sábado, 26 de julio de 2014

Energías que se encuentran en tu hogar

Su casa es mucho más de lo que parece a simple vista. De ordinario, solemos dirigir nuestra mirada a una casa para valorar si es luminosa, si está bien decorada o si resulta amplia y cómoda o, por el contrario, estrecha y lúgubre. Los ojos más entrenados quizá se detengan en otros detalles, como la armonía de la distribución, la altura de los techos, la cantidad de enchufes, la calidad de la carpintería... todos ellos elementos propios de la arquitectura o del interiorismo que, a la postre, tienen una importancia sólo relativa.
Su casa es mucho más. Antes incluso de ser una casa, allí había un terreno. Probablemente hace muchos años que ocurrió esto. Quizá nadie pueda darle ya noticias de qué había allí antes de que los constructores levantaran el edificio. Si su vivienda se encuentra en una ciudad es posible que hayan pasado siglos desde la última vez que el solar estuvo vacío. Pero aun así tiene su importancia.

Cuando hablamos de energía, es importante la historia de un lugar, las vivencias que allí hayan tenido lugar, los usos que nuestros antepasados le dieron. Si su vivienda se erige hoy donde antaño hubo un prado donde pastaron las ovejas durante siglos la energía acumulada será muy distinta si en ese mismo solar yacieron cientos de cadáveres, víctimas de una guerra sangrienta. También será diferente la energía si en el solar que ocupa hoy su casa hubo antiguamente una mezquita o cualquier lugar de culto, y tendrá sus propias energías acumuladas si en la zona se estableció, tal vez milenios atrás, una cultura que realizaba sacrificios en el lugar donde se encuentra su casa. ¿Qué pensaría si por una casualidad descubriera que su edificio se levanta sobre un antiguo y olvidado cementerio? Probablemente esta información no le dejaría demasiado tranquilo.

Si tuviéramos que cocinar una sopa con las distintas energías que se cuecen en su casa, el primer ingrediente sería éste: la energía acumulada en el solar a lo largo de los siglos.

Sin embargo, y aunque todo esto le produzca cierta inquietud, hay muchas más cuestiones ocultas en su casa. Debajo mismo de la tierra que hay bajo su casa hay elementos a tener en cuenta. Puede que haya corrientes de agua subterránea correteando literalmente bajo sus pies, es posible la existencia de cuevas, de rocas de determinados minerales, de líneas Ley que recorren el globo terráqueo con sus corrientes eléctricas… en fin, bajo la superficie terrestre también se ocultan distintas fuentes de energía a tener en cuenta.

Aquí tenemos en segundo ingrediente de nuestra sopa: la energía que emiten las entrañas de la tierra bajo nuestra casa.

Pero subamos un poco más arriba, a la zona visible, a nuestra vivienda, sea una casa o un apartamento en un edificio comunitario. Estudiemos en la medida de lo posible la historia de la casa. Si usted es el propietario o el inquilino de la vivienda que la estrenó, ¡enhorabuena! Será su propia historia la que deberá examinar. Si no es así, cada uno de los residentes que tuvo la vivienda desde que fue construida dejó su propia impronta entre sus cuatro paredes. No se asuste, esto no es necesariamente negativo. Si alguna vez eligió esa casa para vivir es muy probable que fueran sus energías positivas las que le atrajeron hacia ella.

Así que ya tenemos el tercer ingrediente para añadir a la receta: la energía de todos los residentes que ha tenido la vivienda desde que se construyó.

Pero aún le faltan ingredientes a nuestra sopa. Los visitantes que casi a diario entran en nuestra casa. Pueden ser el cartero, el muchacho que nos trae la compra del supermercado, los obreros que realizan unos arreglos, los amigos de nuestros hijos, nuestros propios familiares, los vecinos, nuestras amistades… en fin, a lo largo de los años hay un mar de personas que atraviesan la puerta de entrada de nuestra casa y todos ellos vienen cargados con una mochila energética única y particular: su energía. De todos ellos algo quedará en la casa. Probablemente sean rastros finísimos, insignificantes, que se irán diluyendo con el tiempo y con la fuerza de otras energías más constantes, pero eventualmente habrá ‘cargas’ energéticas muy poderosas que quizá decidan quedarse para siempre, interfiriendo en nuestra vida y en nuestra tranquilidad.

