martes, 11 de marzo de 2014

El bien de todos

Ver partes anteriores del capítulo 126, presionando "AQUI"

Por el mayor bien de todos

Si deseamos cambiar nuestro mundo inmediato, es preciso que cambiemos nuestros pensamientos. Si deseamos cambiar el mundo más grande que nos rodea, necesitamos cambiar nuestros pensamientos acerca de él y dejar de considerarlo como un mundo de «ellos y nosotros».

Si todo el esfuerzo que ponemos en quejamos de lo que está mal en el mundo lo aplicáramos a hacer afirmaciones y visualizaciones positivas, comenzaríamos a cambiar las cosas. Recuerda que cada vez que empleas tu mente conectas con personas de igual mentalidad. Si juzgas, criticas y tienes prejuicios conectas con todas las demás personas que hacen lo mismo. Si meditas, si visualizas la paz, si te amas a ti mismo y amas al planeta, conectas con todas las demás personas que hacen lo mismo. Puedes estar en tu casa y postrado en cama y seguir sanando el planeta por la forma en que usas tu mente, practicando la paz interior. «La especie humana necesita saber que nos merecemos la paz».

Los grupos de voluntarios también son útiles para tomar el relevo allí donde no lo hace el gobierno. Si el gobierno no colabora en sanar el planeta, no podemos quedarnos cruzados de brazos esperando. Tenemos que unirnos a nivel de base popular y encargarnos nosotros de ello. Todos podemos hacer nuestra parte. Empieza por descubrir dónde puedes ser de utilidad. Ofrécete de voluntario donde puedas. Contribuye con una hora al mes si no puedes dar más.

Veo que tenemos la oportunidad de combinar las tecnologías del pasado y del futuro con las verdades espirituales de ayer, hoy y mañana. Es hora de que estos elementos se unan. Mediante la comprensión de que los actos de violencia los cometen personas que son niños traumatizados, podríamos combinar nuestros conocimientos y nuestra tecnología para ayudarles a cambiar. No perpetuemos la violencia iniciando guerras o metiendo a personas en prisión y luego olvidándonos de ellas. En lugar de eso, fomentemos la conciencia de nosotros mismos, la autoestima y el amor. Los instrumentos para la transformación están disponibles; sólo tenemos que utilizarlos.

Epílogo

Deseo compartir contigo una cita de Emmet Fox, que, por si no lo conoces, fue un profesor muy popular en los años cuarenta, cincuenta y comienzo de los sesenta, y además uno de los más lúcidos que he conocido. Ha escrito hermosos libros, y éstas son unas palabras suyas que me gustan mucho:

“No hay dificultad que suficiente amor no venza. No hay enfermedad que suficiente amor no cure. No hay puerta que suficiente amor no abra. No hay muro que suficiente amor no derribe. Y no hay ningún pecado que suficiente amor no redima. No importa lo profundamente asentado que esté el problema ni lo desesperanzador que parezca. No importa lo enredada que esté la maraña ni lo enorme que sea el error. La comprensión del amor lo disolverá todo. Y si tú pudieras amar lo suficiente, serías la persona más feliz y poderosa del mundo.”

Esto es verdad, ¿sabes? Es maravilloso y es cierto. ¿Qué necesitas hacer para llegar a ese espacio donde podrías ser la persona mis feliz y poderosa del mundo? Creo que el viaje hacia ese espacio interior está sólo iniciándose. Estamos comenzando a enterarnos del Poder que tenemos dentro. No lo vamos a encontrar si nos contraemos. Si nos abrimos, hallaremos las energías del Universo disponibles para asistirnos. Somos capaces de hacer cosas increíbles.

Haz unas cuantas inspiraciones. Abre tu pecho y deja espacio para que tu corazón se dilate. No ceses de practicar, y tarde o temprano las barreras comenzarán a caer.
Hoy es tu punto de partida.

Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 126 Volumén 2: Cambio y Sanación

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