viernes, 8 de abril de 2016

Sé agradecido con todos. [Osho]

(Puedes acompañar la lectura, con música de relajación que se encuentra al final de la página)

En una ocasión, un hombre vino a Buda y le escupió a la cara. Sus discípulos, por supuesto, estaban enfurecidos. Ananda, el discípulo más cercano, dirigiéndose a Buda, dijo:

—¡Esto pasa de la raya! —Ananda estaba rojo de ira.

Y prosiguió:
—¡Dame permiso para que le enseñe a este hombre lo que acaba de hacer!

Buda se limpió la cara y dijo al hombre:

—Gracias. Has creado un contexto en el que he podido comprobar si todavía puede invadirme la ira o no. Y no puede. Y te estoy tremendamente agradecido. Y también has creado un contexto para Ananda: esto le permite ver que todavía puede invadirle la ira. Muchas gracias. Te estamos muy agradecidos, y de vez en cuando, estás invitado a venir. Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupirle a alguien, puedes venir a nosotros.

Fue una conmoción tal para aquel hombre. No podía dar crédito a sus oídos. No podía creer lo que estaba sucediendo. Había venido para provocar la ira en Buda y había fracasado.

Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama y no pudo conciliar el sueño. Los pensamientos le perseguían continuamente: el escupir a Buda, una de las cosas más insultantes, y el que Buda permaneciese tan sereno, tan en calma.

A la mañana siguiente, muy temprano, volvió precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo:

—Por favor, perdóname. No he podido dormir en toda la noche.

Buda respondió:

—No tiene la menor importancia. No necesitas pedir perdón por algo que ya no tiene existencia. Ha pasado tanta agua por el Ganges.

Buda estaba sentado a la orilla del Ganges, bajo un árbol y le mostró al hombre:

—Mira: discurre tanta agua a cada momento. Han pasado veinticuatro horas; ¿por qué cargas con algo que ya no existe? No pienses más en ello. Y además, yo no te puedo perdonar, porque, en primer lugar, no llegué a enojarme contigo. Si me hubiera enojado, te podría perdonar. Si necesitas perdón, pídeselo a Ananda. Échate a sus pies. Él lo disfrutará.

Con aquellos que te han ayudado, con aquellos que te han puesto obstáculos, con aquellos que han sido indiferentes contigo. Sé agradecido con todos, porque todos juntos están creando el contexto en el que nacen los Budas, en el que tú puedes convertirte en un Buda.

Carga con toda la responsabilidad. Sé agradecido con todos.

Ahora que ya nadie, excepto tú, es responsable de tu miseria; si todo es tu propia creación, entonces, ¿qué queda?

Todo el mundo está contribuyendo a crear la situación para que tú te transformes; incluso aquellos que piensas que te están poniendo trabas, incluso aquellos que piensas que son tus enemigos. Tus amigos, tus enemigos, la buena gente y la mala gente, las circunstancias favorables, las circunstancias desfavorables, todo junto está creando el contexto en el que puedes transformarte y convertirte en un Buda. Sé agradecido con todos.

Cuando el mal llene los universos animados e inanimados, transforma las malas circunstancias en Camino Bodhi.

Esta es la alquimia budista: todo el mal puede transformarse en Camino Bodhi, el camino de convertirse en un buda. El mal no está en tu contra, solamente no sabes cómo usarlo.

El veneno no es tu enemigo, solamente no sabes cómo hacer de él medicina. En manos sabias, el veneno se vuelve medicina; en manos ineptas, la medicina puede hacerse veneno. Todo depende de ti, de tu ingenio.

En este sutra hay que comprender tres cosas para poder transformar las condiciones adversas en Camino Bodhi y poder alcanzar bodhichitta, la mente, la no-mente de un buda.

La primera es: no opongas resistencia al mal.

Este es un proverbio de Jesús.

No opongas resistencia al mal. Esto es lo primero si quieres absorber el mal en tu corazón y transformarlo. Si resistes, ¿cómo vas a transformarlo?, acéptalo.

Jesús repite una y otra vez: « Si alguien te golpea en una mejilla, ofrécele la otra también» y «Ama a tus enemigos como a ti mismo.»

Este es un enfoque budista, ésta es la contribución de Buda al mundo, porque ésta es la alquimia interna. Acepta el mal, no le opongas resistencia, no luches contra él, no te enojes con él; absórbelo, porque el mal puede ser transformado en bien.
El arte de transformar el sufrimiento, el dolor, el mal, en algo bueno, es el arte de ver la necesidad de lo opuesto. La luz puede existir sólo si la oscuridad existe. Son complementarios, son los dos polos de una misma cosa. Entonces ¿por qué odiar la oscuridad? Sin la oscuridad no habría luz, así que aquellos que aman la luz y odian la oscuridad están en un dilema; no saben lo que están haciendo.

