sábado, 27 de febrero de 2016

Oráculo Zen [27/Feb]

Activa la música que se encuentra al final de la página, relájate y respira profundamente, conéctate con tu esencia o ser superior. Hazte una pregunta y elige la imagen que más te atraiga. Ella traerá un mensaje interesante  para ti.

Luego, medita sobre el mensaje de la carta del Tarot Osho de la Transformación. Portará un crecimiento interior.
1.-  DEVOCIÓN: La danza de Meera en el templo

La devoción es un modo de mezclarse y fundirse con la existencia. No es una peregrinación; simplemente es perder todos los límites que te separan de la existencia: es una historia de amor. Amar es mezclarse con un individuo, la profunda intimidad de dos corazones; tan profunda que los dos corazones empiezan a bailar la misma armonía. Aunque los corazones son dos, la armonía es una, la música es una, la danza es una. Lo que es el amor entre los individuos, es la devoción entre un individuo y la totalidad de la existencia. El individuo baila en las olas del océano, baila en los árboles que bailan al sol, baila con las estrellas. Su corazón responde a la fragancia de las flores, a las canciones de los pájaros, a los silencios de la noche. La devoción es la muerte de la personalidad. Abandonas voluntariamente lo que es mortal en ti; sólo queda lo inmortal, sólo queda lo eterno, lo que no conoce la muerte. Y naturalmente eso que no muere, que siempre sigue adelante, que no conoce principio ni fin, no puede ser separado de la existencia. La devoción es la forma más elevada de amor.

Consejo Zen:
Sabes que Jesús dijo: «Dios es amor». Si lo hubiese dicho una mujer, la frase sería: «Amor es Dios». Dios debe ser secundario; es una hipótesis mental. Pero el amor palpita en cada corazón. Hemos visto a personas como Meera... Pero sólo mujeres muy valientes podían atreverse a salir del sistema social represivo. Ella pudo hacerlo porque era una reina, aunque su propia familia trató de matarla porque bailaba por las calles, cantando canciones. Su familia no podía tolerarlo.

Particularmente en India, y en Rajasthan, la mujer está muy reprimida. Y una mujer de la belleza de Meera, bailando en la calle, cantando canciones de alegría... Había un templo en Vridavan, donde Krishna residió. Se construyó un gran templo en su memoria, y en aquel templo no se permitía entrar a ninguna mujer. A las mujeres sólo se las permitía estar en el exterior y tocar los escalones del templo. Nunca veían la estatua de Krishna que estaba dentro porque el sacerdote era inflexible.

Cuando llegó Meera, el sacerdote temía que entrara en el templo. Puso a dos hombres con espadas para guardar la puerta, espadas desenvainadas, para impedir que Meera entrara. Pero cuando llegó —y estas personas son muy escasas, una brisa tan radiante, una danza tan hermosa, una canción que pone en palabras lo que no se puede poner en palabras— los guardias olvidaron qué hacían allí y Meera entró bailando en el templo.

Era el momento en que el sacerdote adoraba a Krishna. El plato, lleno de flores, se le cayó al suelo cuando vio a Meera. Estaba enfadadísimo y le dijo: —Has roto una regla que tiene cientos de años.
—¿Qué regla? —dijo ella.

—Ninguna mujer puede entrar aquí. ¿Y puedes imaginar cuál fue la respuesta? Eso es valor... Meera dijo: —¿Entonces cómo has entrado tú? Excepto el uno, el trascendente, el amado, todos somos mujeres. ¿Piensas que hay dos hombres en el mundo, tú y él? Olvida ese sin sentido.
Ciertamente tenía razón. Una mujer llena de corazón considera la existencia como el amado. Y la existencia es una.

2.- AUTENTICIDAD: Milarepa y el profesor falso 

Lo real no es el sendero. Lo real es la autenticidad del buscador. Esto es algo que quiero resaltar. Puedes tomar cualquier camino. Si eres sincero y auténtico alcanzarás la meta. Puede que algunos caminos sean más fáciles y otros más difíciles, algunos tendrán verdes prados a ambos lados y otros avanzarán entre desiertos, unos estarán rodeados por paisajes maravillosos y desde otros no se divisará paisaje alguno, esto no es lo importante; si eres sincero y honesto, auténtico y verdadero, cada sendero te llevará a la meta. Por tanto, todo se puede reducir a una única cosa: el camino es la autenticidad. Sea cual sea el sendero que sigas, si eres auténtico, cualquier camino te conducirá al objetivo. Y lo contrario también es verdad: sea cual sea el camino que sigas, si no eres auténtico, no llegarás a ninguna parte. Sólo la autenticidad te llevará de vuelta a casa, nada más. Todos son secundarios. El elemento básico es ser auténtico, ser verdadero. los senderos

Consejo Zen:
Esto es lo que se contaba de un gran místico, Milarepa.

Cuando fue a ver a su Maestro, en el Tíbet, era tan humilde, tan puro, tan auténtico, que los demás discípulos se sentían celosos de él. Estaba claro que él sería el sucesor. Y, como había fuertes rivalidades, trataron de matarlo.

