viernes, 4 de marzo de 2016

La llave maestra: Te regalo lo que se te antoje {Por Conny Méndez}

Cuando te encuentres en una dificultad, trata de no seguir pensando en el problema

  1. Escribe en un papel, y en orden de importancia para ti, todas las cosas que tú deseas y sin temor de pedir demasiado, pues la fuerza que te voy a dar a conocer no sabe de limitación.

  2. Lee tu lista al despertarte y antes de dormir.

  3. Piensa a menudo en tus deseos. Goza imaginándolos, y siempre que los recuerdes di: “Gracias Padre que ya has dado la orden de que me sean conferidos!”.

  4. No le cuentes a nadie lo que estás haciendo. Esto es muy importante porque si lo comentas con alguien, se disipa toda la fuerza y no verás realizados tus deseos. Eso es todo. Ahora...

Para mayor satisfacción tuya, sé espléndido contigo mismo. No digas en tu lista que deseas una casita “Aunque sea chiquitita...”. Pídela del tamaño que te convenga y te agrade plenamente. Si es dinero, menciona la suma, si es trabajo indica qué clase, el sueldo al que aspiras, las condiciones y la localidad más conveniente para ti.

En tu primera lista pon cosas sencillas para que te vayas acostumbrando tú mismo a ver caer y ocurrir maravillas, pues como jamás has hecho esto, no vas a creer que sea posible, y te advierto que esta duda te puede costar el que no veas lo que has pedido. Es natural que te vengan dudas y desconfianza porque la idea es muy nueva para ti. Pero cuando sientas escepticismo, pesimismo, etc., saca tu lista, reléela y da las gracias de nuevo. El dar las gracias por lo que aún no se ha visto es la forma más positiva de manifestar la fe. Lo recomendó Jesucristo en varias ocasiones, como tú recordarás, notablemente antes de alimentar a cinco mil personas con cinco peces y cinco panes, cuando miró hacia el cielo y dio las gracias en el momento de partir el primer bollito de pan.

Ah..., te va a sorprender que cada vez que leas tu lista, primero vas a tener que tachar algunos puntos porque ya se te habrán realizado. Entonces tendrás que hacerla de nuevo, poniendo otros puntos en los lugares más importantes. No te preocupe esto. Es natural, a todo el mundo le ocurre. Lo que sucede es que tu Yo Superior te va indicando que muchos de estos deseos están ya al alcance de tu mano, mientras que hay otros que no lo están tanto.

Ah..., no te pongas a “jurungar” respecto a la manera cómo se te van a dar porque esto es contraproducente. La Gran Fuerza Espirtual está más allá de tu comprensión humana. Acepta lo que te da con gratitud, no la interrumpas ni la cohíbas, y sobre todo, no se te ocurra pensar o decir o exclamar cuando veas tus deseos realizados:
“Cómo va a ser! Esto no parece posible! Si lo que parece es que todo esto se iba a realizar de todas maneras! “NADA DE ESO!!! Lo que pasa es que la Gran Fuerza Espiritual (cuyo nombre verdadero, entre paréntesis, es “La Ley de Precipitación”) es completamente impersonal y coloca sus dones en los lugares más armoniosos, más naturales, aprovechando los canales ya establecidos en tu propia vida. A ella no le interesa el exhibicionismo ni la sorpresa. Sólo cumple con su cometido de darle lo que tú pidas, donde mejor convenga.

  
Cuando te encuentres en una dificultad, trata de no seguir pensando en el problema y piensa en Dios.


Reemplaza el problema por el pensamiento en Dios. No importa que sea algo muy grande o muy pequeño. No importa lo que sea, lo que sí importa es que dejes de pensar en ello. Piensa en Dios. No importa qué cosas pienses de Dios. Lo que tú sepas de Él, que es Omnipotente, Omnipresente, que es Amor, Sabiduría, Verdad, Inteligencia... Que es Todopoderoso, Infinito, no importa que lo sepas muy bien, vuélvelo a pensar. Y piénsalo cada vez que te vuelva a acosar el pensamiento del problema. No te pongas tenso. No trates de adivinar lo que va a suceder ni cómo lo va a arreglar Dios. Déjaselo a él. Ponlo en sus manos, como decimos en Metafísica, y olvídalo. Has confiado tu problema al especialista más grande, más sabio, más hábil y que lo resolverá en perfecta armonía para todo el mundo, a entera satisfacción tuya, pero no te metas en su camino. No interfieras con tu personalidad humana. “No metas la pata”, dicho en palabras de a centavo.

La forma correcta de orar

El tratamiento Espiritual, es la efectividad de elevar la mente, o la conciencia por encima del nivel del problema. Si tú logras elevar tu pensamiento suficientemente en altura, el problema se resolverá él mismo. En realidad, ese es tu único problema: el de elevar tu pensamiento. Tanto más “difícil” sea el problema, lo cual significa que tanto más enterrado en tu subconsciente esté ese concepto, más elevada tendrás que llevar tu conciencia. Aquello que se llama una molestia menor, cederá a una pequeña elevación. Aquello que represente un problema grave, necesitará una elevación mayor, y si es un gran peligro o una situación desesperada, requerirá más trabajo espiritual para vencerlo; pero esa es la única diferencia.

