sábado, 1 de marzo de 2014

Aplicación de la Sabiduría Interior: La aceptación de la prosperidad Parte 1/3

"Dios no te hubiera dado la capacidad de soñar sin darte también la posibilidad de convertir tus sueños en realidad."
- Héctor Tassinari 

Todas las teorías del mundo son inútiles a menos que haya acción, cambio positivo y, en último término, curación.

La aceptación de la prosperidad

Cuando nos asustamos, deseamos controlarlo todo, bloqueando así el manantial de nuestro bien. Confía en la vida. Todo lo que necesitamos está aquí esperándonos.

El Poder que tenemos en nuestro interior está dispuesto a darnos instantáneamente nuestros más acariciados sueños y enorme abundancia. El problema está en que no estamos abiertos a recibirlo. Cuando deseamos algo, nuestro Poder Superior no dice «Lo pensaré»; responde rápidamente y lo envía, pero tenemos que estar preparados para recibirlo. Si no lo estamos, se devuelve al almacén de los deseos no cumplidos.

A muchas personas les da miedo porque creen que si se abren les van a suceder cosas terribles; y probablemente les sucederán, mientras no cambien lo que sea que dentro de ellos cree que atraerán fatalidad y desdicha.

Cuando empleamos la palabra «prosperidad» mucha gente piensa inmediatamente en el dinero. No obstante, esta palabra da cabida a muchas cosas; por ejemplo: tiempo, amor, éxito, comodidad, belleza, conocimiento, relaciones, salud y, ciertamente, dinero. Si te sientes presionado porque no tienes suficiente tiempo para hacer todo lo que deseas, entonces es que te falta tiempo. Si piensas que el éxito está fuera de tu alcance, entonces no lo vas a tener. Si piensas que la vida es ardua y penosa, entonces siempre te sentirás cansado y amargado. Si piensas que no sabes mucho y que eres demasiado tonto para entender las cosas, jamás te sentirás conectado con la sabiduría del Universo. Si piensas que te falta amor y que tienes malas relaciones, entonces te será muy difícil atraer el amor a tu vida.

¿Y qué hay de la belleza? Estamos rodeados de belleza. ¿Experimentas la belleza que abunda en nuestro planeta? ¿O lo encuentras todo feo, sucio, un despilfarro? ¿Y cómo andamos de salud? ¿Te pasas la vida enfermo? ¿Te resfrías con facilidad? ¿Tienes muchos achaques y dolores? Por último está el dinero. Muchas personas afirman que jamás hay suficiente dinero en su vida. ¿Qué te permites tener? O tal vez piensas que tus ingresos tienen que ser siempre fijos. ¿Quién los ha fijado? Nada de lo que acabo de mencionar tiene nada que ver con el hecho de recibir.

Solemos pensar: «Ah, yo quiero tener esto, aquello y lo de más allá». Sin embargo, la abundancia y la prosperidad dependen de lo que te permitas aceptar. Cuando no «recibes» lo que deseas, eso quiere decir que en algún rincón de ti no te permites aceptarlo. Si somos tacaños con la vida, la vida será tacaña con nosotros. Si le robamos a la vida, la vida nos robará a nosotros.

Seamos honrados con nosotros mismos

Honestidad y honradez son palabras que usamos muchísimo, no siempre con pleno conocimiento de lo que verdaderamente significan. Ser honrado no tiene nada que ver con la moralidad o con ser «bueno» o «virtuoso». También tiene muy poco que ver con que te cojan y te lleven a la cárcel. La honradez es un acto de amor hacia nosotros mismos.

El principal valor de la honestidad está en que cualquier cosa que demos en la vida la recibiremos de vuelta. La ley de causa y efecto siempre opera a todos los niveles. Si menospreciamos o juzgamos a otras personas, también nosotros seremos juzgados. Si siempre estamos enfadados, entonces encontraremos enfado dondequiera que vayamos. El amor que nos tenemos a nosotros mismos nos mantiene en armonía con el amor que la vida nos tiene reservado. Imagínate, por ejemplo, que acaban de entrar a robar a tu apartamento. ¿Piensas inmediatamente que eres una víctima? « ¡Han entrado a robar en mi casa! ¿Quién me ha hecho esto?» La sensación que tienes es espantosa y desoladora cuando te pasa algo así; pero, ¿te detienes un momento a pensar cómo y por qué has atraído esa experiencia?