Un día le dijeron: —Si realmente crees en el maestro, ¿por qué no saltas desde la colina? Si realmente crees, si tienes confianza, entonces no te puede pasar nada, no te harás daño. Y Milarepa saltó sin dudar un momento. Los demás corrieron... porque había casi mil metros hasta el fondo del valle. Corrieron a encontrar los huesos desparramados, pero él estaba allí sentado y feliz, tremendamente feliz. Abrió los ojos y dijo: —Tenéis razón, la confianza protege.

Pensaron que debía haber sido una casualidad; por eso, un día que una casa se había incendiado, le dijeron: —Si amas a tu maestro y confías en él, puedes entrar. Entró corriendo a la casa para salvar a una mujer y a un niño que aún quedaban dentro. El fuego era tan fuerte que los demás discípulos esperaban que muriera, pero cuando salió con la mujer y el niño en brazos no tenía ni una quemadura. Y estaba cada vez más radiante, porque la confianza...

Un día que se dirigían a alguna parte, tenían que cruzar un río y le dijeron: —No necesitas cruzar en el bote. Como tienes tanta confianza, puedes caminar sobre el río —y él caminó.

Ésa fue la primera vez que el maestro le vio. No sabía que le habían dicho que saltase al precipicio ni que entrara en la casa en llamas. Pero en aquella ocasión estaba en la orilla, vio a Milarepa caminar sobre el agua y le dijo: —¿Qué haces? ¡Es imposible!

—¡No es imposible es absoluto! —dijo Milarepa—, lo estoy haciendo gracias a su poder, señor.
El Maestro pensó: —Si mi nombre y mi poder pueden hacer esto en este hombre ignorante y estúpido... Yo mismo nunca lo he intentado. Entonces lo intentó. Y se ahogó. No se ha vuelto a oír nada de él desde entonces.

3.- DESAPEGO: Hakuin y el niño pequeño

Siente continuamente algo dentro de ti que es igual, pase lo que pase en la periferia. Cuando alguien te insulte, céntrate en el punto donde sólo le escuchas, sin hacer nada, sin reaccionar, simplemente escucha. Te está insultando. Y después alguien te alaba; simplemente escucha. Insulto-alabanza, honor-deshonor, simplemente escucha. Tu periferia se alterará. Obsérvalo, no trates de cambiarlo. Míralo; permanece profundamente centrado, mirando desde allí. Así lograrás un desapego que no es forzado, un desapego espontáneo, natural. Y una vez que percibas ese desapego espontáneo, nada podrá alterarte.

Consejo Zen:
En el pueblo donde vivía el gran maestro zen Hakuin, una muchacha se quedó embarazada. Su padre le presionó para que declarara quién era su amante y, al final, para huir del castigo, ella dijo que era Hakuin. El padre no dijo nada más, pero cuando llegó el momento y el niño nació, se lo llevó inmediatamente a Hakuin y lo tiró al suelo ante él. —Parece que se trata de tu hijo —dijo, y se puso a insultarle por aquel asunto tan desgraciado.

—Ah, ¿es así? —respondió Hakuin. Tomó al retoño en sus brazos. A partir de entonces, donde quiera que iba llevaba al niño consigo, envuelto en la manga de su túnica. Durante los días lluviosos y las noches tormentosas salía a mendigar leche por las casas vecinas. Muchos de sus discípulos, considerándolo caído, le daba la espalda y se iban. Y Hakuin no decía palabra.


Entre tanto, la madre se dio cuenta de que no podía soportar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó el nombre del verdadero padre y su propio padre corrió a postrarse a los pies de Hakuin, implorándole una y otra vez que le perdonara. Hakuin sólo dijo: —Ah, ¿es así? —y le devolvió al niño.

Para el hombre ordinario lo que dicen los demás importa demasiado porque no tiene nada propio. Lo que piensa que es, sólo es una colección de opiniones de otros. Alguien le ha dicho: «Eres precioso», otra persona le ha dicho: «Eres inteligente», y ha ido coleccionando todas esas frases. Por lo tanto siempre tiene miedo: no debe comportarse de tal manera que pierda su reputación, su respetabilidad. Siempre tiene miedo de la opinión pública, de lo que dicen los demás, porque lo único que sabe de sí mismo es lo que le dicen los demás. Si lo retiran, le dejan desnudo. Entonces ya no sabe quién es, si es feo o guapo, inteligente o tonto. No tiene ni una vaga idea de su propio ser; depende de los demás.
Pero el hombre que está en meditación no necesita las opiniones de los demás. Se conoce a sí mismo, por eso no importa lo que digan. Aunque todo el mundo diga algo que va en contra de su experiencia, simplemente se reirá. Esa puede ser, como mucho, la única respuesta. Pero no va a dar ningún paso para cambiar la opinión de la gente. ¿Quiénes son ellos? Ni siquiera se conocen a sí mismos y están tratando de ponerle etiquetas. Rechazará las etiquetas. Simplemente dirá: «Soy lo que soy, y así es como voy a ser».


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