El cuarto ingrediente de nuestra sopa energética son los visitantes: todas las personas que entran en nuestra casa dejan su propio rastro energético, aunque sólo sea residual.

Lo que voy a apuntar a continuación puede ponerle los pelos de punta. A mí me ocurre. Es la posibilidad de que en su casa ‘habiten’ ciertas entidades, llamémosles espíritus, que no pertenecen a este mundo, que quedaron ‘enganchados’ a su casa quizá porque tuvieron vínculos con ella o tal vez porque entre nuestras paredes vivieron los mejores años de su vida. Quién sabe. Aunque la mayoría de las veces resultan invisibles a los ojos humanos, es posible que a su alrededor pulule este tipo de energía, que suele ‘cargar’ poderosamente el ambiente. Lejos de temerlos, debemos sentir compasión por ellos (están atrapados’) y ayudarles a continuar su camino. Una limpieza energética a fondo les favorecerá en su viaje.

El quinto ingrediente de la sopa puede ponernos nerviosos: la posibilidad de que vivamos rodeados de entidades o ‘espíritus’ que no pertenecen a este mundo.

Centrémonos, finalmente, en la principal y más importante fuente de energía que alimenta a nuestro hogar: nosotros mismos. Los actuales residentes de la vivienda, que son los que más tiempo y vivencias pasan en ella, los que la van cargando día a día, durante años.
El sexto y último ingrediente de la receta es el más importante de todos: nosotros mismos, nuestra propia energía, que impregna la casa todos los días, durante años, dotándola del sabor más acusado y predominante.

Si usted está a punto de mudarse a una nueva casa, perfecto, podrá ‘limpiarla’ antes de ocuparla, asegurándose así de que en ella únicamente reinarán sus propias energías — además de las que proporciona la Tierra —, pero si hace tiempo que usted ocupa la vivienda, no se desespere, siempre está a tiempo de mejorar la ‘sopa energética’ en la que vive.

Las personas más sensibles o las que se han entrenado para detectar las diferentes energías que nos rodean — éste es un trabajo fácil, instintivo, para los animales y también para los niños pequeños — sabrán enseguida qué clase de energía predomina en su hogar. Grosso modo, si usted duerme a pierna suelta todas las noches, tiene un apetito saludable, buen aspecto, relaciones satisfactorias, goza de tranquilidad, está deseando cada tarde llegar a su casa porque en ella encuentra un refugio donde está a gusto y la salud le acompaña… deje de preocuparse: casi al cien por cien podemos asegurar que su casa es magnífica y las energías que reinan en ella, excelentes.

Hay, en cambio, personas que parecen rehuir su casa. Son esas personas ‘callejeras’ que prefieren estar en casa de cualquier otro, en un bar, en la calle… donde sea, con tal de no pisar su casa. Es probable que su casa les produzca rechazo, simbólicamente, les echa de allí. Tal vez la razón sea que la energía de esa casa y la de esa persona son incompatibles, o bien la persona percibe inconscientemente energías presentes en la casa que le producen temor y evita enfrentarse a ellas.


Existen también algunas casas que parecen devorar la energía de sus ocupantes. Son viviendas que rápidamente se ensucian, donde reina el desorden, donde se generan continuamente peleas y gritos, con un ambiente dominado por el estrés. Habrá que observar atentamente la energía del lugar.

Si su casa parece rechazarle a usted, si usted prefiere estar en cualquier otro lugar o si su casa parece devorar su energía, si se siente cansado, harto e irascible, si en su hogar se repiten las peleas, le rodea el desorden y la energía parece estancarse rápidamente… en estos casos una limpieza energética se hace imprescindible.

Autor: Amy Michelena

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