jueves, 16 de octubre de 2014

Diferencia entre amarse a sí mism@ y el egoismo

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ÁMATE A TI MISMO
Sólo podemos amar si hay amor dentro de nosotros, si nos amamos a nosotros mismos y conseguimos que ese amor desborde de alguna forma en nuestra vida. Esto no significa que no tengamos necesidad de nadie; al contrario, ese amor desbordante sólo puede efectuarse si encontramos alguien a quien amar, alguien por otra parte que nos dé recíprocamente el amor que el mismo rebosa: En esto estaría el amor y la felicidad mayor.

Quien se ama a sí mismo irradia amor. Esta irradiación que le lleva a amar naturalmente sin exigir nada para sí hace posible que sea amado.

Pero la necesidad de amar es completamente diferente: Acarrea tensiones, nerviosismos, disgustos, celos, odio, violencia, actitud posesiva, en una palabra, una paulatina destrucción del objeto del que se tiene necesidad.

Mientras exista esa necesidad en una de las partes existirá el juego del amor que va despersonalizando a la otra parte.

Esta es la razón fundamental por la que una institución tan “perfecta” como el matrimonio, acaba siendo la mayor destructora de vidas. En verdad, responsable de este hecho es, no el matrimonio en si, sino la falta de amor a nosotros mismos y, como consecuencia, la necesidad de controlar a otra persona, cosa que, oficialmente, podemos hacer a través de la institución del matrimonio.

Mucha gente confunde el amarse a sí mismo con el egoísmo. Sin embargo, hay una gran diferencia: el egoísta quiere todo para sí porque en su interior no tiene nada. El egoísta quiere que todos piensen como él, que todos hagan lo que el quiere, que todos procedan de acuerdo con lo que él desea. El egoísta es posesivo y dominador. Ese es el egoísta, eso es el egoísmo.

En contraposición, quien se ama a sí mismo, siente que no necesita nada porque tiene todo lo que realmente necesita. Para él, todo está bien, y, sobretodo, respeta y ama a los demás tal como son, sin pedir que cambien, respetando y amando la propia libertad y la del otro. Irradia amor y esta irradiación es la que hace que ame con naturalidad, sin exigir nada a cambio, y la que igualmente hace que pueda ser amado. Ama, porque tiene amor y este amor se completa y se realiza de forma maravillosa con otro amor semejante, sin que uno dependa del otro, pero cada uno de ellos alimentado y aumentando la vida del otro.

Es aquí, exactamente, donde está el foco de destrucción de la mayor parte de los matrimonios. Cuando alguien no se ama a sí mismo, se opone al crecimiento del otro, lo despersonaliza, no lo respeta, y esto, no porque sea malo, sino porque está inseguro, tiene miedo, no quiere perder aquello de lo que siente necesidad: alguien que ocupe el lugar del amor que no tiene dentro de sí. Ocurre que este tipo de relación, si se hace habitual, lleva rápidamente, de una forma o de otra, al desgaste y a la destrucción. Pero dejemos este asunto para otra ocasión.

Y así, llegamos al Misterio de la Trinidad.

Simplificando, en Teología se dice que hay en Dios tres personas diferentes, cada una con su propia personalidad, pero formando un único Dios, una unidad perfecta que es amor.

Se dice que el Padre se ama tanto a si mismo (comienzo de todo) que aparece el hijo (irradia el Hijo) y que el padre y el Hijo se aman tanto que este amor viene a ser el Espíritu Santo.

¿Qué te parece?

Llegamos al fin, ¿No es interesante?

Si ahora examinamos el Evangelio, vemos que todo eso está en él. Envueltos como estábamos siempre por la niebla de interpretaciones dirigidas por una teología de tipo apologético o por la neurosis de algún  orador, nunca habíamos llegado a entender lo que leíamos.

“Ama a tu prójimo como a ti mismo” “Aquel que dice que ama a Dios, a quien no ve, pero que no ama al prójimo, a quien ve, es un mentiroso”

¡Cuán interesante es todo esto!



LA GRAN MENTIRA
Ama a tu prójimo como a ti mismo. Nunca, ninguna filosofía, ninguna religión dijo: Ama a tu prójimo más que a ti mismo. No se podría decir tal cosa, pues… ¿Cómo alguien podría dar más de lo que tiene?

¡Imposible!
Veamos como procedemos. Decimos que amamos a Dios y que le amamos sobre manera ¡Dios es tan maravilloso, y es cosa tan buena amarle! Decimos también que amamos mucho al prójimo, a los demás, a todo el mundo, a los que sufren en Etiopía, en Vietnam o en cualquier parte de la Tierra.

Cuándo ese prójimo empieza a aproximarse, empezamos a criticarlo, a juzgarlo, con razón, es claro (¡!¿?), porque piensa de manera distinta, porque se conduce de forma diferente de la correcta (¿?), porque adopta un modo de vivir extraño. Lo criticamos, lo juzgamos, lo condenamos, siempre, repito, con razón (¿?!!)

YO-a Dios a El prójimo lejano a Prójimo a Próximo-Y cuando el “prójimo” se aproxima más todavía comenzamos a desvencijarnos de él, dando “codazos” para que se aparte.

Es como si hubiésemos gastado todo nuestro maravilloso amor, amando a Dios y a aquel maravilloso “prójimo” lejano, y no hubiese sobrado nada para nosotros. No nos amamos, no nos aceptamos, despreciamos nuestro cuerpo, nuestros instintos, nuestra propia vida.