Pero no trates de arreglar tus problemas o los de los demás tratando de componer los pensamientos. Así no es. Eleva tu conciencia y la Acción de Dios lo hará todo. Esto significa que tienen que recordar la Verdad del Ser, la Verdad de Dios, la Verdad del Plano Espiritual, o sea ¿Cómo es que son las condiciones en el espíritu? o ¿Cómo es el Yo Superior?

Pues es perfecto ahora, en este momento. No tiene defectos. No existe allí la muerte, ni la enfermedad, ni la pobreza, ni la lucha, ni la enemistad, ni la guerra, ni lo feo, ni lo malo. Y al “ver” la condición opuesta a la que estés mirando en lo material, se transforma en la Verdad.
Jesús sanó a los enfermos, reformó a los pecadores, controló las tempestades, y resucitó a los muertos porque podía elevar su conciencia tan alto como fuera necesario para lograrlo.

Parar elevar tu conciencia tienes que quitarle tu atención al cuadro material por el momento, y luego concentrarte suavemente en el cuadro que presenta la verdad espiritual. Esto puedes lograrlo dejando de pensar en el problema y leyendo uno de tus libros metafísicos, o diciendo algunas afirmaciones (no como un loro sino meditándolas), o conversando con alguno de tus maestros o tus condiscípulos avanzados.

Yo conozco personas que han logrado la elevación de conciencia hojeando y releyendo partes de la Biblia, porque la ley de atracción te abrirá la Biblia allí donde corresponda a tu problema. Un hombre se salvó en el hundimiento de un gran trasatlántico repitiendo “Dios es Amor” hasta que pudo realizar algo de lo que significa esta gran afirmación. También puedes emplear todos estos sistemas a la vez, si quieres. Sólo que no te dejes poner tenso. No importa cómo te eleves, con tal que eleves tu pensamiento más allá del plano de los problemas.

DIOS EN LOS NEGOCIOS


Los negocios, sean compra-venta, contratos o lo que sea, son mediaciones entre personas. Tienen que ser satisfactorias para ambas. Son ajustes entre individuos. Sea que estás buscando un empleo o buscando una persona con ciertas condiciones apropiadas, equivale, dice el Dr. Fox, a buscar y encontrar a Dios en ambos lados del problema, o sea en la persona que busca y en la persona que ofrece.

El mismo Dios está manejando el asunto. Dios no se puede dividir para antagonizarse, de manera que tiene que haber un punto de armonía en donde se encuentran las dos personas. El mismo Dios está buscando satisfacerse en cada uno de sus dos hijos.

No trates de imponer tu voluntad. Afirma que es la Voluntad de Dios la que se está cumpliendo en ambas partes. Expón la parte tuya con toda honradez, con toda sencillez. Olvida la costumbre aquella de esperar que “el otro” te esté tratando de hacer la jugarreta para arrimar la brasa para su candela”. Acuérdate de que Dios está dentro de él también y lo verás proceder con entera justicia.

Tampoco trates tú de interesarlo con exageraciones. No trates de convencerlo a pesar de él. Acuérdate de que si no logras esta venta o este empleo, o este empleado, sólo significa que hay uno mejor para ti. No te afanes, no te apures, Dios jamás está apurado. Él trabaja sin esfuerzo. En el Plano Espiritual todo viene “suavecito, suavecito”.

No olvides la fórmula mágica: “De acuerdo con la voluntad de Dios, en armonía para todo el mundo bajo la gracia y de manera perfecta, deseo... Gracias padre que ya me has oído”.

El verso poderoso

La fórmula para orar correctamente:

Yo Soy Espíritu Divino. En Dios yo vivo, me muevo y tengo mi ser. Ya formo parte de la expresión de Dios y expreso perfecta armonía. Yo individualizo la Omniciencia. Yo tengo directo conocimiento de la Verdad. Yo tengo perfecta intuición. Yo tengo percepción espiritual. YO SÉ.

Dios es mi Sabiduría, de manera que no puede errar. Dios es mi inteligencia, no puedo sino pensar correctamente. No hay pérdida de tiempo ya que Dios es el único hacedor. Dios actúa a través de mí, de manera que siempre estoy actuando correctamente, y no hay peligro de que yo ore incorrectamente. Yo pienso lo indicado, de la manera indicada en el momento apropiado. Mi trabajo siempre está bien hecho porque es el trabajo de Dios. El Espíritu Santo siempre me está inspirando. Mis pensamientos son frescos, nuevos, claros y poderosos como cuadran a la Omnipotencia. “Mis oraciones son manufacturas del Espíritu Santo, poderosas como el águila, y mansas como la paloma. Salen en el Nombre de Dios mismo y no pueden regresarme vacías. Cumplirán aquello que a mí me plazca, y prosperarán en aquello a que sean dirigidas: “Doy gracias a Dios por esto”.



Fuente: Te regalo lo que se te antoje - Conny Méndez


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