viernes, 29 de agosto de 2014

El Universo Siempre nos dice Si

“La Ley de Atracción es el amor de Dios en Acción”
- Juan Carlos Fernández

Una de las frases que se ha popularizado desde que se intenta  absorber la nueva energía es “el Universo conspira para que se cumpla tu deseo”.

Esta frase prácticamente se ha convertido en una suerte de caballito de batalla. Sin embargo la frase tiene sus ribetes. ¿Qué significa realmente? En principio la frase hace referencia a la tan mentada ley del karma, para hablar de karma necesitaríamos muchas páginas. Lo básico es que es una ley de acción y reacción, ya se ha dicho aquí. Lo igual atrae a lo igual. Karma significa acción, toda acción conlleva una reacción equivalente y del mismo signo a la acción realizada.  Lo más  divulgado popularmente es que si alguien actúa obrando bien, en consecuencia experimentará hechos bienaventurados en su vida.

Ya dije que karma es mucho más, pero partamos de esa base. Universo es lo que rodea y contiene a la persona y ahora decimos “Universo” en vez de “mundo” por razones lógicas y no sólo porque el conocimiento inmenso sobre galaxias y agujeros negros y expansiones constantes, ese viaje ininterrumpido que todos estamos haciendo junto con planetas y estrellas y demás materia estelar, sino porque Universo incluye también otras dimensiones, conocimiento que está siendo rubricado por la física contemporánea.

Nuestra mente opera karmáticamente como un campo de energía con su propia carga gravitacional, esa fuerza de gravedad atrae y de acuerdo con el nivel vibratorio atraerá esto o aquello.  Creo que ya he hablado de una de las leyes fundamentales de la energía, la de correspondencia: como es arriba es abajo. El mundo denso y el mundo sutil están en estrecho intercambio.

Hace muy poco me llegó un mail interesantísimo de una persona que hablaba de la ley de convergencia. Silvina Augeri habla de esa misma ley aunque sin llamarla así, sino basándose en su experiencia de vida. La ley de convergencia sostiene que un pensamiento nuestro nos conecta inmediatamente con todas aquellas personas, encarnadas  o no,  y con las frecuencias vibratorias que están en su misma franja o rata vibratoria. 

Sería algo semejante a lo planteado en la película norteamericana  “El Secreto”. Por eso debemos ser cuidadosos con lo que pensamos y superar pensamientos-sentimientos obstáculos, deprimentes, negativos, porque quedaremos inexorablemente atrapados y atrapadas en esa franja. Hace mucho escuché que las personas éramos seres multidimensionales, y finalmente lo estoy empezando a comprender.

Volviendo al Universo y su sí constante, creo que ya se entiende por qué dice “sí” siempre, porque responde exactamente a lo que queremos, porque sigue la vibración de nuestra mente, se acopla, se pone en resonancia con  ella. Así existen tantos universos como niveles de vibración pueden rastrearse y cada mente construye su propio universo al atraer lo afín. 

Cuando decimos que cada persona vive en el mundo en el que cree nos referimos a eso. Podemos verificar esta ley del Universo en nuestra propia vida simplemente observando qué atraemos, quiénes nos rodean, con quien me tropiezo por la calle, qué señales me está dando lo que forma parte de mi entorno. El Universo no deja de darnos señales como semáforos justamente por esta ley de correspondencia, de karma y  de convergencia. 

El llamado ¨mundo circundante¨ no está separado del observador, existe una continuidad entre energía mental y energía densa o, en otras palabras entre la mente y su entorno, ya se ha difundido lo suficiente el principio de la física cuántica que afirma: "El observador modifica a lo observado ". Si lo pensamos bien, es absolutamente lógico. Recordemos que un planeta grande como Júpiter tiene una fuerza gravitacional mayor que un planeta chico y eso provoca  una curvatura  más pronunciada del espacio tiempo.

O sea que crea una dimensión temporal distinta  puesto que el tiempo no es un absoluto sino que depende de esa masa y ese espacio. Si nosotros como pequeños planetas tenemos un fuerte sentimiento de amor, cuanto más intenso, mayor será la gravitación que ejerzamos sobre otros cuerpos. Del mismo modo si nuestro sentimiento es de odio, sucederá lo mismo pero atrayendo vibraciones afines. Por eso quien obra bien, está protegido.

Por  el mismo motivo quien vive en bajas frecuencias vibratorias se topa con la destrucción. Existe otro aspecto de esta visión global  entre la palabra “sí” y el Universo y es que el Universo me está mostrando el camino que debo seguir al decirme “sí”. Funciona como un espejo que me  indica la brecha por la que me conviene transitar si quiero alcanzar mi objetivo.