Asumir la responsabilidad de crearnos las propias experiencias no es una idea que estemos dispuestos a aceptar siempre, tal vez sólo algunas veces. Es mucho más fácil echar la culpa a algo que está fuera de nosotros, pero comprendamos que no puede haber crecimiento espiritual mientras no reconozcamos que fuera de nosotros hay poca cosa de valor, que todo viene de adentro. Cuando me entero de que a alguien le acaban de robar o que ha experimentado algún tipo de pérdida, lo primero que le pregunto es: «¿A quién le has robado últimamente?». Si veo aparecer en su cara una expresión extraña, entonces sé que he tocado un punto sensible. Si recordamos una ocasión en que cogimos algo y luego pensamos en lo que acabamos de perder, la relación entre las dos experiencias puede servir para abrirnos los ojos.

Cuando cogemos algo que no es nuestro, casi siempre perdemos algo de mayor valor. Podríamos coger dinero o algún objeto y después perder una amistad. Si le robamos a un amigo, tal vez podríamos perder el empleo. Si robamos sellos o bolígrafos de la oficina, podríamos perder un tren o faltar a una cita para cenar. Las pérdidas casi siempre nos dañan en un aspecto importante de nuestra vida. Es lamentable que muchas personas roben cosas a empresas grandes, grandes almacenes, restaurantes u hoteles, etcétera, justificándose con el hecho de que estas empresas pueden permitírselo. Este tipo de justificación no funciona; la ley de causa y efecto continúa operando para cada uno de nosotros. Si robamos algo, perdemos algo. Si damos, recibimos. No puede ser de otra forma.

Si en tu vida hay muchas pérdidas o muchas cosas que van mal, podrías examinar de qué formas robas tú. Algunas personas que jamás soñarían siquiera con robar cosas, se sienten con todo el derecho de robar tiempo o autoestima a otras personas. Cada vez que hacemos sentir culpable a alguien le estamos robando su sentido de valía personal. Para ser verdaderamente honrados en todos los aspectos, necesitamos examinarnos profundamente con el fin de llegar a conocernos a nosotros mismo. Cuando cogemos algo que no nos pertenece, lo que hacemos en realidad es decirle al Universo que no nos sentimos dignos de ganarlo, no somos capaces, no valemos demasiado, o queremos que nos roben, o que no haya suficiente a nuestro alrededor.

Creemos que tenemos que robar y arrebatar para obtener nuestros bienes. Esta creencia se transforma en un verdadero muro que nos aprisiona y nos impide experimentar la abundancia y la alegría en nuestra vida. Las creencias negativas no son la realidad de nuestro ser. Somos seres magníficos y nos merecemos lo mejor. Hay en abundancia en nuestro planeta. Nuestro bien siempre nos llega por razón de la conciencia.

El trabajo que hacemos en la conciencia es siempre el de refinar lo que decimos, pensamos y hacemos. Cuando comprendemos claramente que nuestros pensamientos crean nuestra realidad, entonces usamos nuestra realidad como un mecanismo de respuesta que nos diga cuál es el próximo cambio que necesitamos hacer. Ser absolutamente honrado, hasta el último alfiler, es una elección que hacemos por amor a nosotros mismos. La honestidad nos sirve para que nuestra vida transcurra con mayor facilidad y sin baches. Si vas a una tienda y no te cobran algo que has comprado y te das cuenta, es tu deber espiritual decirlo. Si te das cuenta en ese momento, dijo. Si no lo adviertes o te das cuenta al llegar a casa o dos días después, entonces es diferente.

Si la deshonestidad desarmoniza nuestra vida, imagínate lo que pueden crear el amor y la honestidad. El bien que hay en nuestra vida, las maravillosas sorpresas que tenemos, todo eso también lo hemos creado. Cuando miremos dentro de nosotros con honestidad y amor incondicional, descubriremos muchas más cosas sobre nuestro poder. Lo que podemos aprender a crear con nuestra conciencia tiene muchísimo más valor que cualquier cantidad de dinero que pudiéramos robar.

