lunes, 31 de agosto de 2015

Decálogo del idiota que quiere parecer inteligente


Idiotas hay muchos en el mundo. Nos cruzamos con ellos día a día: a algunos los ignoramos, y otros son inofensivos. Pero existe una categoría de idiotas peligrosos: los idiotas que se creen inteligentes.


Pueden afectarte tanto en tu trabajo como en tu vida cotidiana, ya que te irritarán por cierta arrogancia que los rodea justificada en su supuesta inteligencia. Por suerte existe un costado divertido en estas situaciones: reírnos de ellos y, en ocasiones, dejarlos expuestos.

Alardear de tus títulos académicos
Ni tus títulos universitarios, ni las prestigiosas escuelas a las que hayas ido te asegurarán inteligencia y respeto. Ni siquiera un buen trabajo, ya que todo depende de las personas y no de los diplomas acumulados. Sin embargo, hay idiotas que creen lo contrario. Antes de opinar, dan a entender que sus comentarios están ratificados por sus logros académicos. El mejor momento no es cuando cometen un error, sino cuando alguien se les adelanta en hacer el mismo comentario sin esgrimir ningún diploma.

Burlarte de la falta de educación
¿Quién no se rió alguna vez de alguien que pronuncia mal una palabra en otro idioma? ¡Claro que resulta gracioso el error! siempre y cuando no haya sido producto de la falta de educación por la falta de oportunidades. Pero, como toda regla tiene su excepción, aquí materializada en un idiota, existirá aquel que se mofe de quienes cometen equivocaciones por desconocimiento. Te recomendamos alejarte de estos idiotas que además resultan malas personas. Antes, intenta darle su merecido dejándolo en evidencia en algún error.

El lector Existe una antigua leyenda urbana que sostiene que presumir la cantidad de libros que leíste te convierte inmediatamente en inteligente. Por supuesto que leer implica en alguna medida incorporar nuevos conceptos, pero si no sabes profundizar en ellos, sólo resulta tiempo perdido. El idiota que antecede sus comentarios con la frase "porque yo leí tal o cual libro" en un intento por dar más valor a su comentario solo expone que no es creíble por sí mismo y necesita que "los libros" lo respalden. Cuando tus dichos tengan valor por sí mismos no necesitarás recurrir a los textos.

Corregir a las personas
El interrumpidor con fines pedagógicos. Así definiríamos a este tipo de idiota que se caracteriza por, disfrazado de maestro, intercalar sus comentarios correctivos durante nuestras frases. Ninguna idea llegará a su fin si este tipo de idiota se encuentra cerca. Mejor frenarlo al primer intento de interrupción o abrirás una caja de Pándora difícil de cerrar en buenos términos. Si no tienes intención de mantener una buena relación con este sujeto, mándalo a callar frente a todos: le brindarás un disfrute interno al resto de las personas que seguramente también lo consideraban un idiota.

Un comentario para todo
El idiota acotador compulsivo. Incapaz de mantenerse ajeno a algo, intentará regalar su punto de vista en cualquier conversación, así sea bienvenido o no. Generalmente su comentario se basa en una experiencia propia, que seguramente tenga más impacto que el comentario original. Hay un cierto grado de necesidad de protagonismo en este idiota que no tolera quedarse fuera de los acontecimientos. Incluso, puede desatar un entredicho si aquella persona a la que le adosan un punto de vista se manifiesta contraria a ser interrumpida.

El idiota con dinero
Hay un idiota que se cree inteligente mucho más peligroso que los anteriores mencionados: el idiota que se cree inteligente y tiene dinero. A este sujeto habría que recordarle que, así como el dinero no hace a la felicidad, tampoco provee de inteligencia. Muchas de sus opiniones estarán refrendadas por el sólo hecho de que él supo hacer o conservar su fortuna, lo que lo convertiría en un conocedor absoluto sin cuestionamiento. Este idiota demostrará lo contrario si en épocas de vacas flacas sabe cómo convertirlas en gordas nuevamente.

El idiota fanático
Los fanatismos son peligrosos. Se trata de extremos que hay que evitar en todos los sentidos de la vida. Cuando el idiota orienta su fanatismo a las ideologías al punto de desestimar a cualquiera que piense diferente a él se vuelve aún mucho más peligroso pero, por sobre todas las cosas, se vuelve insoportable. Es el tipo de idiota que no puede dejar su fanatismo de lado en ningún momento del día, que confronta con las personas en momentos inapropiados. Desde aquí te recomendamos que no invites a tu cumpleaños a este idiota si no quieres arrepentirte.

El marketing propio
Si tus logros son suficientemente importantes como para trascender no necesitarán prensa ni marketing. Aquellos cuyas producciones se encuentran cerca de lo intrascendente apelan al amor propio. Son los idiotas con marketing propio, creyentes de que todo lo que hacen es importante. Entienden que sus actos conllevan un aura de inteligencia y perspicacia que debe ser comunicada. Querido idiota que se ama demasiado, no nos interesa tu vida, tampoco creemos que seas tan inteligente como pretendes mostrarte.

El negador
Este idiota se cree inteligente por el solo hecho de oponerse a todo. Cree saber o reconocer algo que el resto no puede tener en cuenta, lo que lo catapultaría automáticamente al Olimpo de la inteligencia. Actúa contradiciendo a su interlocutor, con argumentos en el mejor de los casos, otras veces por el mismo ejercicio de la contradicción. Por suerte, este idiota no es peligroso ya que cualquiera que lo trate comprenderá inmediatamente su pobre condición.

Amigo del jefe
Dejamos esta categoría para lo último por el nivel de peligrosidad que conlleva tener a este sujeto cerca. El amigo del jefe, aquel que sin grandes capacidades entabla una relación interesada con él, poniéndose de su lado y consiguiendo por amistad lo que no puede conseguir por inteligencia. Su peligro radica en que éste se creerá superior a los demás por las tareas especiales asignadas, pero lo que no sabe es que el resto de sus compañeros lo considera un idiota al servicio del jefe.



Fuente: ehow

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