espiritual en lugar de limitarse por el miedo, ver la belleza y la abundancia en todo y en todos, ser capaz de trascender las percepciones limitadas de la encarnación y ver la experiencia de vida en la realidad del alma, saber que se está en el hogar ahora.

La Ascensión, vivir en la Nueva Energía se trata de conciencia.  Conciencia de que estamos aquí para amar, no para sufrir o “compensar” por errores o fechorías pasadas.  Hemos elegido estar aquí para perdonarnos, perdonar y amar.  Conciencia de que todo tiene significado en nuestras vidas.  Esto implica un flujo continuo de “darse cuenta”, experimentando el presente plenamente.  Conciencia de que somos un Ser de Conciencia Estelar que estamos aquí para aprender sobre libre albedrío, la elección y la activación de nuestro Verdadero Yo en esta dimensión. Conciencia de que estamos conectados a todo, de que Todos Somos Uno y que, cuando amamos a otro, nos estamos amando, cuando lastimamos a otro nos estamos lastimando.  Conciencia de que las energías están acelerándose y alineándose con la Conciencia Divina.  Nosotros elegimos armonía o disonancia.  La disonancia ocurre cuando nos olvidamos de Quiénes Somos, cuando caemos en la primera lista de señales. 

¿A qué estamos despertando?  A nuestra completa y plena conciencia estelar.  ¿A qué estamos amando?  A nosotros mismos y a nuestra alma, que es lo mismo que amar Todo.  ¿Qué estamos perdonando?  Todas y cada una de las experiencias que alguna vez hemos tenido y que estaban basadas en la ausencia de Amor.  ¿Qué estamos sanando?  Todas y cada una de las partes de nuestro Ser Sagrado que están desconectadas (o disonantes) de la Única Fuente de Luz y Amor en la que fuimos creados.  Cada momento es un momento para el cambio, para el despertar.

¿Qué podemos hacer para acompañar los cambios más armónicamente?

Adoptemos una actitud flexible: no juzgar ni rechazar lo nuevo, sentir y no pensar.

Reduzcamos al mínimo posible el contacto con información negativa y concienticemos el poder de la palabra: no se trata de escapar de la realidad sino de crear una realidad verdadera, fruto de nuestro Poder Creador.  Atraemos lo que somos.  Evitemos las conversaciones cargadas de negatividad y los NO (no puedo, no quiero, no soy, no tengo).

Redefinamos quiénes somos y qué hacemos: la crisis de la desocupación mundial es un indicador de los cambios económicos y sociales que se avecinan.  Debemos trascender el título o actividad laboral que hayamos elegido y mirar nuestros dones y habilidades.  Eso que nos dé placer y alegría realizar, eso que nos es fácil y donde se manifiesta nuestra creatividad y sello personal es lo que estamos llamados a hacer.

Acompañemos los ciclos de la espiral evolutiva: la transformación tiene un comportamiento cíclico: lo ascendente toma impulso retrocediendo.  Por lo tanto, si sentimos que hemos perdido el rumbo, tomémoslo con calma y sepamos que estamos viviendo el envión para el próximo nivel.

Dejemos aflorar nuestro Niño Interior para traer creatividad a nuestra vida: la imaginación, la libertad para crear, la intuición, el entusiasmo, las emociones son patrimonio del Niño Interno.  Sanarlo, contenerlo, nutrirlo, amarlo es prioritario para que nos ayude a encontrar nuestro verdadero camino.

Démosle cabida a nuevos vínculos y aceptemos la culminación de algunas relaciones afectivas: algunas crecerán o cobrarán nuevas perspectivas, otras demandarán distanciamiento y otras, más amorosas y saludables, comenzarán.

Sepamos que cada ilusión, cada mentira, cada decepción y cada engaño será revelado, independientemente de las consecuencias que esto traiga como resultado: a cada alma le ha sido dada la oportunidad de avanzar hacia el reconocimiento, de mirar lo que el juego de la vida le ha presentado y de abrazar cada experiencia para su plenitud y completud.  Negarnos sólo incrementa el juego del sufrimiento y la dualidad. No hay lugar donde esconderse y no hay nada que pueda permanecer mucho tiempo escondido.

Reconozcamos el miedo para transformarlo e integrarlo por medio de la Luz y el Amor: Amor y Miedo representan los dos aspectos de la dualidad en la Tierra.  La Luz nos revela que el Amor es lo único que existe; por eso a medida que el aumento de la Luz se hace presente, el ego se defiende con su única herramienta: el miedo (con sus múltiples facetas: enojo, ira, conductas abusivas, envidia, odio, etc.).  Aprendamos a transmutar el miedo en amor.