El santo es posible sólo por el pecador. Por eso, Buda dice no odies al pecador, él hace posible la existencia del santo.

Viendo esto, uno ni se apega a lo bueno ni se separa de lo malo. Uno acepta los dos como parte integrante de la vida. En esa aceptación puedes transformar las cosas. Sólo mediante esa aceptación es posible la transformación.

Y antes de que puedas transformar el sufrimiento tendrás que convertirte en el testigo; ése es el tercer punto.

Primero: no opongas resistencia al mal.

Segundo: saber que los opuestos no son opuestos, sino complementarios inevitablemente unidos. Así que no hay elección.

Y el tercero es: sé el testigo, porque si eres el testigo de tu sufrimiento serás capaz de absorberlo. Si te identificas con él no podrás absorberlo.

En el momento en que te identificas con tu sufrimiento quieres desecharlo, quieres quitártelo de encima; es tan doloroso… pero si eres el testigo, entonces el sufrimiento pierde todas las espinas, todos los aguijones. Entonces hay sufrimiento y tú eres el testigo de ese sufrimiento. Eres sólo un espejo. Lo que sucede no tiene que ver contigo.

La felicidad viene y se va, la infelicidad viene y se va; se trata de un espectáculo cambiante; tú simplemente estás ahí, reflejándolo como un espejo. La vida viene y se va, la muerte viene y se va; al espejo no le afecta ninguna de las dos. El espejo refleja sin quedar afectado. En el espejo no quedan impresiones de ninguna de las dos.

Cuando eres el testigo surge una gran distancia. Y sólo en ese observar te vuelves capaz de transformar el metal básico en oro.

Sólo cuando eres el testigo te conviertes en un científico de lo interno, en un observador desapegado. Ahora ya sabes que los opuestos no son opuestos, así que uno puede convertirse en el otro. Entonces no es una cuestión de destruir el mal del mundo, sino de transformar el mal en algo beneficioso; de transformar el veneno en néctar.

La mente común siempre hace a algún otro responsable. Es siempre el otro el que te está haciendo sufrir. Tu mujer te hace sufrir, tu marido te hace sufrir, tus padres te hacen sufrir, tus hijos te hacen sufrir, o el sistema financiero, o la sociedad, el capitalismo, el comunismo, el fascismo, la ideología política dominante, la estructura social; o el destino, el karma, Dios… Cualquier cosa.

La gente elude la responsabilidad de millones de formas. Pero en el momento en que dices que otra persona es la que te hace sufrir, no puedes hacer nada para cambiarlo. ¿Qué puedes hacer?

Cuando la sociedad cambie y venga el comunismo y haya un mundo sin clases, entonces todo el mundo será feliz. Antes de que eso suceda, la felicidad es imposible. ¿Cómo vas a ser feliz en una sociedad que es pobre? Y ¿cómo vas a ser feliz en una sociedad que está dominada por los capitalistas? ¿Cómo vas a ser feliz en una sociedad que es burocrática? ¿Cómo vas a ser feliz en una sociedad que no permite la libertad?

Excusas y excusas y excusas. Excusas sólo para evitar que: «Soy responsable de mí mismo. Ningún otro es responsable por mí; es absolutamente mi responsabilidad. Lo que yo soy, es mi propia creación.»

Y ese uno eres tú. Una vez que se asienta esta percepción: «Soy el responsable de mi vida, de todos mis sufrimientos, de mi dolor, de todo lo que me ha sucedido y de todo lo que me está sucediendo. Lo he escogido así. Éstas son las semillas que sembré y ahora recojo la cosecha; soy responsable». Una vez que esta percepción se convierte en una comprensión natural, todo lo demás es simple. Entonces la vida empieza a dar un giro nuevo, empieza a cobrar una nueva dimensión. Esa dimensión es conversión, revolución, mutación. Porque una vez que sé que soy responsable, sé también que puedo dejar lo que quiera, en cualquier momento, si así lo decido. Nadie puede impedirme que lo deje.

¿Puede alguien impedirme que transforme mi miseria en dicha? Nadie. Incluso si estás en la cárcel, encadenado, preso, nadie puede aprisionarte; tu alma permanece todavía libre.


Osho -
Extraído de The Book of Wisdom  - Osho




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