viernes, 13 de junio de 2014

¿Eres supersticios@? Te contamos 13 supersticiones

La mística y la magia son la base de las supersticiones que nos asustan y llevan en nuestra vida desde los albores de la humanidad. Si quieres neutralizarlas, apúntate a este 13.

13 supersticiones

La palabra española superstición viene del término latino 'superstitio', que tenía el sentido figurado de sobrevivir. Para esta civilización la realización constante de rituales era una base mágica que les garantizaba transcender y perpetuarse. De hecho, los orígenes de muchas de las supersticiones (el temor al número 13, el espejo roto...) son reliquias de otras culturas más antiguas que los romanos adoptaron como propias.
Con la llegada del cristianismo se entiende la superstición como toda creencia sobrenatural ajena a la religión, e incluso como una manera de relación con el demonio cuando la forma de neutralizarla necesita un ritual.

El gato negro
En Egipto, hace 5.000 años, los gatos eran tenidos en muy alta estima. Les impresionaba la supervivencia del animal y su popularidad se extendió a través de las civilizaciones. Sin embargo, el temor a los felinos surgió en Europa durante la Edad Media, en Inglaterra. Los gatos callejeros eran alimentados por ancianas pobres que cuando se propagó la oleada de histeria por la caza de brujas, fueron acusadas de practicar magia negra y, con ellas, los gatos que les hacían compañía, especialmente los negros. Miles de gatos fueron quemados en toda Europa y es sorprendente que el gen del color negro no se extinguiera, a no ser que realmente el gato tenga, como creían, siete vidas.

Derramar la sal
La sal fue el primer condimento que provocó una alteración de los hábitos alimentarios del hombre. Para los romanos, era un elemento de gran valor en las comidas, y todavía más para curar heridas. La sal purificaba el agua, conservaba la carne y el pescado, realzaba el sabor de la comida y era usada en los principales sacrificios.

Tras un accidenta derramamiento de sal, el gesto supersticioso anulador es lanzar un pellizco de la misma por encima del hombro izquierdo, práctica común entre los sumerios, los egipcios, los asirios y, más tarde, los griegos.

Cuadro torcido
De origen griego, se creía que si el retrato de un monarca se caía al suelo rompiéndose, la persona que aparecía en él iba a morir en un corto periodo de tiempo. Por lo que ver un cuadro torcido supone el preámbulo de una posible caída, y por ello, de que se cumpla esta superstición. Lo mejor, fijarlo firmemente en cuanto lo veas.

 
Que el novio vea a la novia

Es una superstición de origen desconocido y supone mala suerte, ya que el hecho de adelantar acontecimientos positivos implica que estos queden anulados por haber intentado acelerarlos. Otra superstición es que la novia no puede mirarse en un espejo antes de la celebración si está completamente vestida. Al proyectar su imagen los dioses pueden poner en duda su derecho a casarse. La primera superstición no se puede neutralizar, pero la segunda sí: la novia puede verse ante el espejo antes de la ceremonia si se deja alguna prenda menor sin poner, como las medias, una diadema..

Vestirse de amarillo (y no morir en el intento)
Si hay un color asociado a la mala suerte, es el amarillo. Tanto a lo largo de la historia como hoy en día. En el caso del teatro o del toreo, por ejemplo, el amarillo es un color que se evita para cualquier cosa.

En el cristianismo, se identificaba con el azufre de los infiernos, asociándolo con el orgullo, la falsedad o la traición. En la Edad Media, el amarillo se empleaba para alertar de una epidemia: a modo de una macabra bandera, los apestados y los herejes vestían de este color.

Una de las supersticiones más extendidas relacionadas con el color amarillo color vetado tanto en el decorado como en la vestimenta de los actores. Esta creencia parte de que Molière murió vestido de amarillo. En febrero de 1673 se estrenó en el ballet- comedia El enfermo imaginario, una obra que en clave de humor y sátira que se centraba en los médicos. Pocos días después del estreno y justo en plena representación, el dramaturgo y actor francés se sintió indispuesto y murió unas horas más tarde en su propio domicilio. En la representación, Molière vestía ropa de color amarillo...

Empezar el día con el pie izquierdo
Empezar el día con el pie izquierdo (posarlo el primero al salir de la cama) es augurio de mala suerte. Aunque su creencia es de origen incierto, se dice que Petronio aludía en el Satiricón a la mala suerte de entrar en un lugar con el pie izquierdo. En España puede tener su origen en la tradición celta y en el movimiento solar, ya que este siempre es hacia la derecha.

El antídoto para evitar el efecto negativo es santiguarse tres veces.

Dejar el bolso en el suelo
Aunque es de origen desconocido, es una de las supersticiones más populares y extendidas. Dicen que el hecho de dejar el bolso en el suelo provoca que el dinero se vaya con mucha facilidad, por ello, lo más recomendable es que busques siempre un lugar en alto para dejarlo.

 
Viernes 13

 En casi todo el mundo el viernes 13 es un día de nefastas connotaciones. El origen se remonta a la hipotética adjudicación de ese día como el de la crucifixión de Jesús, aunque la fecha real del martirio no puede saberse.