Tu hogar es tu santuario

Todo es un reflejo de lo que crees que te mereces. Mira tu casa. ¿Es un lugar donde realmente te gusta vivir? ¿Es cómoda y alegre, o es estrecha, sucia y está siempre desordenada? Lo mismo respecto a tu coche. ¿Te gusta? ¿Refleja el amor que sientes por ti? ¿Son tus ropas una carga, una molestia, algo que tienes que soportar? Tu ropa es un reflejo de lo que piensas de ti mismo. Y los pensamientos que tenemos de nosotros mismos, como ya he dicho, los podemos cambiar.

Si deseas encontrar una nueva casa, comienza por abrirte para hallar el lugar adecuado, y afirma que lo estás esperando. Cuando yo buscaba una nueva casa, no podía creer que encontrara sólo lugares horrorosos. Continué firme pensando: «Esta ciudad está llena de apartamentos maravillosos; así pues, ¿dónde están?». Me llevó seis meses encontrar el apartamento que deseaba, y es magnífico. Durante la época de mi búsqueda, el edificio estaba en construcción, y cuando lo terminaron, encontré el apartamento esperándome. Si buscas algo y no lo encuentras, probablemente haya algún motivo.

Si deseas mudarte del lugar donde vives porque no te gusta, agradece a tu actual hogar que esté ahí. Dale las gracias por protegerte de la intemperie. Si francamente ves que te resulta muy difícil que te guste, empieza por una parte de la casa en la que te sientas bien, como un rincón de tu dormitorio, por ejemplo. No digas «Odio este lugar», porque así no vas a encontrar un sitio que puedas amar.

Ama la casa donde vives para poder abrirte y recibir un maravilloso nuevo hogar.

Si tu casa está hecha un desorden y atiborrada de cosas, entonces comienza por limpiarla y despejarla Tu casa es un reflejo de ti.

Relaciones afectuosas

Muchas personas, sobre todo enfermos de cáncer, llegan a adultas con la creencia de que hay algún defecto terrible en el centro de su ser, defecto que deben ocultar para tener la oportunidad de ser amadas. No se sienten amadas y se creen indignas de ello, condenadas a la soledad si se llega a conocer la verdad de su ser. Estas personas se crean defensas que las protejan de compartir sus sentimientos más íntimos con nadie. Debido a que sienten un profundo vacío interior, llegan a considerar todo tipo de relación y de transacción como medio de obtener algo que llene ese vacío interior vagamente comprendido. Viven sólo con la condición de obtener algo de ello. Y  esto lleva a una sensación de vacío aún mayor, lo cual perpetúa el círculo vicioso.

Una pregunta muy frecuente que me hacen es: ¿Cómo puedo crear relaciones sanas y duraderas?».

Todas las relaciones son importantes porque reflejan lo que pensamos de nosotros mismos. Si te pasas la vida castigándote porque piensas que todo lo que va mal es por culpa tuya, o que siempre eres una víctima, entonces vas a atraer el tipo de relaciones que te refuercen esa creencia. Una mujer me contó que mantenía relaciones con un hombre muy cariñoso y atento, pero que ella sentía la necesidad de poner a prueba su amor. 

— ¿Por qué quieres poner a prueba su amor? —le pregunté.

Me contestó que se sentía indigna de su amor porque no se amaba a sí misma lo suficiente. 
De modo que le sugerí que tres veces al día, de pie y con los brazos abiertos, dijera:

«Estoy dispuesta a dejar entrar el amor. Puedo dejar entrar el amor con toda confianza. Estoy a salvo». Después le dije que se mirara a los ojos y dijera: «Lo merezco. Estoy dispuesta a “tener” aun cuando no lo “merezca”».

Con mucha frecuencia uno se niega lo bueno porque cree que no puede alcanzarlo. Pongamos por caso que quieres casarte o formar una relación estable. La persona con quien sales tiene cuatro de las cualidades que deseas en tu pareja. Sabes que estás bien encaminado. Entonces quieres un poquito más, o necesitas añadir algo nuevo a la lista. Según el mucho o poco amor que creas merecer, es posible que tengas que pasar por varias personas antes de conseguir lo que realmente quieres.

