martes, 14 de enero de 2014

Quita tu enfoque de todas las cosas negativas parte III

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De los diez a los treinta días

Los siguientes veinte días fueron una montaña rusa. En los días de optimismo, de fácil estremecimiento, se me ocurrían ideas fantásticas para aumentar sustancialmente mis ingresos. Pero en los días de pesimismo, no sólo me deprimía un poco, sino que eran días en que parecía estar en el fondo del Gran Cañón, con un nuevo, extraño y exagerado estado de malhumor. Nadie me había hablado -y tampoco a nadie de los que tratábamos de controlar nuestras energías- de esta desagradable, aunque al parecer muy frecuente, situación que parece presentarse cuando empezamos a atraer más energía de alta frecuencia a nuestro cuerpo.

(Ahora sabemos que estos cambios ocurren porque el cuerpo tiene que adaptarse a los prolongados periodos de vibraciones más altas, que a su vez causan un drástico cambio en la constitución química del organismo. Puesto que la emoción -que es negativa y física, a diferencia del sentimiento, que -- es positivo y etéreo- es inducida químicamente, los cambios en el estado de ánimo son solamente ajustes químicos que se están presentando. Algunas personas han experimentado estos cambios de humor con bastante profundidad; otras, en cambio, lo han hecho sólo moderadamente; pero todas parecen tener algo que decir al respecto. Por fortuna, esto es pasajero. De hecho, puedes sentir que el problema disminuye al cabo de aproximadamente seis semanas y que, casi siempre, desaparece por completo en tres meses.)

Esta clase de cambios de humor suele aparecer de la nada y darte un golpe en el estómago cuando menos te lo esperas. Francamente, hubo días que fueron tan malos, que yo sólo decía: "¡Al diablo con esto!", y ni siquiera intentaba "dar un salto". Pero al siguiente día, o dos días después, la nube negra se había alejado y regresaba al programa a todo vapor.

Pero, sin importar en qué estado de ánimo me hubiera quedado el día anterior, había un ritual matutino que creé, que me encantaba y que no dejaba de hacer nunca. Era empezar cada mañana con una amorosa conversación con mi Ser interno/Ser expandido: de rodillas, a modo de reverencia ante la vida que soy (y para mantenerme sujeta a un lugar mientras lo hacía), bosquejaba mis "quiero" para el día la semana, o la década; sólo me detenía lo suficiente en cada “quiero" como para permitir que su tono de sentimiento me reconfortara. Eran momentos reverentes, humorísticos y agudos,"Y los atesoraba como parte de mi programa diseñado. (Noto un vacío, y una falta de dirección, cada vez que dejo ese ritual a un lado, lo cual hago algunas veces con mucha frecuencia.)

En los días elevados, podía conectarme en alta frecuencia en un abrir y cerrar de ojos, y deslizarme con facilidad en el lugar del sentimiento de apreciación que había elegido para ese día. En los días negativos, hacerlo me llevaba un poco más de tiempo; pero lo que más me entusiasmaba era que -estuviera yo en alta o en baja frecuencia- el temor de cualquier tipo lo estaba dejando cada vez más atrás. Los días bajos no tenían un enfoque específico en un "no quiero", o en el estrés, sino sólo en la monotonía. Había un impulso renovado en mi modo de caminar, una canción en mi corazón y en mis labios, una sonrisa casi constante en mi rostro, una emoción y un asombro ante la vida y la creación, que no había experimentado desde..., desde quién sabe cuándo.

Aunque me había enseñado a mí mismo desde el año anterior a sentir estremecimientos sin saber en realidad lo que estaba haciendo, con la caída del mercado había conservado tanto enfoque negativo en las condiciones externas, que desde entonces me había olvidado de los estremecimientos. Pero los estaba reviviendo de nuevo y me sentía tan emocionado como un jugador novato de fútbol cuando inicia el entrenamiento.

Ahora entendía que "conectarme" significaba, primero que nada, quitar mi atención de los "no quiero". Ya sea que fluyera hacia verdaderos "quiero", hacia el objeto de mi apreciación de ese día, o por la simple diversión de hacerlo, comprendí que por fin estaba dejando de producir el flujo de atracción automática. Me estremecía, sentía amor (todavía uno de mis sentimientos elevados favoritos), estaba encantada con la vida y sentía la energía de un gran gozo extenderse por todo mi cuerpo.