A lo anterior, vino a sumarse la definitiva caída en desgracia de los míticos y polémicos templarios, fechada el 13 de octubre del año 1307, viernes.

Al mito también se unió la maldición que lanzó Jacques de Molay desde la hoguera de martirio contra el Papa Clemente V y el rey de Francia, augurando que morirían en menos de un año después que él. La profecía-maldición se cumplió en un viernes 13. En Grecia y España no se sabe exactamente cuál fue el origen de que esta superstición cambiara al ‘Martes y trece, ni te cases ni te embarques’.

 
Abrir el paraguas bajo el techo

La primera noticia que se tiene acerca de esta creencia data del siglo XVIII en Europa, concretamente en Inglaterra, donde creían que daba mala suerte abrir un paraguas bajo techo por la negatividad que existía entre el propio objeto y la casa. Todo ello debido a que las casas protegen a sus habitantes y no admiten ninguna protección adicional, como la que proporciona el paraguas frente a la lluvia. Se decía que si alguien lo abría sobre su cabeza dentro de una casa, supuestamente, esa persona moriría antes de que acabase el año. Hoy, por extensión, solo se piensa que es un mal augurio de que algo raro va a suceder durante ese día concreto.

Dejar las tijeras abiertas
En la Antigua Grecia se creía que la Moira Atropos, una especie de bruja, cortaba el hilo de la vida de las personas con unas tijeras mágicas. De ahí que se piense que de alguna manera los objetos cortantes dirigen el destino y, sobre todo, son símbolo de muerte repentina. Por eso las tijeras deben permanecer siempre cerradas mientras no se estén usando.

Si se te caen al suelo y quedan con las puntas abiertas apuntando hacia ti, lo más conveniente es que las recojas inmediatamente y utilices el antídoto inmediato: echar sal por encima del hombro izquierdo, ya que dicen que de esta manera se ahuyentan los malos espíritus.

Pasar por debajo de una escalera
Su origen viene del símbolo que se forma al apoyar una escalera en una pared: un triángulo, figura considerada por muchas sociedades la expresión más común de una trinidad de dioses. Por su parte, los egipcios ilustraban las tumbas de los reyes egipcios con escaleras para ayudarles a trepar hacia el cielo. Y, siglos más tarde, seguidores de Jesucristo interpretaron la escalera a la luz de la muerte de Cristo, puesto que, una vez fallecido, se había apoyado una en el crucifijo para bajarle. Sin embargo, a la vez, ese útil se convirtió en símbolo de maldad y muerte por la traición de Judas Iscariote.

En el siglo XVII, en Inglaterra y en Francia, a los criminales camino del patíbulo se les obligaba a caminar bajo una escalera, mientras el verdugo, también llamado “novio de la escalera”, caminaba alrededor de ella.
Para la persona que pasaba bajo una escalera o que se veía obligado a hacerlo, el antídoto prescrito por los romanos era el signo del fico: con el puño cerrado, dejando que el pulgar sobresaliera entre los dedos índices y medio, y dirigiendo el puño hacia la escalera. Toda persona interesada en aplicar actualmente este antídoto debe saber que el fico también es un gesto fálico romano, considerado el precursor de alargar el dedo medio con el puño cerrado.

Romper un espejo
En el siglo VI a. C., los griegos habían iniciado una práctica de adivinación basada en los espejos, llamada catoptromancia, donde se empleaban unos cuencos de cristal o de cerámica llenos de agua. Estos cuencos (miratorium para los romanos) revelaban, supuestamente, el futuro. Si uno se caía y se rompía, la interpretación del vidente era que la persona que sostenía el cuenco no tenía futuro, es decir, que no tardaría en morir.

En el s. I, los romanos sostenían que la salud de una persona cambiaba en ciclos de siete años, por lo que un espejo roto anunciaba siete años de mala salud y de infortunios. Y en la Venecia del siglo XV, cuando se fabricaban los primeros espejos de cristal, por ser muy caros, a los sirvientes se les advertía que romper uno de esos espejos equivalía a siete años de un destino peor que la muerte.

La única manera de contrarrestarlo es no mirar, bajo ningún concepto, el espejo roto.

 
13 El número maldito

La historia del número 13 se remonta a la mitología nórdica en la era precristiana: a un banquete en el Valhalla fueron invitados 12 dioses. Loki, el espíritu de la pelea y del mal, se coló, con lo que el número de los presentes llegó a 13. Y en la lucha que se produjo para expulsarle, Balder (favorito de los dioses) murió. Esta leyenda es una de las primeras referencias escritas. Posteriormente, al iniciarse la era cristiana, la creencia fue notablemente reforzada, ya que en la Última Cena, Cristo y sus apóstoles fueron 13 y 24 horas después Cristo fue crucificado.

La mejor manera de neutralizarlo es omitiendo el número 13, ya se trate de la planta de un edificio, como ocurre en Estados Unidos; del número de una calle, como ocurre en Francia, o de los números de la lotería, como sucede en Italia.

¿Comentanos cuántas de éstas supersticiones crees tú?

Fuente: Diez Minuto

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