Del mismo modo, si crees que un Poder Superior te ha rodeado de personas verdaderamente amorosas, o que toda la gente que conoces sólo aporta bien a tu vida, entonces ésas serán las personas que en último término atraerás hacia ti.

Relaciones codependientes

Por lo visto las relaciones personales son las que tienen mayor prioridad para la mayoría de la gente. Tal vez eres una persona que anda siempre en busca del amor. Y la vida no te trae a la pareja adecuada porque tus razones para desear el amor no son claras. Seguramente piensas: «Ay, si tuviera a alguien que me amara, mi vida sería muchísimo mejor». No es así como funciona esto.

Un ejercicio que recomiendo hacer es escribir las cualidades que uno desea en una relación, por ejemplo: diversión, intimidad, comunicación franca y positiva, etcétera. Mira tu lista. ¿Son imposibles de cumplir estos requisitos? ¿Cuál de ellos podrías aportar tú mismo?

Hay una gran diferencia entre la «necesidad de amor» y la «falta de amor». Si te falta el amor, eso sencillamente quiere decir que no tienes el amor y la aprobación de la persona más importante que conoces: tú mismo. Por ello entablas relaciones que son codependientes e inútiles para ambas partes. Cuando necesitamos a otra persona para que nos llene, somos codependientes. Cuando confiamos nuestro cuidado a otra persona para no tener que hacerlo nosotros, nos convertimos en codependientes. Muchos de nosotros que procedemos de familias problemáticas, hemos aprendido la codependencia de la forma en que nos criamos.

Durante muchos años yo creí que no valía lo suficiente y buscaba el amor y la aprobación dondequiera que fuese. Si te pasas la vida diciendo a otras personas lo que tienen que hacer, entonces posiblemente es que tratas de manipular tus relaciones. Por otro lado, si trabajas para cambiar tus pautas internas de comportamiento, entonces estás permitiendo que las cosas sigan su debido curso.

Tómate un momento y ponte frente al espejo. Piensa en algunas de las creencias de tu infancia que han influido negativamente en tus relaciones. ¿Logras ver cómo continúas recreando esas mismas creencias? Piensa en algunas creencias positivas de tu infancia. ¿Tienen el mismo peso para ti que las negativas?

Dite a ti mismo que las creencias negativas ya no te sirven y reemplázalas por afirmaciones nuevas y positivas. Tal vez te convenga escribir las nuevas creencias y colocarlas en un lugar donde las veas cada día. Ten paciencia contigo mismo, ya lo he dicho antes. Persevera en la nueva creencia tanto como perseveraste en la antigua. Yo solía deslizarme a mis viejos hábitos muchas veces antes de que mis nuevas creencias echaran raíces.

Cuando seas capaz de contribuir a la satisfacción de tus propias necesidades, entonces no sentirás esa falta, no serás tan codependiente. Todo comienza por el amor a uno mismo. Cuando nos amamos de verdad, estamos centrados, tranquilos, seguros, y nuestras relaciones son fabulosas, tanto en casa como en el trabajo. Comprobarás cómo reaccionas de forma diferente ante las diversas situaciones y personas. Cosas que alguna vez importaron desesperadamente, ya no te parecerán tan importantes. Entrarán nuevas personas en tu vida y tal vez desaparecerán otras, lo cual al principio es terrible, pero también es maravilloso, renovador y estimulante.

Una vez que sepas lo que deseas en una relación, sal de casa y reúnete con gente.

Nadie va a aparecer de pronto en tu puerta. Una buena forma de conocer gente es en algún grupo de apoyo o en clases vespertinas. Esto te permitirá conocer a personas de mentalidad parecida a la tuya o que se interesan por las mismas cosas. Es increíble la rapidez con que puedes hacer nuevos amigos. Hay muchos grupos y clases en todas las ciudades del mundo. Lo único que necesitas hacer es buscarlos. Resulta muy útil asociarse con personas que van por el mismo camino. Te sugiero esta afirmación: «Estoy abierto y receptivo a que entren en mi vida experiencias buenas y maravillosas». Eso es mejor que decir: «Ando en busca de un nuevo amor».

Muéstrate abierto y receptivo, y el Universo te contestará con el mayor bien para ti.