En ese momento, ya podía hacer el cambio hacia un "quiero" en particular, o hacia mi objetivo del día. Si me descubría pensando sobre de dónde iba a venir el siguiente préstamo, enseguida sentía que me rodeaba esa nube húmeda y pegajosa. Comprendía que me estaba enfocando de nuevo en la carencia y me salía lentamente de ella, como si estuviera bailando un vals. Era maravilloso. Y mi nuevo juego de observar esas impetuosas sincronías que empezaban a surgir una vez que formulaba un "quiero", resultaba tan entretenido que se convirtió casi en una obsesión. Podía decidir, durante un gran estremecimiento, que quería encontrar un nuevo restaurante con vista especial, comida exquisita y camareros encantadores, y en un día o dos, una amiga me llamaba por teléfono, de la "nada", con la sugerencia de que fuéramos a un lugar así, para conocerlo.

Añadí a mi lista de "quiero" una clase especial de chamarra deportiva para uso rudo que las tiendas aparentemente habían descontinuado, y tres semanas más tarde tuve la idea de ir a una tienda de descuentos muy alejada de mi casa, para comprar papel de fax. ¡Lotería! Mi chamarra estaba colgada sola, en exhibición, y era ¡la única que había en la tienda!

Aunque yo no como mucha carne, un día sentí un deseo intenso de comer una jugosa hamburguesa; de repente, se me ocurrió ir a una nueva tienda de cómputo y encontré que un nuevo mercado, flamante, acababa de abrirse en la puerta de al Iado con la más deliciosa y fresca carne molida que jamás había probado. Una y otra vez constaté que vivir en frecuencias más altas realmente estaba funcionando. Era como si el Universo me complaciera con la canción que quería.

Mi promedio mensual, que solía ser de 30/30 (treinta días de cada treinta días con preocupación), se había vuelto ahora más como 17/0/13 (diecisiete arriba, cero con temor o ansiedad real y trece en un extraño ánimo bajo), un gran adelanto de todos modos.

Pero mi ansiedad por obtener rápidamente las recompensas me estaba agotando. Cuando vuelvo la vista atrás, puedo ver que en la etapa inicial de dos semanas estaba buscando los resultados en forma de dólares, lo cual era algo realmente tonto, puesto que todo lo que mi actitud lograba era mantener mi enfoque en lo que no había.

Finalmente llegó el Día Treinta. ¿Dónde estaba mi desbordante cuenta bancaria? ¿Por qué no recibía incesantes llamadas telefónicas para comunicarme que tenía algún préstamo que me sacaría de apuros? ¿Por qué tomaba tanto tiempo llevar a cabo mis nuevas ideas? Ahí estaba yo otra vez, sintiéndome desilusionada por lo que no había pasado. Mis continuos: "¿Dónde está?" "¿Dónde está?", eran el mismo gastado enfoque negativo, sólo que vestido con un traje diferente. En realidad, el dinero estaba empezando a llegar, aunque lo hacía a cuentagotas. Yo observaba fascinada. Esta extraña corriente constante de un poco aquí, un poco allá, estaba de manera evidente en proporción directa con mi enfoque de vibraciones. Cuando menos, con mi válvula un poco más abierta que cerrada, ¡no iba para atrás! Mi cuenta de cheques se mantenía en el mismo estado (no sé cómo) o crecía ligeramente. ¡N o había vuelto a retroceder! Todo esto en sí ya era un milagro.

Me tomó varios meses poder permitir que se abrieran las compuertas una vez más, pero lo conseguí. No todas al mismo tiempo, pero sí gradualmente. Un "quiero" tras otro encontraba el camino a mi puerta, algunos de ellos muy grandes y muchos otros, pequeños y divertidos. Y; sin ayuda alguna de mi parte, excepto la profunda apreciación por ese sensacional producto que yo había logrado producir de algún modo, Curso de Vida 101 -el programa audiovisual al que había creado en un momento de inspiración antes de conocer la Ley de la Atracción- empezó a despegar, como fuegos artificiales, en diferentes partes del mundo.

Me encantaría decir que todos mis viejos hábitos desaparecieron en treinta días, pero, francamente, no fue así. Aún ahora, con el dinero fluyendo en abundancia, requiere de toda mi concentración recordar que lo que logro no es debido a mi arduo trabajo, ni a lo lista que soy, sino a cómo fluye mi energía. Así que sigo escribiendo libretos, hablando constantemente conmigo mismo y cambiando de conexión. Ahora, en lugar del tema de "apreciación-del-día", tengo un "quiero-del-mes" en el cual apoyarme y que sirve a dos propósitos: crea un tiempo mucho más prolongado de vibraciones -por tanto, más pasión- para que el flujo de energía se dirija a un deseo específico, y me da esa red de seguridad de tener siempre algo listo volando, en espera de fluir cuando más lo necesito.


 Ver capítulos anteriores del Taller de Autoestima
Del Taller de Autoestima de Juan Carlos Fernández. Capítulo 103 Volumén 2: 30 Días para Implementar La Ley de Atracción

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