De esta manera vamos destruyéndonos y en vez de obtener una vida cada vez mejor, la transformamos en sufrimiento, la maldecimos y la perdemos.

Y como no nos amamos, no sabemos amar al otro.

Así las cosas, surge en nosotros el deseo de poseer, de dominar, de mandar en el otro por medio de la religión, de la política, de una ideología cualquiera o del propio matrimonio, impidiendo a ese otro que sea él mismo, que viva su vida; de esa manera le maltratamos, le crucificamos con los celos, con las críticas y hasta con el odio en nombre del amor.

La relación humana se vuelve difícil. LA convivencia de la pareja se hace casi imposible, porque uno quiere dominar al otro por miedo de salir perdiendo, o por orgullo, en vez de sentirte feliz por verlo feliz.

 LA VERDAD ES MAS SENCILLA
Veamos que diferente es la persona que ama realmente: Empezamos teniendo conciencia de nuestra vida y sintiéndonos felices con ella. Esta hace que aumente nuestro amor a nosotros mismos, tanto que comenzamos a irradiarlo a las personas más próximas, que a su vez darán también su amor; y es así como mostramos nuestro amor a Dios: ¡Mira que sencillo es!

Yo -a Los próximo -a Dios y el camino es sencillo también.

Antes de nada, amarte a ti mismo, después, ama a tu próximo y así estarás amando a Dios. Esto es obvio. Porque si no nos amamos, no sabremos ni podremos amar a nadie y estaremos produciendo siempre cortocircuito y destrucción, incluso sin querer.

Estamos llegando al punto final de este gran descubrimiento. Todo eso forma parte de un sistema.

Todo lo que te estoy proponiendo forma un sistema, un sistema que nos llevara a conseguir resultados positivos; y desde que produzca resultados positivos, todo es válido.

LA ARMONIA DEL SER
¿Cómo podemos saber si nos amamos? Este es el punto crucial de todo el proceso de la Trinidad.

Podremos decir que nos amamos cuando consigamos la unidad perfecta de los tres elementos de que estamos constituidos: el consciente, el subconsciente y el superconsciente.

Estamos constituidos por dos partes fundamentales: una consciente y otra inconsciente.

Esta última parte, o sea, la vida inconsciente abarca, en realidad, dos partes: Una que denominaremos “vida subconsciente” o básica, y otra llamaremos “vida superconsciente” o superior.

Son, pues, tres vidas en cada uno de nosotros, cada una de ellas con su identidad y características propias, pero tres vidas destinadas a formar una unión tan perfecta que consigan constituir lo que llamamos “el ser humano”, el hombre, y den origen a una vida cada vez más perfecta.

Pero si no se consigue esa unión, la propia naturaleza, con sus leyes, se encargarán de destruirla. Cuando hablo de destrucción, me refiero, lo diré una vez más, a la enfermedad a la agresión, a la violencia, al miedo, a la depresión, a la falta de interés por la vida, a la pobreza, a la falta de realización, etc.

¿Es necesario preguntar si no es todo eso lo que más vemos en la vida normal de la gente?

¿Y si es, donde está la causa?

La causa está en eso que es la frustración humana fundamental, o sea, en la incapacidad de conseguir la unión interna de las tres vidas o, dicho de otro modo, en la incapacidad de realizarnos como seres humanos, en la incapacidad de conseguir lo que queremos realmente, es decir, amarnos.

El punto de partida y el punto de llegada es la unión interna de nuestro ser. Esto, que parecía sencillo y que de hecho lo es, constituye prácticamente la mayor dificultad que el ser humano ha de enfrentar, pues todo a su alrededor está contra esta unión.
Veamos por que es tan importante y difícil esta unión.

Después de todo lo que hemos dicho no es difícil  comprender  su importancia, ya que la falta de esa unión configura una tendencia para la tensión, para el desequilibrio, para la enfermedad, en una palabra, para una u otra forma de destrucción.

Con relación a la dificultad de esta unión vamos a verlo más despacio, explicando primero lo que entendemos por subconsciente y por superconsciente, pues esto nos ayudará a entender mejor el por qué de esta dificultad.

Normalmente se entiende por inconsciente algo diferente de lo que vamos a decir.

Relacionamos automáticamente el inconsciente con el psicoanálisis, con aquella parte de nuestro ser donde están los bloqueos la tendencias instintivas, dando a la palabra “instinto” un sentido peyorativo, una especie de sótano donde están almacenados los recuerdos negativos, los traumatismos de la infancia, en fin, un museo de cosas negativas que está creándonos constantemente problemas.

Aquí entendemos por inconsciente algo que sin duda es distinto de lo consciente, pero que presenta dos grandes diferencias en relación al inconsciente freudiano: 1) Dividiremos el propio inconsciente en dos: El subconsciente y superconsciente 2) Veremos en estas dos partes dos vidas diferentes aunque vinculadas entre sí de alguna manera. Según esto, el subconsciente se expresará a través del instinto y de las emociones, mientras que el superconsciente lo hará a través de la intuición, del amor y de la libertad.

Para entenderlo mejor, veamos con más detalles como estamos constituidos.

Hay en todos nosotros, cuerpo, instinto, emoción, pensamiento, mente y anhelos constantes de amor y libertad.

El cuerpo es el lugar donde se expresa el ser. Un cuerpo tenso estará denotando un ser en tensión, por ejemplo, en el cuerpo se manifestará la unión o la desunión, el equilibrio o el desequilibrio, la armonía o desarmonía de los tres elementos de las tres vidas.

Continuará...

Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 273 Volumén 2: La Clave de la Vida

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