Descubrirás que a medida que crece tu autoestima también va creciendo el respeto que sientes por ti mismo; cualquier cambio que consideres necesario hacer te será más fácil de realizar cuando sepas qué es lo que te conviene. El amor no está nunca fuera de ti, está siempre dentro. Cuanto más ames, más digno de amor serás, más amable.

Creencias respecto al dinero

El miedo con respecto al tema del dinero nos viene de nuestra temprana programación durante la infancia.

Los padres de muchos de nosotros crecieron durante la época donde la creencia era esforzarse al máximo como medio de obtener lo que deseamos, por lo cual hemos heredado creencias como «Podríamos morir de hambre», «Tal vez nunca encontremos trabajo», «Podríamos perder la casa, el coche...», o lo que sea. Muy pocos niños dicen: «No, eso son tonterías». Los niños generalmente lo aceptan y dicen: «Sí, tienes razón».

Haz una lista de las creencias de tus padres respecto al dinero. Pregúntate si aún eliges creerlas. Necesitarás superar las limitaciones y los temores de tus padres porque tu vida ahora no es la misma. Deja de repetirte esas creencias. Empieza a cambiar las imágenes en tu mente. Cuando se te presente una oportunidad, no repitas tu historial de carencia. Comienza a proclamar el nuevo mensaje para hoy. Ahora puedes afirmar que es bueno ser rico y que emplearás sabiamente tu dinero. También es normal y natural que en ciertas épocas tengamos más dinero que otras personas. Si logramos confiar en que nuestro Poder interior siempre cuidará de nosotros pase lo que pase, seremos capaces de pasar con facilidad por los tiempos de escasez, sabedores de que tendremos más en el futuro.

El dinero no es la respuesta, aun cuando muchas personas piensen que si tuvieran mucho dinero todo iría muy bien porque tendrían menos problemas y preocupaciones. Pero el dinero en realidad no es la respuesta. Algunas personas tienen más dinero del que jamás van a necesitar, y sin embargo no logran ser felices.

Agradece lo que tienes

Un conocido mío me contó que se sentía culpable por no poder recompensar en la debida forma a los amigos que le demostraron su cariño y le hicieron regalos cuando a él no le iban las cosas demasiado bien. Le dije que hay veces en que el Universo nos da de una u otra forma lo que necesitamos y es posible que no podamos devolvérselo.

Sea cual sea la forma que el Universo haya elegido para responder a tu necesidad, agradéceselo. Ciertamente habrá momentos en que puedas ayudar a otras personas. Puede que no sea con dinero sino con tu tiempo, tu comprensión o tu compasión. A veces no comprendemos muy bien que estas cosas pueden ser mis valiosas que el dinero.

Aprende a recibir dando las gracias. Aprende a aceptar, porque el Universo nota nuestra apertura y nuestra disposición para recibir no como un simple intercambio de prosperidad. Muchos de nuestros problemas tienen su raíz en nuestra incapacidad para recibir. Podemos dar pero nos cuesta mucho recibir. Cuando alguien te haga un regalo, sonríe y dale las gracias. Si le dices: «Ah, no es mi talla» o «No es mi color preferido», te aseguro que esa persona jamás volverá a hacerte otro regalo. Acéptalo de buena gana, y si realmente no te va bien, regálaselo a otra persona a la que le sirva.

Necesitamos ser agradecidos con lo que tenemos para así poder atraer mas bienes. Si nos centramos en la carencia, entonces atraeremos más carencia. Si estamos en deuda, necesitamos perdonamos, no regañarnos. Necesitamos centrarnos en pagar la deuda mediante afirmaciones y visualizaciones. Lo mejor que podemos hacer por las personas que tienen problemas monetarios es enseñarles a crear dinero en la conciencia, porque esto es duradero. Es mucho más duradero que darles algo de dinero. No quiero decir con esto que no des dinero, sino que no lo des para no sentirte culpable. Se suele decir: «Bueno, tenemos que ayudar a la gente». Tú también eres gente, eres alguien, y te mereces la prosperidad. Tu conciencia es la mejor cuenta bancaria que puedes tener. Cuando deposites en ella pensamientos valiosos, cosecharás enormes dividendos.

(Continua en el capítulo 124)

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 123 Volumén 2: Aplicación de la Sabiduría Interior

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