¿Qué significa esto? Significa que a veces mi mente o mi ego o mi ambición desmedida o tal vez un mandato social o familiar me impulsan a querer  empecinadamente obtener esto o aquello y yo me empeño y está bien que lo haga, pero si luego de mucho empeño nada resulta, quizá sea el momento de preguntarme si estoy en mi verdadero camino de vida, es decir si transito la senda que es la que anhela  profundamente mi corazón.

Puede que sí, puede que no.  Cada uno de nosotros ha venido a este planeta escuela a realizar un aprendizaje, ese aprendizaje está ligado a lo que se llama comúnmente “la misión personal”, que no tiene que ser ningún salvataje espectacular, es una tarea anhelada por cada persona desde su ser más profundo y el desarrollo de esa tarea supone una autotransformación que afectará el mundo circundante. De modo que ir con los cuernos para adelante sin evaluar las respuestas, sin estar en consonancia con las leyes principales hace que corra el riesgo de malgastar mi vida. 

Esa es una experiencia que podemos evaluar en nuestras propias vivencias cotidianas. A esas respuestas también las llamamos Dios. Yo podría citar muchos ejemplos, todo el tiempo estoy mirando qué señales aparecen. Jung llamaba a este fenómeno sincronicidad. Sin ir más lejos hace dos días un contacto de esos maravillosos que se me cruzan en Internet y me ayudan a conocerme, me sugirió un método.

Esta persona me ofreció hacerlo con una cámara por Internet, ya que se es un facilitador autorizado. Y lo curioso es que no teníamos que cruzarnos ni siquiera por Internet y nos cruzábamos a cada instante por supuestos errores.  Esta persona me envía las direcciones de las páginas; enseguida  descubro, consternada, que todas las páginas estaban en idioma inglés. Mi conflicto con el inglés es consuetudinario. De buenas a primeras  yo  empecé a luchar frente a cada página con mi pobre inglés y pensé, ahora a traducir y entender lo que se pueda.

Entonces me dije, esto tiene que tener una respuesta del Universo. Al otro día veo en mi computadora la pregunta de un programa que se quiere meter. Y me dije: “Uf, más información innecesaria”. Pero no sé por qué esta vez, acepté bajarlo. Que hay que reiniciar la PC y todo eso. No lo hice como para que el programa se fuera al demonio. Entonces ahí, de golpe y porrazo, estaba la franja con opciones. Y,  oh sorpresa, una de ellas era “traducción”. Puse  una de las páginas escritas en inglés sugerida por mi contacto y de inmediato la misma página con las mismas imágenes pero en castellano estaba frente a mí. El Universo me estaba diciendo sí.

Tengo otros ejemplos más impresionantes, uno que sería más largo de contar,  lo resumo: el día que me anoté en la DGI dudando y temiendo porque los que hacemos lo correcto terminamos pagando por los que no lo hacen en ciertos países como el nuestro, pedí ayuda al Universo y miré hacia arriba. Aunque no lo crean en ese preciso instante me cayó plata del cielo, creo que  fueron treinta pesos. Le di veinte a dos viejitas jubiladas para que la energía se expandiera y para festejar la respuesta. Sí, no sé cómo sucedió, pero fue una de las tantas señales que tuve  aquel día vinculadas al dinero.

Mi miedo alojado en mi mente pidió ser transformado en su propia intensidad en fe, y esa fe atrajo la energía materializada en billetes. Para los incrédulos les diré que es posible que alguien desde un colectivo haya tirado el dinero y volado hacia mí, algo de eso debe de haber ocurrido, pero la sincronicidad del momento es el milagro porque fue en ese instante.

No siempre mi mente está tan enfocada ni tiene esa intensidad (la palabra clave para pedir es “intensidad” y la intensidad depende de la fe en la ley universal que crea un campo mental  y de la capacidad para enfocarse en el hecho en sí). Este hecho y otros me recuerdan que si mente, que como la de todo el mundo es poderosa, pudo hacer eso, puede hacer cualquier otra cosa.

Tenemos que confiar en nuestra fuerza interior. Y el Universo inmediatamente nos acompañará. Por este motivo es que no estamos nunca solos, por la ley de convergencia  nos acompañan todos aquellos en muchos planos que están sintiendo y pensando como nosotros.

Nadie está solo en este mundo,  vive codo a codo con su Universo personal. Y en su Universo están contenidos todas las posibilidades, todos los seres, pasado, presente y futuro y lo que está más allá.

 Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima
Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 254 Volumén 2:Falsas identificaciones del  Autoconocimiento

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