Elijamos aplicar el Principio de Luz y Amor a las relaciones personales, a la formación de empresas y organizaciones: el Amor es la esencia de la solidaridad, de la compasión, del respeto por el otro, de la conciencia comunitaria, del cuidado del medio ambiente, del trabajo saludable.  Ya no será posible construir ningún sistema social ni económico basados en el abuso y la violencia.

Conectémonos con nuestro corazón y atendamos a la intuición a la hora de elegir un nuevo lugar para vivir: si no estamos en un espacio que mantenga alta nuestra energía o si sentimos que ya no pertenecemos a determinada zona geográfica, hagamos caso y dejémonos llevar.


Alimentemos nuestro espíritu a través del contacto con nuestro planeta y con todos los seres vivos: la Tierra y la Naturaleza son nuestro sustento, soporte y el medio para conectarnos con nuestra verdadera esencia.  Alinearnos con lo ciclos de la naturaleza nos devuelve la armonía perdida y reestablecen un ritmo saludable.  Podemos contemplar, relajarnos, respirar, caminar, lo que sea que nos ayude.

Confiemos en la Bondad y el Amor Incondicional de nuestros Guías y de los Seres de Luz del Universo que nos acompañan en este maravilloso período: todos los que nos autoelegimos para transitar esta etapa de Ascensión fuimos acompañados y respaldados en esa decisión con mucho amor y júbilo por Seres de Luz de dimensiones elevadas.  Por eso, nadie está solo, nadie es olvidado, nadie está perdido.  Recordemos conectarnos y solicitar ayuda y encontraremos el camino hacia la Luz.


En este nuevo paradigma:
Vinimos a la Tierra a manifestar cosas nuevas y maravillosas en el nombre del Creador.  Estamos cumpliendo nuestra misión cuando creamos y reclamamos todo el amor, la belleza, la generosidad y la abundancia que el mundo tiene para ofrecernos.  Nuestra misión es amar, crear, disfrutar y compartir.

Podemos afirmar, visualizar, soñar y desear todo lo que deseemos, pero, si no creemos que somos dignos de la prosperidad y la abundancia, no nos llegará el suministro interminable de opulencia.  Estaremos poniendo una barrera entre nosotros y el regalo de la Creación, a través de las formas de pensamiento negativas que hemos construido a nuestro alrededor.

No es necesario, y tampoco efectivo, rezar, rogar o pedir por la abundancia.  Ya es nuestra para que la tomemos.  Como una faceta del Creador, no hay nada fuera de nosotros, ninguna fuerza externa que satisfaga nuestros deseos.  Está dentro de nosotros reclamarla.  El Creador no va a interceder o interferir ni va a darnos nada.  Recordemos que se nos dijo que saliéramos y creáramos en el nombre del Señor.  Por lo tanto, somos los co-creadores de cualquier cosa que hayamos experimentado y que vayamos a experimentar.  Entonces, ¿por qué no comenzar a crear amor, júbilo, paz y abundancia en nuestras vidas?

Recordemos: Sanemos y dejemos ir el pasado.  Visualicemos y establezcamos metas para el futuro.  Tomemos la acción necesaria para traer nuestra visión a gusto.  Vivamos en el momento presente, ya que es el único tiempo en el que podemos penetrar dentro de la Energía Cósmica de Fuerza de Vida, desde donde son creadas todas las cosas.

Las características de la dualidad liberada son: escuchar el lenguaje de nuestra alma, la que habla a través de nuestros sentimientos; actuar basados en este lenguaje y crear los cambios que nuestra alma desea realizar; valorar el tiempo en que estamos solos, ya que sólo en silencio podemos oír los susurros del alma; cuestionar la autoridad de los modelos de pensamiento o reglas de comportamiento que bloqueen la libre expresión de nuestra verdadera inspiración y aspiración.

No existe nada ni nadie que pueda quitarnos o reducir el amor que tiene el Creador por nosotros.  Somos una faceta divina de Amor del Corazón del Creador y, como tal, nuestro derecho divino de nacimiento está asegurado.  Todo lo que tenemos que hacer es reclamarlo.

El amor llega de muchas formas.  Sólo nosotros podemos decidir cómo vamos a expresar el precioso regalo del Amor.  Sintámoslo, experimentémoslo al máximo por nosotros mismos y repartámoslo.



Podemos ser o tener o convertirnos en cualquier cosa que podemos visualizar.
He tratado de hacer un resumen de la enorme cantidad de canalizaciones acerca de la Nueva Energía. Espero haber podido plasmar una nueva visión para tu vida y haberte dado las herramientas para lograrlo. La más grande es que te reconozcas una Chispa Divina del Corazón de Dios y, como tal, con derecho para co-crear lo que anhelas. Aquí estoy para acompañarte en este hermoso proceso de Ascensión.


 Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima
Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 258 Volumén 2:¿Qué es la Nueva Energía?

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